Cor-ticos… la política calienta, a pesar de los fríos de diciembre

El cementazo sigue impactando la opinión pública nacional. Prueba que la corrupción era más extensa de lo que pensábamos; pringa a los tres poderes del Estado; toca a los principales centros de poder, público y civil; demuestra el contubernio entre el las fuentes de poder económico y político.

La presidencia involucrada. Es lo que sugiere el informe de la comisión legislativa. Es obvio que el presidente Solís no podía ignorar lo que estaba pasando a su alrededor y en la casa presidencial en particular. Sus principales y más íntimos asociados estuvieron involucrados de distintas formas con el cementazo. Su principal argumento es frágil: la destrucción del duopolio. Ello no habría resultado con tres empresas compitiendo o acordando modelos que ofrecieran el mayor beneficio particular, pero tampoco favoreciendo a una de las partes de la competencia.

Crece la impopularidad del presidente Solís. Solo un 27% de la población aprueba la gestión presidencial, mientras un 47% cree que es mala o muy mala. No es para menos, la Administración Solís Rivera (ASR) ha cedido el liderazgo (en buena parte a los sindicatos que se sienten con poder de veto) y decepcionó con la promesa incumplida del cambio. Su problema principal, el económico, solo quiso arreglarlo con más recursos, dejando el despilfarro público en iguales o peores condiciones. Un ejemplo de la debilidad de su gestión la veremos con las decisiones con Bancrédito, que posiblemente se las dejará al próximo gobierno (igual que muchas otras cosas).

Las causas del fracaso son variadas, pero sobresalen: 1) postergar soluciones, por ejemplo, en relación con el déficit; 2) ausencia de cuadros de gobierno, competentes y experimentados; 3) atomización política, con muchos partidos y grupúsculos con pretensión de partido; 4) imposición de un nuevo bipartidismo FAAP, Frente Amplio y Acción Ciudadana; 5) asociación con los sindicatos que creen tener capacidad de veto; 6) débil fracción legislativa; 7) un PAC con grandes grietas internas y el debilitamiento de su principal valor: la ética.

¿Etica la gran perdedora? El Gobierno del PAC ha abandonado su principal bandera: la ética. Las encuestas revelan el castigo que el electorado le pasa por ello, al encontrarse en los últimos lugares de las preferencias electorales. Quizás algo más esencial deberíamos entender: que la ética puede ser quebrada por comportamientos de algún individuo (o algunos) fuera del control del Partido. Lo que resulta esencial es la posición cristalina de cada partido en rechazar tales comportamientos y aplicar en forma estricta el código ético. Es en esto en lo que ha fallado el presidente Solís con el cementazo, porque las tramas se tejieron en el propio entorno de la casa presidencial.

El PIN a la cabeza de las preferencias. Es lo que dicen las encuestas, con ganancias en cada nueva encuesta del ICIEP/UCR ¿Una repetición del síndrome del statu quo? ¿Se repetirá el fiasco de la Administración Solís Rivera? El PIN arrastra los mismos problemas que tuvo el PAC: 1) estructura partidaria débil; 2) no tendrá una representación fuerte en el congreso que respalde la labor presidencial; 3) no tiene cuadros competentes y experimentados para armar un gabinete exitoso; 4) su candidato tiene la confusa idea de que con autoritarismo se pueden lograr resultados; 5) enfrentará el problema de atomización política y numerosas fracciones legislativas que se le opondrán; 6) posiblemente tendrá que enfrentar acuerdos políticos de amplia base opositora y, 7) el PIN sería un partido disperso en ideas, porque no tiene una ideología y una identidad que le dé coherencia.

Claro contraste con lo que el país necesita. La última encuesta (4 al 13 de diciembre) revela que el 55% de la población cree que andamos por la ruta equivocada, a la vez que solo el 22% tiene una visión positiva. Otro gobierno de estancamiento solo exacerbará los negativos y la situación de enojo popular, causada porque los políticos evaden enfrentar los cambios necesarios para superar los problemas y tomar la senda del progreso social. El candidato del PIN, si llegara a triunfar, augura una administración plagada de conflictos, ingobernabilidad extrema y mantenimiento del statu quo, cuando el país clama por un cambio radical que nos saque del atolladero en que estamos.

¿Lo que las encuestas dicen y lo que no dicen? Nos dicen que por ahora no dicen mucho. Veamos por qué: según la encuesta hay tres candidatos empatados: Castro, Alvarez y Piza. La abstención tiene mayoría (39%) y las preferencias respectivas son 18%, 14% Y 13%. En conjunto suman el 45% de los decididos a votar, es decir, poco más de 500 mil votos, que representa solo el 15,3% del padrón electoral (de los restantes partidos solo el Republicano repunta un poco).

Los resultados de las encuestas son el reflejo únicamente de ese 15% del padrón, que agrupa a los 3 candidatos de los cuales saldrán los dos de la segunda ronda final. Una muestra demasiado pequeña para sacar conclusiones válidas. Segundo, el margen de error es 2.5% hacia arriba o hacia abajo. Ello quiere decir que Castro, podría estar en 18%-2,5%, es decir 15,5% y Alvarez en 14%+2,5, es decir en 16,5%. Lo contrario también puede ser cierto: Castro con 20,5% y Alvarez con 11,5%. Son resultados obviamente contradictorios con la posibilidad de un empate técnico.

Lo que sí dicen: que el costarricense está enojado con los políticos y la política, porque falla en atender los problemas que nos afectan a todos. Esto es visible en la mala calificación que le dan al presidente Solís; en la alta cantidad de votantes que se aíslan del proceso electoral y también indecisos. Es posible que sugieran una tendencia que favorece a Castro y perjudica a Alvarez, aunque la mayoría ven a Alvarez como el próximo presidente. También parece evidente que tendremos una segunda ronda y que, a diferencia del 2014, cuando el enemigo común era el PLN, en el 2018 lo será el PIN.

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