Cierre de campaña en Chile con el fantasma de la abstención

Las encuestas vaticinan un resultado cerrado el próximo domingo entre el empresario Sebastián Piñera y el oficialista Alejandro Guillier.

El asfalto parece derretirse bajo el sol del mediodía en Santiago. Pero el calor no altera el ritmo del enjambre de personas que, con sus botellas de agua, jugos o gaseosas apuran el paso hacia sus trabajos, salen a comer o a hacer compras navideñas. En medio de ese ir y venir incesante en el centro de la ciudad, a pocas cuadras de distancia uno del otro, los dos candidatos a la presidencia de Chile preparaban este jueves sus actos de cierre de campaña, el último impulso en el final de una contienda que se volvió más agresiva antes del balotaje del próximo domingo y que concluye con gran incertidumbre ante las perspectivas de un resultado muy ajustado.

Cierre de campaña en Chile con el fantasma de la abstención
Derecha. El candidato conservador chileno, Sebastián Piñera, durante un encuentro empresarios en Santiago

Con música, festejos y discursos, el ex presidente conservador Sebastián Piñera y el senador de centroizquierda Alejandro Guillier pusieron fin a una carrera de casi cuatro semanas para seducir a los miles de chilenos que votaron por alguno de los otros seis candidatos en la primera vuelta del 19 de noviembre.

La tarea no es sencilla. El opositor Piñera, que se impuso entonces con el 36,6% de los votos (mucho menos de lo que preveían las encuestas, que vaticinaban más del 44%), intentó acercar su discurso a sectores de centro, en un delicado equilibrio para no alejar a los más conservadores dentro de la alianza Chile Vamos que encabeza.

Guillier, de la coalición oficialista Fuerza de la Mayoría, quien obtuvo 22,7%, buscó asegurarse el apoyo del 20% que en la primera vuelta votó a Beatriz Sánchez, del Frente Amplio, un conglomerado de 14 agrupaciones de izquierda que se convirtió en la revelación de los comicios. Y, aunque la propia Sánchez anunció que votará por Guillier “para que no gane Piñera”, algunos sectores dentro del Frente rechazan a los dos candidatos que se enfrentan este domingo.

Si en la primera vuelta Piñera, un empresario de 68 años que gobernó entre 2010 y 2014, aparecía como seguro ganador, hoy no hay certezas.

“La gran novedad para esta segunda vuelta es que es mucho más competitiva y mucho más difícil de anticipar”, explica a Clarín Roberto Izikson, gerente de asuntos públicos y estudios cuantitativos de la consultora Cadem, que en su último sondeo prevé un 40% de votos para Piñera y un 38,6% para Guillier. “Esto está dentro del margen de error”, aclara el experto. En otras palabras, es casi un empate técnico.

La gran incógnita, señala Izikson, es “qué porcentaje de los votantes del Frente Amplio votan a Guillier, y cómo se distribuye el voto de quienes no votaron en la primera vuelta pero lo harán ahora”.

Cierre de campaña en Chile con el fantasma de la abstención
Centroizquierda. El candidato oficialista Alejandro Guillier y el ex presidente uruguayo, José Mujica, en Santiago

Con un nuevo sistema electoral en el que el voto dejó de ser obligatorio, se espera otra vez una alta abstención. El 19 de noviembre votó un 47% del padrón, y ahora se espera un nivel similar de participación, aunque es posible que esta vez vayan a votar personas que no lo hicieron antes y que otros que sí votaron no quieran ir ahora. “Para que Guillier gane, necesita el 80% de los votos de Beatriz Sánchez”, explica Izikson. Y eso será difícil ya que, aunque varios de los partidos que integran el FA anunciaron que votarán al candidato oficialista, otros se oponen a apoyar al hombre que promete continuar con el legado de la presidenta Michelle Bachelet.

 

Guillier, un ex periodista de 64 años, espera recibir también gran parte de los votos que en la primera vuelta fueron a la candidata Carolina Goic, de la Democracia Cristiana (5,8%) y del independiente de centroizquierda Marco Enríquez Ominami (5,7%).

Piñera logró el apoyo del ex candidato ultraderechista Antonio Kast, quien obtuvo un 8% en la primera vuelta. Pero se le hará difícil sumar respaldos de otros sectores. Tal vez por eso hizo cambios en su discurso.

“Piñera ha mostrado una dinámica distinta después de las elecciones. Cambió sus equipos de campaña y el mensaje”, señala a Clarín el cientista político Octavio Avendaño, de la Universidad de Chile. “Ha incorporado propuestas más de centro, como la gratuidad de la educación, a la que antes se oponía, y el tema previsional”.

El sistema privado de jubilaciones que rige en Chile desde la dictadura de Augusto Pinochet estuvo en el centro de la campaña electoral, como la gratuidad de la educación superior. El FA propone la abolición de un sistema en el que los jubilados reciben haberes bajísimos mientras el margen de ganancias de las Aseguradoras de Fondos de Pensión (AFP) es inmenso. Para la izquierda más radical, es insuficiente una reforma como la que ha planteado Bachelet. Hasta ahora, Piñera no hablaba de ningún cambio, pero debió hacerlo ante la demanda de una inmensa porción de los chilenos. “El tono también empezó a cambiar. Ahora Piñera reconoce algunos logros de este gobierno”, explica Avendaño.

Después de fuertes cruces y acusaciones en las primeras semanas tras la elección de noviembre -Piñera llegó a sembrar dudas de un supuesto fraude- en los últimos días, tras el debate en el que se enfrentaron el lunes por televisión, el clima parece más amable. Ambos candidatos tienen claro que todavía no está todo dicho, y cada paso en falso puede hacerles perder un puñado de votos que será decisivo.

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