Falta de tacto presidencial y sus incidencias

Con los problemas sociales no se juega. Esto es como tener bombas conectadas al cuerpo, con el detonador encendido y a punto de estallar.

Roxana Fonseca Abarca.  Desde hace aproximadamente un mes hemos venido escuchando con detenimiento las declaraciones hechas por el Presidente con respecto al famoso déficit fiscal y la insolvencia económica por la que dice él atraviesa el país en una primera declaración, que luego de un Consejo de Gobierno fue ablanda por él mismo y algunos de sus ministros.

Aunado a ellos, el bombardeo constante que sin estar en un país e guerra retumban en mi mente, con relación a la quiebra del Banco Crédito Agrícola de Cartago, créditos sin garantía en el Banco de Costa Rica, el “cementazo” de esta transparente administración, las cortinas de humo tendidas por don Luis Guillermo, haciéndose el enojado con el país e identificando a sus detractores, -al mejor estilo Maduro en Venezuela-. Se suman, el pago indebido a funcionarios de Casa Presidencial y otras instituciones públicas, renuncias de funcionarios que no supieron hacer su trabajo, tráfico de influencias; inundación en Carretera Chilamate Vuelta Kooper, a días de funcionar y quién sabe cuántos más escándalos por venir, acuerpados y encubiertos por el señor Presidente, crean una gran incertidumbre. En fin, todos estos temas han sido ampliamente debatidos y de interés público, por lo cual no ahondaré en ellos,

¿Qué estará pasando por las mentes de los miles de costarricenses que no cuentan con trabajo, de las personas que no tienen una casa digna y están esperanzados en lograr un bono para finalmente obtener un techo propio, los estudiantes con beca, los estudiantes universitarios con prestamos de Conape, las madres trabajadoras que tienen a sus niños en centros de cuido, centros de nutrición infantil, de los empleados a los que en apariencia no se les pagará el aguinaldo o las organizaciones comunales que verán diezmado su presupuesto, ante las declaraciones del presidente, que lo único que han hecho se suscitar una paranoia colectiva en la que todos vamos y venimos sin saber para dónde, o que va a pasar mañana al despertar?

Tomado de La Revista.
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Cuando se está en un cargo tan importante como el de presidente de una República, pequeña y pobre, con una gran cantidad de problemas, quien ostente el cargo debe llegar con la mente abierta, un equipo de trabajo capaz para llevar a buen puerto el país, aún con los pocos recursos con que se cuenta, sin derrochar en viajes que en apariencia traen en beneficios en el país, a administrar, no a dejar saquear, pero, sobre todo con coherencia entre las palabras y los hechos. El presidente no ha mostrado coherencia entre lo que piensa y hace y además se comporta como un niño desatento que todo lo resuelve con matonerías y berrinches. ¡No señor Presidente así no se gobierna un país!

Las promesas de campaña quizá no se cumplan en su totalidad, pero con los problemas sociales no se juega. Esto es como tener bombas conectadas al cuerpo, con el detonador encendido y a punto de estallar.

El Ministro de Hacienda anunció atrasos en las transferencias por ¢9.000 millones para programas sociales, entre los que figuran algunos del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), como Avancemos, Red de Cuido, Atención de Familias, Bienestar Familiar y Emergencias.

El Ministro señaló al Semanario Universidad que: “debido a la ausencia de la reforma fiscal, el país está comenzando a experimentar los problemas de liquidez que se habían anunciado con mucha anticipación”, añadiendo que, el primer semestre del año cerró con un déficit fiscal del 2,4% del producto interno bruto (PIB), superior al 2,2% del PIB con que cerró el mismo periodo del año pasado.

Dejando de lado la paranoia del déficit fiscal y la anunciada “falta de liquidez” ¿qué va a pasar a futuro con los programas sociales? ¿Van a desaparecer? ¿En qué plazo? ¿Qué va a pasar con el empleo, la vivienda, las becas, préstamos para la educación, centros de cuido de niños y adultos mayores y tantos programas sociales?  La respuesta no es fácil, sin embargo, la hay; en primera instancia si bien la situación del país no es de bonanza, de acuerdo con los economistas tampoco es tan terrible como la pintó el señor presidente. Es de saber administrar, tomara medidas a tiempo, tener cuidado, ganar credibilidad, gastar lo ineludible, invertir apropiadamente, manejar y administrar las instituciones como debe ser, sin fines personales o politiqueros, y desarrollar de manera más asertiva y acertada los programas sociales priorizando de acuerdo a las necesidades de la población y posibilidades de recursos económicos, pero no se pueden dejar tirados – en lenguaje popular de la noche a la mañana.