Maduro y Trump

Dos gobernantes que se mueven entre la imprudencia y la mentira. Maduro sorprende con la fluidez que plantea absurdos tan obvios que hasta un niño descubre su falsedad. Trump actúa en entornos de medias verdades, expuestas en tweets madrugones que él mismo se encarga de desvirtuar más tarde. El problema con el país más poderoso del mundo es que no sabemos si los tweets que surgen, como disparos al aire sin dirección alguna, constituyen parte de la política pública de los Estados Unidos (EE UU). Sin embargo, cualquiera que sea la solidez de esos 140 caracteres, hacen mucho daño, por el simple hecho de que son originadas por nadie más que el presidente de los EE UU. O, en el mejor de los casos, nos dejan en la incertidumbre.

La declaración, explosiva como tantas otras que hace el presidente Trump (furia y fuego), abre la posibilidad de usar la fuerza militar de EE UU para derrotar la dictadura venezolana, si fuera necesaria. Y agrega “Tenemos tropas por todo el mundo, en lugares muy, muy alejados. Venezuela no está muy lejos…”. Es posible que Trump no tenga conciencia de las consecuencias de este tipo de manifestaciones y de las reacciones en cadena que generan. Para empezar, Trump ha puesto al ejército venezolano en estado de alerta, una buena excusa para agredir a la oposición y a civiles que luchan contra la dictadura. También le ha abierto un espacio de participación a países como Irán y Rusia, cuyo presidente Putín, se ha apresurado a pedir que los EE UU no contribuyan a desestabilizar la región. Y ha generado una reacción colectiva de rechazo en los países de América Latina y el Caribe (ALC) creando un factor de división entre quienes buscan la ayuda del pueblo venezolano.

Maduro puede ser un tonto útil, que sirve de portavoz de una estructura corrupta que tiene a Venezuela en una profunda crisis, con la participación activa del ejército, no solo desde sus cuarteles, sino ocupando posiciones políticas en aspectos críticos de gobierno. Pero es él quién expone los perfiles más notables de la dictadura que, desde hace rato, se ha instalado en Venezuela. Han matado la economía y también al pueblo por carencia de los elementos necesarios para una atención médica básica; cerca del 80% de la población se encuentra en pobreza; la infraestructura se deteriora ante la incapacidad de la dictadura y el agotamiento de sus recursos petroleros; la inflación es la más alta del mundo; y las libertades civiles se agotaron hace bastante tiempo.

El control absoluto de todas las instituciones y todos los recursos públicos y, en mucho, los privados, viene ocurriendo desde la desaparición de Chaves. Hay disidencia entre el chavismo, pero es rápidamente callada mediante la violencia, ejercida por las fuerzas armadas o por los colectivos, organizaciones delictivas armados por el propio gobierno. Quienes difieran sobre la verdad oficial, encaran persecución, prisión, allanamiento y tortura. La institucionalidad democrática ya colapsó. La ilegal Corte Suprema de Justicia ha venido asumiendo funciones de la legítima Asamblea Nacional, o trasladándolas a Maduro y sus secuaces. La Asamblea Constituyente Nacional (ACN), nombrada en un proceso de abiertas violaciones, legales y constitucionales, y un vergonzoso fraude electoral, ha iniciado sus operaciones y se ha declarado por encima de todos los poderes de la República. Y ahí termina sus escasas funciones la Asamblea Nacional electa por el pueblo. Y si usted quiere saber más sobre el curso que la constituyente le dará al país, busque en Internet el llamado “Plan de la Patria”, que fue temporalmente abandonado por falta de base legal, que ahora se la dará la constituyente (incluye estado totalitario, restricción de la empresa privada, estado propietario de los medios de producción, etc.).

Pero Maduro y su camarilla no paran ahí. Ya se han anunciado las elecciones para gobernadores. Sin embargo, Maduro, que no es constituyente, y la ACN ya aplican el mecanismo para que todos los gobernadores sean afines a la dictadura. Se ha creado, en el seno de la ACN, la Comisión de la Verdad, la Justicia y la Paz (???), una de cuyas funciones será validar a los candidatos a gobernadores. No serán permitidos aquellos que, según esa Comisión, han representado los intereses de la extrema derecha o han participado en actos de violencia contra la seguridad y la paz nacionales. En otras palabras, quedan excluidos los liderazgos principales del MUD que han conducido las protestas contra los abusos y violaciones de la dictadura. Y si algo falla, el Consejo Nacional Electoral que produjo el fraude de la constituyente, estará presto para arreglar los resultados.

Volviendo a Trump, Maduro y su camarilla han emprendido una amplia denuncia contra el imperio, a nivel nacional e internacional. Rechazan, con gran elocuencia, la intervención de EE UU en los asuntos internos de Venezuela. Los países de ALC también lo han hecho. Pero el descaro de Maduro es rechazar a los gringos, mientras el país tiene, desde hace varios años, la intervención masiva de Cuba, que se encuentra en las jerarquías de la dictadura, en los principales cuerpos de seguridad, en la salud y, sobre todo, en la educación, principal mecanismo cubano para formar (o deformar) ciudadanos afines a la dictadura. La constituyente no tiene mucho que hacer para alcanzar sus metas. El modelo cubano ya existe y posiblemente ya hay una versión “criolla” que será adoptada como la Constitución venezolana. La Sra. Delcy Rodriguez, presidente del ACN ni siquiera se molestará en leerla y será aprobado en forma unánime por el séquito de constituyentes, seleccionados para que aprueben todo, sin que medie discusión alguna, porque no es un órgano deliberativo. Así de importante es la nueva constitución.

¿Qué sigue? Es difícil saberlo. Es posible que las vías para una solución negociada y sustentada en la preservación de la democracia, ya no sea posible. Lo que pueda seguir, puede incluir mucho dolor y sangre venezolana. La abrumadora mayoría de los venezolanos, que quieren el regreso a la democracia, no cesará en sus metas, mientras la cúpula minúscula que quiere imponer su autoridad intentará mantener su control sobre el ejército. Renunciar a ello, involucra riesgos, porque la justicia por sus crimines, algunos de lesa humanidad, les llegará tarde o temprano. Seguimos esperando que la democracia se imponga en paz, pero no hay razones para optimismo.