El nuevo diccionario del PAC

En febrero de 2014 don Luis Guillermo Solís Rivera no solo logra ingresar a la segunda ronda electoral, también es el que más cerca queda del 40% cuando apenas dos meses atrás su campaña estaba en el margen de error, tenía garantizada la segunda ronda con el voto protesta de quienes buscaban un gobierno alternativo al bipartidismo de la Segunda República.
Así fue como el partido que en 2002 debutó en la escena nacional, llegó al poder con 12 años de presencia legislativa en la que constantemente criticó con extrema severidad no solo los actos que consideró ilegales, sino que también denunciaba los que en su rígido criterio eran inmorales. De esa forma en tres periodos legislativos, como oposición, el PAC hizo infinitamente amplio el significado de la palabra “corrupción”, por fuerza de reiteración, señalando como “sospechoso” todo nombramiento, licitación, acuerdo, proyecto, obra pública… así como las que no se hacían. Fueron parejos apuntando con dedo acusador todo lo que se movía y todo lo que estaba quieto.
No había mucho margen de maniobra con el léxico polarizador, los rojiamarillos crearon a “los otros” concentrando en ellos “la mística” y la “lucha contra la corrupción”, los no PACianos eran lo peor.
El mensaje caló y el 8 de mayo de 2014 don Luis Guillermo estrenó el nuevo Estadio Nacional, gestionado en los dos gobiernos anteriores. “Cuando me equivoque, corríjanme; cuando me pierda, búsquenme; cuando flaquee, denme fuerzas. Si no les escucho, reclámenlo; si les abandono, si no estoy ahí cuando más me necesiten, si usurpare con aviesa intención la confianza depositada en mí con tanta generosidad por un pueblo que demanda honestidad y buen gobierno, repúdienme”, dijo el nuevo mandatario estrenando la banda presidencial.
Sin embargo con el paso de las horas, días, semanas, meses y años surgió “la semántica del tiempo”, un nuevo diccionario de comunicación política: después de atacar el TLC como dirigente del NO, se fue a Estados Unidos para garantizar su permanencia, el mismo que promovía los valores más “progresistas” del Estado laico y derechos de la diversidad, nombró a un obispo como ministro de la Presidencia, se alió con grupos religiosos y la agenda para reconocer los derechos humanos de las minorías se estancó, el mismo que iba a gobernar con los mejores, se rodeó de estudiantes universitarios que cobraban los beneficios salariales reservados para quienes estaban graduados y colegiados, el mismo que prometió más tiempo en casa y menos en las presas luego aceptó cándidamente no saber cómo hacerlo, el mismo que no quería una placa con su nombre hasta llegó a inaugurar la apertura de un carril en un puente reforzado y al que también le dio nuevo nombre, el mismo que criticó la “finca encharralada” (como definió el país) no cumplió con hacer vinculantes los pronunciamientos de la Procuraduría General de la República y ahora, todo aquello que en gobiernos pasados denunciaban como “corrupción” mutó de nombre, son “errores administrativos”.
Estamos viviendo la realidad construida desde el lenguaje de las conveniencias. Se participa en la inauguración de las obras que iniciaron en los gobiernos pasados y se celebran como triunfos propios, pero apenas algo se le complica es culpa de esos gobiernos o de algún fenómeno externo, como el reforzamiento del puente la Platina que se atrasó “por culpa” del huracán Otto, o el ministro que ahí sigue ocupando puesto con total tranquilidad luego de comprometerse a renunciar en febrero si la obra no estaba concluida.
El PAC fue a juicio penal y resultó condenado por ESTAFAR con la deuda política al pueblo costarricense, sin embargo los mismos que ante la prensa dijeron que no apelarían el fallo por considerarlo justo fueron a escondidas a los Tribunales a decir que como los contratos eran falsos, fruto de la estafa, entonces no debían pagar sus deudas de la caja, en pocas palabras nada de arrepentimiento y mucha creatividad hasta para sacarle provecho a la condena.
El discurso anticorrupción desapareció del diccionario rojiamarillo, ante la multimillonaria y descarada ‘pifia’ de 80 metros en la Terminal de Contenedores de Moín, el PAC mejor no decir mucho, necesita más elementos para tomar posición (algo que no hubiera dudado en señalar con gritos enardecidos si hubiera sido en un gobierno de Liberación), atrás quedó el partido cuyo primer presidente escribió como promesa de campaña que “”#Corrupto es todo aquel quien roba dinero público, tanto como quien deja de hacer su trabajo o lo realiza de forma defectuosa”.
Falta un año, como mínimo tendrán que reinventar el 25% del diccionario restante.. pero como estarían los PACianos antes?
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