I. Autogestión o participación social

Un provocativo artículo del Sr. Fernando Araya, titulado Capitalismo, socialismo y autogestión plantea, por una parte, el engaño de la asociación entre comunismo y las izquierdas radicales. El marxismo sigue siendo una utopía incompleta y quienes se definen como marxistas, en realidad han adoptado un capitalismo de Estado, repudiado, algunas veces con un lenguaje fuerte, por el propio Marx. Es puro capitalismo de Estado el de la desaparecida Unión Soviética, Corea del Norte, Cuba y la que pretende el chavismo venezolano.

Por otra parte, el autor selecciona lo que llama capitalismo democrático liberal, como e más propicio para el desarrollo de modelos de autogestión, un elemento subyacente en la teoría social y en la marxista. Sobre el tema de la autogestión y participación social queremos elaborar, considerando algunas experiencias prácticas. Lo hacemos con la conciencia de que, en el plano del análisis político, se ha elaborado poco sobre los modelos capaces de superar algunas debilidades de la democracia.

Empezamos con un planteamiento práctico: los campos de participación demandan reconocer los potenciales resultados sociales, políticos y económicos de cada campo de participación. Una cuestión central, es el efecto en productividad, su relación con la equidad y las posibles limitantes de tales efectos sobre la autogestión. Como lo hemos planteado antes, al discutir los modelos de gestión pública, hay dos dimensiones y, a su vez, condiciones de éxito: la direccionalidad de la gestión y la ejecución de planes y programas que la traducen en productos concretos del bienestar social. Esa distinción es determinante de las modalidades y campos de participación. Digamos, por ahora, que en uno es esencial la sensibilidad social, que tiene base en las relaciones comunitarias; y, el otro, el carácter técnico y tecnológico, de base profesional y académico. La participación social tiene viabilidad en la primera y solo parcialmente en la segunda.

Sobre estas bases, planteamos algunas conclusiones fundamentales: 1) la participación social en democracia, se sustenta en la decisión soberana, expresada en un compromiso político resultante de las elecciones y proyecta en un un programa de gobierno, cuya responsabilidad reside en el Presidente y su equipo de gobierno y, cuya autoridad cubre el Estado, sustentadas en el principio de Estado Unitario y Rectoría; 2) la participación es un proceso regional o local, articulado a esa decisión soberana; 3) Si bien la autogestión es inviable en los niveles dominados por procesos complejos de gestión/acción, la participación social crea un entorno determinante de los procesos a través de los cuales se intenta llevar los productos del bienestar colectivo a la población. A este tipo de participación social nos referimos a continuación.

¿Autogestión o participación social? El ideal de Marx era una forma colaborativa de gestión social que excluía al Estado. Como bien lo señala el artículo de referencia, Marx y sus seguidores más cercanos no llegaron a profundizar en las teorías que hicieran viable tal pretensión. Pero la realidad la ha hecho inviable, aún más, en la medida de que surgen requerimientos tecnológicos sofisticados, incluso tecnología compleja y, la necesidad de la profesionalización de la gestión operativa. Dicho esto, insistimos en la posibilidad de modelos híbridos, pero equilibrados, en los que los actores sociales impongan la dirección y ejerzan un control efectivo de la ejecución, con un ordenamiento jerárquico en el que la dirección, con su particular contenido de equidad, determine los campos de actuación profesional e imponga su control sobre los resultados.

¿A dónde vamos, qué queremos, cuáles son los resultados esperados? Son estos los temas a que debe abocarse la participación social. Esto conlleva reconocer qué es viable y qué no lo es. Viable es la lectura de la política nacional y la adopción de estrategias fundamentales de aplicación en ámbito regional y local, entendiendo, además, que el contenido fundamental de esas estrategias es la equidad. Sin embargo, de nada sirven las estrategias, como grandes elementos de dirección, si no se ejecutan. Bajo esta lógica, la participación social se define en dos componentes: direccionalidad y control de su ejecución.

¿Los resultados esperados? Son productos específicos representados por bienes, servicios o creación de condiciones que garanticen el bienestar social. Resultan de procesos tecnológicos, con creciente demanda de tecnologías innovativas, con un fuerte componente digital, que deberán generar los productos del bienestar, en condiciones de oportunidad, calidad y, costo/eficiencia, coherentes con la equidad, definida por el nivel superior de dirección. Una expresión esencial de esos productos son las coberturas alcanzadas, de carácter universal o especiales por factores de riesgo o estratégicos.

Beneficios de la participación social: son variados y de alto impacto social. Quién escribe estas notas conoce experiencias variadas, asociadas con el concepto de Atención Primaria en Salud, APS, en cuya aplicación Costa Rica tuvo excelentes resultados en la década de 1980, pero ha decaído, por la presión que ejercen los hospitales, con sus cargas excesivas y baja productividad. Las Áreas de Salud y en particular los Ebais, se han vuelto elementos complementarios de consulta externa hospitalaria. Aun así, aporta beneficios importantes, que pueden incrementarse.

Por una parte, el efecto en la población de sentirse partícipe y con capacidad de decisión en aspectos importantes que afectan la salud de su comunidad, es la respuesta eficaz para superar el sentimiento de enojo con gobiernos y con un Estado que no aportan a su bienestar. Por otra, porque la comunidad llega a conocer mejor la naturaleza de sus propias necesidades y a descubrir soluciones que están a su propio alcance, sin que sea necesaria la inversión de otros recursos públicos escasos. En el caso ilustrativo de la APS, la población llega a entender que la preservación de la salud está al alcance de sus propios medios, de alto beneficio y bajo costo: los estilos de vida. También aprende que la atención médica, es más costosa y menos eficaz, porque cuando la salud se pierde, la recuperación se da a medias y, en muchos casos, las secuelas seguirán presentes indefinidamente a lo largo de sus vidas. Este reconocimiento es un recurso valioso para desahogar las presiones sobre el hospital. Este tipo de empoderamiento es, sin duda alguna, viable en otros campos del desarrollo.

Condiciones esenciales para el éxito de la participación social: nuestro estado es un enjambre de organizaciones y procesos que restringen la acción, pública o privada, en beneficio del bienestar de todos. Igual obstaculizará la participación social, si las condiciones no son apropiadas para ello. Es posible que tengamos oportunidad de seguir discutiendo y compartiendo con nuestros lectores los problemas estructurales que nos impiden encarar con éxito los retos del desarrollo. En cuanto a la participación social, es importante mencionar cuatro condiciones esenciales para que el esquema funcione:

  1. Capacitación: le estamos pidiendo a la sociedad su aporte, sin tener las competencias para ello. Es necesario agregar alguna capacitación básica en el contenido fundamental de sus aportes que son, esencialmente, de naturaleza estratégica. Además, el Estado debería facilitar el control por resultados, sin interferencia en procesos ejecutivos intermedios, a través de sistemas de información que ofrezcan indicadores de avance, proceso, costo y resultado. Con los medios digitales de que disponemos, esta es una tarea simple y accesible en el corto plazo.
  2. Organización: el gran obstáculo es la organización político/administrativa actual, dispersa en 82 municipalidades. Para concentrar recursos y aumentar productividad, el país necesita cambiar su división territorial en unas 15 regiones, con mayor autonomía y capacidad de gestión; y un número razonablemente pequeño de entidades regionales y locales.
  3. Equipos de apoyo: la participación social es generalmente voluntaria y ad honorem, aunque podría recibir dietas acordes con las responsabilidades y los tiempos de dedicación. En todo caso, el Estado podría hacer una pequeña inversión en dotar, al menos en el plano regional, pequeños equipos profesionales, altamente calificados, apolíticos, multidisciplinarios, que apoyen a los actores sociales, en especialidades tales como ingeniería, sistemas informáticos, administración y estadística y, en funciones de definición estratégica y control de resultados. Estos profesionales serían estables según calidad del desempeño, a diferencia de quienes ejercen la participación social, que deberían de servir, tal vez un solo período de 6 años, que no coincida con la gestión de gobierno para evitar manipulación política.
  4. Articulación con el sistema político: urge modificar nuestro sistema electoral, de tal manera que los diputados sean electos por distritos electorales, coincidente con una nueva regionalización del país y, que la elección de diputados regionales y locales sea directa, sin perjuicio de contar con un número reducido de diputados nacionales que aporte al liderazgo ejecutivo y su relación con el congreso.