2018 ¿Se podrá realizar el cambio pendiente?

¿Es posible realizar el cambio pendiente, para retomar la senda del progreso social? La revolución de los 40 y el nacimiento de la Segunda República, no tiene parangón en nuestra historia y, tal vez, en la historia de América Latina y el Caribe (ALC). Costa Rica fue el único país de ALC que logró un cambio social contundente, en paz y democracia, sin la presencia de dictaduras y sin conflictos bélicos internos. Medió la participación activa del Estado, ya fuera por su propia obra, o por las políticas sensatas que movieron los recursos nacionales en una misma dirección. Hoy el Estado ha colapsado. No cuesta una fortuna, pero su productividad es nula y, en vez de seguir adelante en la ruta del desarrollo, es su principal obstáculo ¿Se puede cambiar? Es enteramente posible, pero requiere visión, focalización y la estrategia apropiada. Y, por supuesto, hay coyunturas favorables que se pueden aprovechar.

El Estado sigue siendo la esperanza para salir del estancamiento actual. Los es por razones prácticas: de su diseño depende la seguridad jurídica, la educación nacional, la salud de su población, la seguridad civil y la infraestructura, para mencionar unos pocos ejes, sin los cuales no hay posibilidad de avance. Y hay circunstancias sobre las cuales puede cabalgar una “nueva” etapa de progreso y desarrollo.

Primero, sin acuerdos políticos no nos podemos mover. Sin embargo, durante la campaña hacia el 2014 hubo fuertes señales de que los distintos partidos políticos podrían agruparse en torno a la solución de la problemática nacional. La expresión tenemos más acuerdos que diferencias, estuvo presente en numerosos debates nacionales, difundidos por los medios de comunicación. Hoy, otro acuerdo se encuentra en proceso de maduración. Partió de la iniciativa de Don Ottón Solís y el nombramiento de un grupo de ciudadanos que deben preparar una estrategia de cambio, con el respaldo de las principales fuerzas políticas. Es necesario, sin embargo, un mayor apoyo por parte de los precandidatos y un compromiso formal ante la opinión pública de trabajar en la conformación de un acuerdo nacional que comprometa al Gobierno del período 2018-2022.

Segundo, es importante dotar a ese compromiso de una visión de cambio consistente con los grandes problemas nacionales. Hemos sugerido que los parchecitos pueden generar alguna expectativa, pero si no hay cambio con visión de Estado, la crisis nos esperará a la vuelta de la esquina. No obstante, ya hemos recorrido en parte el camino y podemos aprovechar el trabajo realizado por los notables, personas de gran experiencia y excelencia, que propusieron casi un centenar de reformas en materia procesal, institucional y política. Ese mismo grupo puede aprovecharse para complementar el trabajo del grupo nombrado como resultado de la iniciativa de Don Ottón Solís. Puede conducir procesos de difusión de sus propuestas a nivel político, corporativo y civil; hacer ajustes que los acuerdos demanden; proponer un mapa de ruta hacia la aplicación de las propuestas acordadas, en el corto mediano y largo plazo; y, coadyuvar con el proceso de aplicación de los acuerdos, a nivel legislativo y ejecutivo. Los profesionales que integran el equipo nombrado para elaborar alguna estrategia de cambio, también de gran experiencia y capacidad, podrían integrar un solo equipo con los notables.

Tercero, el acuerdo político es insuficiente. Se requiere un acuerdo nacional que conlleva algunas dificultades. Hoy el país está dominado por las presiones de interés corporativo, que buscan, legítimamente, privilegiar sus intereses particulares. El pueblo propiamente, carece de una representación corporativa, aunque tiene como recurso el proceso electoral. Sin embargo, la experiencia demuestra que los gobierno terminan aceptando las presiones de interés particular sobre el interés nacional. Sin perjuicio de esos intereses corporativos, es necesario llegar a un acuerdo civil que involucre a la mayoría de los costarricenses, en parte para asegurar la preservación del interés nacional. Este debe ser un componente de la estrategia de cambio, que incluya un proceso agresivo y masivo de difusión y participación civil, que bien podría ser conducido por los notables. Es, además, necesario para superar el sentimiento negativo de frustración que impera en la población, responsable por la pérdida de confianza en la democracia y por el aislamiento sustancial del costarricense de la política y de las elecciones.

Cuarto y para hacer que el interés corporativo se sume, en vez de hacer oposición, es necesario establecer el compromiso político para neutralizar los recursos negativos e ilegales del sindicalismo público, un grupo pequeño, que cubre menos del 9% de la fuerza laboral, pero que es contundente en paralizar al país sobre temas prioritarios, como la ley de empleo público, la evaluación del desempeño del funcionario público y la educación dual. El cambio, fundamentado en un acuerdo nacional, deberá de realizarse cualquiera sea la posición del sindicalismo público, o de cualquier otro interés corporativo. Ningún interés particular debe sobreponerse al interés soberano que emane de un acuerdo nacional y de un proceso electoral que lo sancione.

En suma, la necesidad del cambio sigue presente en el interés colectivo nacional. Sin él, los vastos recursos del Estado no podrán inyectarse a un proceso sostenido de desarrollo. Es posible que la necesidad de acuerdos requeridos, en un entorno de dispersión política, ya sea parte de la conciencia política nacional. Los problemas y sus efectos en crecimiento, pobreza y desigualdad revelan la necesidad de cambios estructurales en la totalidad de nuestro aparato público. La base soberana de dicho acuerdo sin duda existe y es el lado opuesto de la moneda, a la sensación de enojo y frustración que priva en la población frente a la incapacidad del Estado de aportar al bienestar y al desarrollo. Esa conciencia nacional también será la principal fuerza para que el interés corporativo se articule al interés nacional. Son condiciones estratégicas sobre las cuales se pueden realizar las reformas que ha venido siendo postergadas ya por mucho tiempo.