La vergonzosa incoherencia de la izquierda radical

Los socios del Presidente Solis se ubican, una vez más, en sus posiciones de izquierda radical. Víctor Morales Zapata, el diputado más cercano al Presidente, Frank Camacho, precandidato frenteamplista, han conformado la oposición FAP (FA + PAC) a la condena de la Asamblea Legislativa al régimen presidido por Nicolás Maduro ¿Qué representa hoy el movimiento chavista en Venezuela?: la inflación más alta de todo el planeta; la escasez de medicamentos y equipo médico que hace imposible la atención incluso de las dolencias más básicas de la población venezolana; las largas colas para obtener productos básicos de subsistencia; el incremento sustancial de la pobreza, entre muchos otros padecimientos.

¿Cuál es el compromiso del FA amplio y de los “chavistas” del PAC con la democracia? Las simpatías de la izquierda radical por regímenes de corte autoritario, por más que las circunstancias los obliguen a esconderlas o incluso a asumir una posición progresista, frente a los fracasos que se repiten en cadena en América Latina y el Caribe, son objetivamente evidentes. Su respaldo al chavismo venezolano ha sido claro, plasmado en una nota al régimen y en sus frecuentes excusas para no apoyar manifestaciones de apoyo al pueblo venezolano y de repudio al ilegítimo gobierno, antes de Chaves y ahora de Maduro. También ha sido evidente en el respaldo al gobierno de Nicaragua, en ruta a una dinastía familiar que difiere en poco de la dictadura somocista.

En Venezuela no queda mucho de democracia. Las elecciones que llevaron a Maduro a la presidencia tenían todos los rasgos de ilegalidad. El Propio Maduro aceptó una auditoría electoral, en los términos planteados por la oposición, pero 24 horas después, algún órgano jerárquico superior desautorizó tal revisión de resultados. Hoy queda poco de la estructura institucional democrática. No hay independencia de órganos tales como el tribunal electoral, la contraloría, la fiscalía, el banco central, el poder judicial, entre muchas otras entidades esenciales a la estructura democrática. Peor, el Congreso, nombrado por una abrumadora mayoría y esencia del poder popular soberano, ha sido anulado por decisión de la corte suprema de justicia, un órgano al servicio de la dictadura chavista y que no tiene base soberana.

La violación de las libertades políticas y derechos humanos está al orden del día. Hay presos políticos, juzgados por la maquinaria judicial al servicio del gobierno; la prensa ha sido objeto de ataques sistemáticos, primero negando la provisión de materia prima básica (papel) y luego mediante el cierre ilegal de todo medio que exprese su oposición al régimen. El caso de mayor resonancia ha sido, esta misma semana, el cierre de la cadena internacional de noticias CNN en español, acusada de transmisión de “mentiras” contra el chavismo. El Gobierno quiere que la mayoría venezolana, que habla español, no se entere de la oposición internacional contra el gobierno de Maduro. La minoría que entiende inglés seguirá teniendo acceso a CNN inglés, que mantiene su línea editorial. En suma, la democracia ha sido borrada del territorio venezolano, tanto en su estructura institucional, como en los patrones de comportamiento dictatorial de Maduro y sus acólitos.

¿Cómo, entonces, el FA y sus amigos chavistas del PAC, insisten en su respeto a los valores democráticos? La posición de la izquierda radical no ha cambiado. Retóricamente defienden la democracia porque les da libertad para sus posiciones antidemocráticas, pero en el fondo prefieren los regímenes dictatoriales, antes de la Unión Soviética, luego la cubana y ahora la chavista que sigue el modelo cubano duro. Mientras ese país, después del fracaso de más de medio siglo, busca reformas que puedan mejorar su pobreza generalizada, Venezuela se hunde en las profundidades de un fracaso contundente, no importa cuál eje de análisis se use para valorar el nuevo socialismo siglo XXI, del cual ya no se habla mucho.

La dictadura de Venezuela no sobrevivirá. Sus fracasos y el costo que se vierte sobre las espaldas de las grandes mayorías, no permitirá que el chavismo se consolide. Ha sido una de las experiencias políticas más perversas y dolorosas en la historia de América Latina y el Caribe. La enorme riqueza del país más rico de la región, ha sido despilfarrada en forma grotesca y en perjuicio de la población entera. Mal por la izquierda radical y su falso compromiso con los temas populares y con los sectores más frágiles de la sociedad. Bien por el congreso tico que ha asumido una posición responsable, con la oposición de la pequeña minoría del FAP. Bien por el expresidente Arias Sánchez, el más contundente opositor de la dictadura venezolana; bien por nuestros expresidentes, todos ellos, que han aportado su voz condenatoria de los abusos del chavismo. La denuncia de las groseras violaciones de las libertades políticas y de los derechos humanos de la población venezolana debe mantenerse y debe enfocarse en el sufrimiento del pueblo, de los sectores más frágiles de la sociedad venezolana, que pagan el costo del despilfarro de los vastos recursos del país y de la generalizada corrupción chavista. Bien por la denuncia de los falsos populistas que forman la cúpula chavista, muchos de ellos asociados con el narcotráfico internacional, y de quienes le brindan su apoyo.