Marcela Temer, la ex modelo que devuelve a Brasil la figura de primera dama

Cuando Marcela Tedeschi ganó con 19 años el título de Miss Paulinia, una ciudad en el estado de San Pablo, difícilmente podía imaginar que terminaría casada con un político 43 años mayor que ella, Michel Temer, que llegaría a la presidencia de Brasil y la convertiría en la primera dama del país.

Marcela Temer junto al nuevo Presidente de Brasil.

Marcela Temer junto al nuevo Presidente de Brasil.

Luego de la asunción de Temer como presidente interino el jueves pasado, con Tedeschi -Marcela Temer tras su matrimonio- Brasil vuelve a tener primera dama después de casi seis años. La última fue la esposa del ex mandatario Luiz Inacio Lula da Silva, Marisa Leticia.

Desde sus primeras apariciones en público, durante la asunción presidencial de Dilma Rousseff, en 2011, Marcela Temer se robó la atención de la prensa y provocó las reacciones más dispares, tanto por su exuberante belleza como por sus comentarios.

En medio de una crisis política sin precedentes en un cuarto de siglo en el país, que terminó con el apartamiento del poder de Dilma -mientras se define el juicio político en su contra- y la asunción del hasta ahora vicepresidente Temer, Marcela volvió a levantar polémica en Brasil.

Un reportaje de la revista Veja que la definía como “bella, recatada y del hogar” desató mordaces críticas de organizaciones civiles y grupos feministas por la visión conservadora y machista del papel de la mujer que traslucían las palabras de Marcela.

La nueva primera dama brasileña presume de que sus días se centran en el cuidado de su hijo, de 6 años; de su esposo, Michel, y en las tareas del hogar.

Marcela Temer “aparece poco, le gustan los vestidos a la altura de las rodillas y sueña con tener otro hijo con el vicepresidente”, señalaba la revista en el reportaje, antes de la asunción de Temer como presidente interino.

Comparaciones

Rápidamente se multiplicaron las comparaciones con Dilma, que acaba de ser separada del poder y que cuenta con un pasado de militancia política que la llevó a la cárcel en su juventud y una prolífica carrera política.

La experiencia de Marcela es muy distinta. Estudió en un colegio de Paulinia -a unos 500 kilómetros de San Pablo- y con 19 años, en 2002, consiguió el título de Miss de la ciudad y de “vice Miss San Pablo”.

Marcela Tedeschi trabajó como modelo y como recepcionista en un diario local hasta que conoció a Temer en un asado organizado por afiliados al Partido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB), y un año después, en 2003, se casaron en una ceremonia íntima. Ella tenía sólo 20 años, y él, 63.

Marcela en el año 2000

Marcela en el año 2002

En 2009, estudió derecho en una universidad de San Pablo, pero, según explicó a medios locales, no hizo el examen final por el nacimiento de su hijo, Michelzinho.

Cuando Temer, líder del PMDB, llegó a la vicepresidencia arropando a Dilma Rousseff, en 2011, se instalaron en el Palacio de Jaburu, en Brasilia, después de una profunda reforma.

La hoy primera dama de Brasil, que se tatuó el nombre de su esposo en la nuca cuando comenzó su relación, se muestra en un discreto segundo plano en los actos públicos, aunque eso no evita que se convierta en blanco de las revistas del corazón.

Ajena a los comentarios sobre la diferencia de edad con su marido, Marcela afirma que “la edad no es un obstáculo”.

“Es como si Michel tuviera 30 años, suena gracioso, pero es así”, ha dicho la ex modelo.

La pareja parece vivir uno de sus mejores momentos, a juzgar por el reportaje de Veja, que reveló cómo el vicepresidente agasajó a su joven esposa hace unos meses reservando un exclusivo restaurante de San Pablo solo para “Mar” y “Mi”, como al parecer la familia se refiere a Marcela y Michel.

La pasión de Michel por “Mar” lo ha inspirado incluso para lanzarse a escribir poemas: “Llamas de fuego, ojos brillantes, labios rojos, un incendio, toma cuenta de mí, de mi mente, de mi alma, de todo. En brasas, mi cuerpo, incendiado, consumido, disuelto. Finalmente quedan cenizas que esparzo en la cama”.

Quizá, con sus nuevas responsabilidades como presidente interino de Brasil en medio de un huracán político y económico, y con los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en puertas, Michel Temer no tenga tanto tiempo para escribirle apasionados versos a su joven esposa.