El párkinson y la bicicleta

  • Este ejercicio se suma a los procedimientos para tratar el trastorno. No revierten la enfermedad, pero recuperan el movimiento, la postura y la confianza.
Definitivamente, el ciclismo es bueno en todas las edades.

Definitivamente, el ciclismo es bueno en todas las edades.

En 2010, dos especialistas del Instituto Donders para el Cerebro, Cognición y Conducta de la Universidad de Radboud, en Holanda, presentaron el video de un paciente de 58 años que llevaba para entonces 10 años con la enfermedad de Parkinson y ya experimentaba el congelamiento de la marcha o, por sus siglas en inglés, FOG (incapacidad de dar el paso inicial). Apenas podía dar unos pasos con ayuda. Girar le era imposible. Sin embargo, su habilidad para andar en bicicleta se había preservado.

Eso sí, el FOG volvía apenas se apeaba. Esta paradoja podría explicarse, dijeron los médicos, por los pedales, que actuarían como una guía externa. También alegaron que los mecanismos que controlan el movimiento necesario para caminar podrían afectarse de manera diferente a los que se usan en actividades como la bicicleta.

Este ejercicio, estimaron, podría ser útil para los pacientes confinados por FOG severo.

Un estudio posterior, publicado en la revista científica Parkinsonism & Related Disorders en el 2015, trabajó con un grupo de pacientes para comparar resultados con los de Donders, y concluyó que el uso de la bicicleta no siempre es factible, y que podría ayudar a reducir el FOG en algunos pacientes, pero no en todos.

La revista médica británica The Lancet explica que el FOG es común, y también un gran factor de riesgo por caídas. En cuanto al tratamiento, tiene varias facetas, incluyendo opciones farmacológicas y quirúrgicas, así como fisioterapia y terapia ocupacional, “pero la evidencia no es conclusiva y no se dispone de protocolos claros”.

Esfuerzo multidisciplinario

La neuróloga Dayami Cantero también define el tratamiento para el párkinson como un campo de batalla con un frente principal y otros laterales. Entre los últimos está la terapia física.

“El video (del Instituto Donders) sí es representativo, pero hay que entender que el organismo funciona como un todo. Se ha visto que estos pacientes pueden seguir sin alteración”, advierte, “mas no siempre, pues también pueden bloquearse durante el movimiento”.

Los tratamientos de fisioterapia, como la bicicleta, están dirigidos a actuar sobre los diferentes reflejos de postura, para enderezar el cuerpo y evitar la tendencia a encorvarse, y sobre los músculos flexores y extensores para armonizar, disminuir la rigidez y facilitar el acto motor. Pero no es una terapia definitiva. Para revertir la enfermedad, explica Cantero, sería necesaria la regeneración celular, que está aún en etapa de investigación.

Al momento, los pacientes con párkinson tienen un sustento integral, compuesto de medicamento, acompañamiento psicológico y terapia física y motora, para conservar la independencia y para recuperar movimientos que creían haber perdido. “Esto provoca una retroalimentación positiva, el paciente descubre lo que puede hacer. Al verse en actividad –y por eso la importancia de la fisioterapia– se siente más positivo para enfrentar la enfermedad, no decae ni se deprime. Y esto no solo pasa en el párkinson, sino en todas las enfermedades. La mente nos levanta o contribuye a destruirnos”.

Cantero propone cambiar la forma de ver el problema. El primer concepto erróneo, dice, es creer que el párkinson es lo peor que le puede pasar a alguien. “Los pacientes temen tenerlo, pero no temen ser diabéticos o hipertensos”. Sin comparar los pronósticos de cada enfermedad, la neuróloga señala puntos en común: son crónicas, no tienen cura, pero sí hay mejoría.

Otro punto que eleva la importancia de emprender un tratamiento integral lo antes posible es que el párkinson no reduce la expectativa de vida. Sin embargo, “cada uno refleja la enfermedad de manera diferente. Todos pueden llegar a lo mismo, pero no con la misma rapidez. Unos van lento y otros a pasos agigantados. Por supuesto, un paciente confinado en cama va a desarrollar dolencias propias de esa condición. Hay quienes recién a los 10 o 15 años del diagnóstico empiezan a disminuir sus actividades cotidianas. Mientras, otros disminuyen su calidad de vida a partir de los 7 años. Por eso es fundamental la terapia multifactorial, neurológica, física y motora. Garantiza trabajar con los reflejos que se van perdiendo”.

Autonomía y calidad de vida

Por varias causas conocidas, como trastornos genéticos, susceptibilidad genética, toxinas ambientales, elementos tóxicos neuronales y radicales libres, se provoca el déficit progresivo de dopamina y una disfunción de los ganglios basales, que conlleva la disminución del movimiento. De ahí provienen el temblor, la rigidez y la lentitud.

Las diversas terapias físicas están destinadas a fomentar la autonomía y la calidad de vida del paciente. Los ejercicios favorecen la postura, el enderezamiento, la marcha, reconoce Cantero, pero no quitan la enfermedad ni son el mecanismo por el cual la persona va a mejorar.

“La fisioterapia ayuda, pero no es el tratamiento único en la enfermedad de Parkinson. Si estos pacientes no reciben una medicación que estimule la presencia de dopamina, no habrá influencia en el mecanismo normal de control motor, y no podrán beneficiarse de la terapia física”.