Sí, podés sentarte en un inodoro público

  • El riesgo de contagio de enfermedades reside en no lavarse las manos, no en sentarse en el inodoro.

Lo típico: llegar a un baño público y evitar sentarse en el inodoro a toda costa, aunque eso suponga aguantar en cuclillas el tiempo que cada cual estime necesario. ¿Por qué? Es que vaya a saber uno lo que hay ahí.

El miedo a contraer cualquier clase de enfermedad, ¿es infundado o responde a razones reales? La evidencia científica da por tierra la creencia de que los inodoros públicos están llenos de gérmenes.

Unisex-sanitarios-puedan-acompanar-necesario_ZONIMA20120106_0002_6

La OMS describe que la falta de higiene es uno de los factores principales de riesgo para adquirir enfermedades infecciosas. Si tenemos en cuenta que los principales microbios -micrococos, estreptococos o las enterobacterias- que viven en los inodoros están relacionados con diferentes patologías de la piel, problemas en el tracto intestinal y el tracto urinario, tiene todo el sentido del mundo pensar que los baños públicos son el escenario perfecto para contraer una enfermedad. Incluso más si sabemos que en un solo gramo de nuestras heces puede haber hasta un trillón de gérmenes, según una investigación de la Universidad de Groninga.

Muchas veces nos preguntamos si estos servicios se limpian adecuadamente con tanta gente que los usa a lo largo del día.

Es cierto que los baños públicos cumplen dos requisitos necesarios para que las bacterias estén a sus anchas: humedad y temperatura. Pero que no cunda el pánico. Las probabilidades de contraer una infección por sentarse en el inodoro, incluso si este está contaminado con agentes patógenos, son prácticamente nulas.

“Es más probable que podamos autoinocularnos un virus por no lavarnos correctamente las manos después”, asegura Gabriel Reina, especialista en Microbiología y Parasitología de la Universidad de Navarra. Una práctica que no lleva a cabo todo el mundo. Según una encuesta estadounidense, sólo el 67% de las personas cumple siempre con el ritual.

Esto ocurre a pesar de que estudios -como el de la Universidad de Calabar- hayan demostrado que el simple hecho de frotarse las manos con agua y jabón evita enfermedades como la diarrea, hasta el punto de reducir en un 50% las muertes por esta causa, según los datos de la OMS.

Tan importante es lavarse las manos después de ir al baño que hacerlo solo con agua reduce la transmisión de bacterias a otros objetos que toquemos en un 23%, aseguran los investigadores de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. No hacerlo implica llenar todo aquello que toquemos con las bacterias y microbios que tenemos en las manos.

Por sorprendente que pueda parecernos, estudios como el de la Universidad de Barcelona demuestran que nuestros teléfonos celulares tienen 30 veces más bacterias que la tabla de un inodoro. Estas también están mucho más limpias que la bacha que tienen enfrente, que es con diferencia el lugar con más patógenos de un baño, según una investigación de la Universidad de Colorado.

Los virus y bacterias que hay en un inodoro público son muy parecidos a los de cualquier otro lugar. Por esto, su contagio es similar.

Si tenemos en cuenta que la piel es una barrera efectiva contra los gérmenes no tendríamos porqué contraer ninguna enfermedad por apoyarnos sobre el inodoro. “Si la barrera de la piel está intacta y no se tiene ninguna enfermedad que altera la superficie cutánea, que ya de por sí es muy impermeable, no tiene porqué ocurrir nada”, explica Ana María Molina Pérez, del servicio de Dermatología de la Fundación Jiménez Díaz. Aunque, si tenemos alguna enfermedad cutánea debemos tener más cuidado.

“En el caso de que no se desinfecte la superficie, un inodoro permite que los microorganismos -generalmente virus como el rotavirus o norovirus- puedan permanecer allí viables durante horas e incluso día”, explica el doctor Reina. Pero, un correcto mantenimiento del indoro reduce significativamente el riesgo de infecciones.

En los inodoros públicos suele haber muchas bacterias patógenas. Es decir, malignas: como la Escherichia coli, una bacteria que está en las heces y que puede producir problemas como la diarrea. Pero sentarnos no es el problema.

De allí que los expertos hagan énfasis en una correcta higiene después de usar el baño. “Hay que tener más cuidado con las manos”, dice la dermatóloga. “Con las manos preparamos la comida, nos frotamos casi 100 veces al día los ojos… Por allí sí que se pueden transmitir todas esas bacterias a otras zonas al cuerpo más sensibles, tipo mucosa, que son zonas donde la barrera cutánea es mucho más frágil y entonces provocar alguna enfermedad, sobre todo de tipo bacteriano”.

No, no vas a contraer una enfermedad de transmisión sexual (ETS) por sentarte en un baño público. De hecho, la presidenta de la Asociación Americana de Microbiología, Abigail Salyers, aseguró en una entrevista a WebMD que “nadie nunca ha contraído una ETS en un inodoro”.

Para que esto ocurriera tendrían que coincidir muchos factores: la persona infectada debe tener la enfermedad activa en ese momento y debe estar mucho rato en contacto con la tabla. Además, la persona no infectada también tendría que pasar mucho rato sentada en el inodoro.

De cualquier modo, Molina puntualiza que “las ETS se suelen transmitir por piel contra piel, pero lo que es transmitirse a través de fómites, que es cuando se transmiten a través de algún objeto, es más complicado”. Es prácticamente imposible.

En resumen, de todas las cosas que hacemos mal en un baño público -y eso pasa por no lavarse las manos o tirar de la cadena sin haber bajado la tapa- lo de apoyarse en el inodoro es lo de menos. Así que recordá que podés hacer uso tranquilamente de cualquier baño público sin mayores riesgos para su salud.