Sociedad teledirigida

Por Daniel Calvo.
Hace diez años cuando leí por primera vez el “Homo videns: La sociedad teledirigida” del afamado politólogo italiano Giovanni Sartori, jamás imaginé que lo relatado en aquella obra que data de 1997, se terminaría convirtiendo prácticamente en una profecía de gran parte de lo que sucede actualmente en nuestro país.

La sociedad teledirigida de la que nos hablaba Sartori, en la cual la palabra ha sido destronada por la imagen y en donde es hoy una realidad aquello que decía Riesman: “cuanto más se abre y se expone una opinión pública a flujos de información exógenos (que recibe del poder político o de instrumentos de información de masas), más corre el riesgo la opinión del público de convertirse en ¨hetero-dirigida¨.

Los acontecimientos de las últimas semanas son prueba fehaciente de lo expuesto con anterioridad, tanto de los procesos de construcción de una opinión pública hetero-dirigida, y como esta no solo determina sino que monopoliza la actividad política del país, como de la polémica cuando los resultados del juicio mediático no coinciden con lo legal, aunque algunos quisieran que coincidiera obligatoriamente.

Entonces, uno se pregunta: ¿para qué jueces si tenemos periodistas y diputados?

¿Para qué Asamblea Legislativa si esta actúa únicamente como caja de resonancia de lo reseñado por la prensa, las redes sociales y no al contrario?

¡Estamos politizando lo jurídico, judicializando lo político y mediatizándolo TODO!

La Asamblea Legislativa parece no tener una agenda propia, pese a los esfuerzos de algunas agrupaciones por posicionar hojas de ruta en varios temas o algunos particulares – en ausencia de prioridades claras de gobierno –, la tentación de aprovechar los escándalos del momento para golpear a otras fuerzas políticas y llevar agua a sus molinos, termina por imponerse y genera una sensación de que todavía la mayoría de las agrupaciones políticas se encuentran en campaña electoral.

Nos encontramos atrapados en el coyunturalismo: la tramitación del presupuesto, el levantamiento del veto a la reforma procesal laboral, el ofrecimiento de una embajada a la Procuradora General de la República, las constantes pifias del ministro de la Presidencia, la renuncia y posterior arrepentimiento del diputado del Frente Amplio, Ronal Vargas, a su curul, entre otros.

Secuestrados por “frammings”, o narrativas construidas desde afuera por grupos económicos, sectores o minorías, con las cuales prácticamente se vuelve políticamente incorrecto disentir, producto de la incapacidad de los partidos políticos por construir las suyas.

Somos víctimas de la inmediatez, del juego corto y lo “light”. Vivimos en sociedades teledirigidas en términos de Sartori, en la civilización del espectáculo, según Vargas Llosa.