PARTE II – COSTA RICA AHORA Y CHILE HACE 40 AÑOS: LA NECESIDAD DE UN “THINK TANK” COMO MEJOR RELACIONARSE CON LOS EE.UU.

Warren Crowther, warren13@racsa.co.cr

En el previo artículo, resumí la intervención de los EE.UU. en la preparación del golpe del Estado y el sistema de represión en Chile en los años 70, y mencioné la importancia de tomar lecciones de esta experiencia, particularmente en Costa Rica. No estuve ideológicamente conectado con el Gobierno de Salvador Allende y su coalición política, y mi comportamiento a partir del golpe respondió mucho más a la necesidad humanista  e imperativa de salvar vidas, que a la redención política. Sin embargo, reconozco que fui influenciado mucho por la corriente política en mi selección de temas a trabajar y los enfoques y metodologías que he adoptado durante los 44 años de consultoría internacional incluso en 8 organismos de las Naciones Unidas. He observado constantemente en todo esto la falta de adecuada conceptualización y práctica en América Latina para defender sus intereses en sus relaciones con los Estados Unidos. ¿Por qué es inoportuno ahora en Costa Rica el falso mensaje sobre la supuesta sobredimensión de la intervención de los EE.UU. en Chile?   Cuesta reconocer en Costa Rica, igual como observó en 1969 Eduardo Labarca en su libro sobre Chile: “Reportaje de la intromisión extranjera”, que “los destinos de este país se ha decidido en gran medida en lugares lejanos”. Con la caída de los regímenes militares represivos, parece existir un sentido de respiro con respecto a la gravedad de las intervenciones estadounidense en América Latina, pero más bien hace falta tanto ahora como antes un “think tank” (grupo de pensadores) independiente en América Central de cómo relacionarse con mi país, para poder distinguir, como advirtió Diego Portales en 1822, entre los dulces y un envenenamiento de sus intervenciones e influencias en la región. Desde luego, tienen una tónica muy diferente ahora que hace 20-40 años, pero varios de los temas de controversias y disonancias en las relaciones con los EE.UU. son los mismos.  Se mantiene la falta de un análisis conceptual y construcción operativa de cómo mejor manejarlos para el máximo interés de las partes interesadas, siempre con énfasis en los derechos humanos de sus poblaciones.  Presento ejemplos tomados de la agenda de estos temas, ahora con respecto a violencia y seguridad, y en otro artículo con respecto a temas afines. Ilustro formas específicas de influir o intervenir a favor de mayor violencia e inseguridad acá:

  • Los EE.UU. romantizan la guerra, perdona rápidamente sus propios errores en ella y obliga el comportamiento consistente con ellos, por ejemplo por medio del Artículo 21.1 (b) del TLC (CAFTA).  Este artículo dice “Ninguna disposición de este Tratado se interpretará en el sentido de impedir que una Parte aplique medidas que considere necesarias para cumplir con sus obligaciones respecto al mantenimiento o la restauración de la paz y la seguridad internacional, o para proteger sus intereses esenciales en materia de seguridad.”
  • Al mismo tiempo, más que comparte, exporta sus propios problemas sociales incluyendo distintas manifestaciones de violencia, para mantener su sentido de superioridad moral y hegemonía política y económica y para aliviarse en algo las presiones para rectificar malestares internos.   Las nuevas y crecientes manifestaciones de violencia en Centroamérica pueden relacionarse directamente con el consumo y tráfico de drogas, el tráfico de armas, y la expulsión de miles de centroamericanos incluyendo muchos acusados de delincuencia.  Al no atacar estos problemas en sus raíces, estos superan las capacidades en la región para contenerlos.
  • Otro ejemplo de esta exportación de su problemática social se refiere a los fugitivos pedófilos de los controles de las Leyes Megan que tienen casi todos los estados de los Estados Unidos.  Ellos adoptan a Costa Rica como paraíso y originan gran parte de la explotación sexual comercial de menores de edad en el país.   Es necesaria una excelente articulación entre Migración costarricense, Interpol y las bases de datos policiales estadounidenses.
  • En todas estas manifestaciones de violencia, se necesita conciliar los objetivos compartidos entre los países pero no bien articulados entre sí en la práctica.  Por ejemplo, hay que evitar que el terrorismo sea una variante de antisubversión como pretexto de exageradas intervenciones o presencias militares.
  • Otro ejemplo de esto es la necesidad de que los EE.UU. respeten plenamente la no militarización en Costa Rica, y no presione a favor de la presencia en el terreno nacional de uniformados militares estadounidenses que tendrían inmunidad diplomática.   Tal vez se pueden crear puntos de entrega de los traficantes de drogas que esos militares logran apresar en alto mar, aunque lo más importante es retomar el tema de adicciones en general y ver cómo mejorar manejarlas.
  • Finalmente, en el tema de violencia y seguridad, las reservas que deben tener Costa Rica y el resto de Centroamérica con respecto a intervenciones o presencias inconvenientes de militares estadounidenses se relacionan mucho con las reservas sobre contaminaciones ambientales, dado que se ha reportado que el contaminador más grande en el mundo es la fuerza armada de ese país.

En lugar de ser un ejemplo positivo para el mundo, Costa Rica es una espina para el Pentágono, un mal precedente.  Ha mostrado como llevar 65 años sin ejército, sin preparar a los educandos a legitimar la guerra y violencia como transacciones normales y hasta patrióticas, como sucede en la gran mayoría de los países.   Son bondades que ni los padres de familia o docentes en este país reconocen.  Costa Rica tiene que concientizar y prepararse mucho mejor para no ser, como Chile, otro país víctima de la legitimización y eventual predomino de valores de militarización y violencia. Estos son motivos de proponer en Centroamérica un grupo de pensadores o “think tank” que estudie con autonomía, competencia y responsabilidad las relaciones con los EE.UU.   En otro artículo, pretendo ofrecer otros motivos.