A6 ¿Qué podemos esperar si gana el PLN?

editorialAlgunos analistas piensan que el país entró en un período de inflexión política. Nosotros no estamos seguros de ello. Esencialmente, la situación no cambió el 2 de febrero. El mayor triunfo lo tuvieron los desafiliados del sistema político, con un abstencionista que supera en votos no emitidos a los que logró L. G. Solís. Otro Solís, don Ottón, estuvo cerca de la elección en el 2006. Villalta fue el ganador del voto de protesta y de su exposición mediática. Los demás es más de lo mismo. Si el país no ha cambiado en forma sustantiva, el panorama sigue parejo, con posiciones que posiblemente se puedan distinguir en términos de aperturistas y neoestatistas ¿Qué nos daría un nuevo gobierno de Johnny Araya y el PLN? Veamos algunos ejemplos y tendencias.

Un nuevo modelo de desarrollo. El país cambió su modelo de desarrollo durante la Administración Monge Alvarez, con la adopción de los PAE. Dejamos atrás un país cerrado, proteccionista, porque el mundo se abrió. Siendo una economía pequeña, en la que el mercado interno no cuenta mucho, distintas formas de apertura dominaron el modelo hasta ahora vigente. El país siguió por un curso de cambios importantes que lo ubican entre los primeros de la región en materia de desarrollo humano. Y fue el único en América Latina que logró tales éxitos en paz y democracia. Y ese modelo, sin perjuicio de ajustes siempre necesarios, en lo esencial no cambiará en una nueva administración del PLN. Podría ser su rasgo dominante.

Pobreza extrema. El candidato liberacionistas ha planteado algunos ajustes, teniendo en mente los temas de la pobreza y la desigualdad. Ha anunciado la meta de acabar en los próximos 4 años con la pobreza extrema. Esto no es nuevo en el PLN, ya que en el 2007 bajó la pobreza a 16,5% por primera vez en unos 30 años, aunque la crisis acabó con ese logro. La promesa de J. Araya es atrevida, pero posible. Se trata de utilizar fondos del FODESAF para asegurar el acceso a la alimentación básica para quienes se encuentren en pobreza extrema. Cierto, desviste un santo para vestir otro, pero implica asumir una responsabilidad social con la población a la cual se le ha negado los mínimos para una existencia digna. Es un cambio de prioridades en la asignación de recursos con fuerte componente ético.

Reforma del Estado. El candidato del PLN ha dicho desde un inicio que esta es prioridad No. 1. Las razones las vimos en el editorial anterior: el Estado nos cuesta hoy el equivalente al 78% del PIB nacional y es el principal obstáculo del desarrollo. Es una costosa barrera burocrática, donde chocan y se destruyen las mejores iniciativas. Se habla con alguna claridad sobre un nuevo código de empleo público que, esperamos, quiera decir un marco común de gestión laboral para toda la administración pública. No lo sabemos, pero esperaríamos que las recomendaciones de los “notables” sea el punto de partida para esa reforma. Es decir, que incluye un ordenamiento integral de la administración pública y ajustes importantes en las relaciones entre los distintos poderes y organizaciones, para lograr que el Estado centre su atención, no en sus propios privilegios, sino en el bienestar de los costarricenses.

Reforma fiscal. El tema sigue siendo ambiguo, en parte porque la Administración Chinchilla Miranda hizo una propuesta de reforma, sin ajustes estructurales a los disparadores del gasto público. El Ministro de Hacienda ha aclarado algo esta postura, aunque no con la contundencia requerida. El tema central es que no puede haber reforma fiscal sin reforma institucional y que la primera es posterior a la segunda. Sin reforma institucional, la reforma fiscal puede agudizar la crisis de recursos. Como ya dijimos, la reforma del Estado ocupa un lugar prioritario en la agenda liberacionista.

Aperturismo. Una administración del PLN apuntará al modelo que ha venido aplicando el país con relativo éxito. El PLN le ha hecho grandes aportes al desarrollo del país y le ha tocado adecuar la economía a las demandas de la globalización. Lo hizo con éxito e incluso, mientras otros países sufrían el neoliberalismo, el nuestro adoptó un modelo híbrido que le produjo notables réditos sociales durante las décadas de 1980 y 1990. El apoyo al incremento de la participación privada en generación eléctrica, pegada en el congreso desde hace más de 6 años, tendría mayores posibilidades de éxito y sería un importante aporte para retener empleos e ingresos.

Crecimiento. Sin duda sería favorecido por un mayor respaldo al modelo existente, simplemente porque ha sido exitoso. Es posible que se brinde mayor atención a aprovechar las ventajas de los acuerdos comerciales, sin detener iniciativas tan importantes como la Alianza Pacífico con Chile, México, Colombia y Perú. Los agentes económicos sabrán que puede seguir su curso sin mayores cambios al modelo existente. La tendencia favorable del ingreso de capital extranjero se mantendrá, así como la garantía del que el régimen de producción en zona franca no cambiará en materia impositiva, al margen de los acuerdos asumidos con OMC. La descentralización de la economía, tendría mejores posibilidades de llevar desarrollo a Guanacaste, la zona norte, el pacífico sur y el Caribe, sobre las bases de planes ya existentes. La posibilidad de un crecimiento en el entorno del 5% para el 2014 y superior en años subsiguientes son factibles en estabilidad.

Gobernabilidad. El candidato liberacionista es el único que ha reconocido la imposibilidad de que un Partido o un Gobierno, cualquiera que sea, pueda llevar a cabo las reformas que el país necesita y encausarlo por la vía de un crecimiento acelerado, para lo cual ha planteado un gobierno de unidad nacional. Es un buen punto de partida, especialmente considerando que también ha dicho que traerá al Gobierno a la mejor gente, sin importar su filiación política. Quedan dudas sobre su ejecución, especialmente porque, al igual que el PAC, ha expresado deseos de abrirse a la participación de distintos sectores sociales. Es evidente que la resistencia gremial será la más fuerte, porque defenderá los privilegios que no quiere perder. Por otra parte, la resistencia a las reformas podrían frustrarla si el Gobierno no las abre al escrutinio público.

Es posible que el nuevo período electoral ofrezca mayor claridad sobre la propuesta de un gobierno de unidad nacional. Hay que hacer más y hablar menos nos dice el candidato ¿Cómo hacerlo? Lo primero que requiere es un proyecto de cambio. Hay suficientes ideas, especialmente en las propuestas de los notables, pero también en las iniciativas Vía Costarricense y Agenda Nacional. La movilización nacional debe centrarse en el cómo, ya que los diagnósticos abundan y hay razonables propuestas. Lo segundo es cómo superar una Asamblea Legislativa atomizada y con un reglamento que da la posibilidad para que un diputado se imponga sobre la mayoría. Un aspecto clave será hasta dónde se propone J. Araya incorporar en su Gobierno a otras fuerzas políticas.

Continuidad. Parece que alguien nos vendió la idea de que el país se nos cae en pedazos y que necesitamos salvadores para juntar esas piezas y reconstruir el futuro. Esto no se ajusta a la verdad. El país ha caminado relativamente bien, incluso durante la administración actual, una de las más mal calificadas en varias décadas. Apelamos al lector para que verifique aquí la obra de la Administración Chinchilla Miranda, sin que ello implique ignorar errores importantes. Pero el país goza de buena salud, aunque tiene también retos importantes, en su mayoría producto de las crisis cíclicas externas que golpean con severidad a los sectores más vulnerables. Fuimos exitosos con la crisis de los años 78-82 y con la aún más severa de los años 2008-2009. La década perdida de los 80, que castigó con dureza a muchos países de la región, estuvo marcada por notables avances políticos, sociales y económicos en nuestro país (ver indicadores AQUÍ). 60 años de progreso sostenido, en paz y democracia deberían ser suficientes para pensar que tenemos cualidades especiales y la capacidad para hacer los ajustes propios de la coyuntura actual. No necesitamos grandes cambios a un modelo exitoso. Solo necesitamos reformular políticas públicas adecuadas a problemas específicos, como el crecimiento, la pobreza y la desigualdad.