A6 ¿Qué podemos esperar si gana el PAC?

editorialLos medios parecen preocupados por los nuevos costos por votante. Por otra parte, ya caracterizamos las votaciones del 2 de febrero como una fiesta nacional y los observadores coinciden en que posiblemente sean las más limpias y cristalinas en toda América Latina. Muy bien para nuestro país, pero olvidamos un hecho esencial. Las elecciones son exitosas en la medida que el gobernante electo logre ejecutar el compromiso político adquirido (o plan de Gobierno) en su corta gestión de 4 años. Supongamos que L. G. Solís y el PAC ganan las elecciones ¿Qué harán en algunas áreas críticas para el desarrollo?

El Estado nuestro gran problema. Si no lo resolvemos, como lo ha anunciado el Ministro de Hacienda, entraremos en un caos muy parecido al que experimentaron Grecia y España. Nuestro Estado nos cuesta hoy el equivalente al 78% del PIB (según datos de la CGR y proyección del PIB por parte del BCCR). Eso hace que los recursos nacionales estén comprometidos en un aparato estatal que, por otra parte, parece diseñado para que nada se haga. Además, estamos en un punto alto de la crisis institucional en que el efecto bola de nieve hace que el problema se agrave a una velocidad endemoniada. El mísero incremento salarial recientemente adoptado para el funcionario público (0,43%), hará que instituciones como la CCSS tenga que desembolsar unos 35 mil millones de colones por ajustes en los pluses incorporados en la estructura salarial. El país necesita con urgencia un marco laboral uniforme en aspectos como salarios, años de servicio para el retiro, pensiones, cesantías entre muchos otros beneficios laborales, todo ello en el marco del artículo 33 de la Constitución Política que establece el principio de igualdad para todos los costarricenses ¿Tiene actitud y voluntad el PAC para resolver el problema del Estado? Su principal limitación puede ser que los compromisos adquiridos con los sectores laborales lo lleven a interminables negociaciones, reforzadas con paralizaciones callejeras, el pasatiempo favorito de los ticos.

El déficit fiscal parece ser una preocupación central del fundador del PAC y posible Jefe de Fracción legislativa. Ya había tomado su propia decisión al apoyar a la Sra Presidente en un proyecto similar. Don Ottón parece desconocer que el déficit fiscal es consecuencia y no causa. Consecuencia de los incontenidos disparadores del gasto antes mencionados, aunque también de un Estado que no funciona, en gran parte porque al ejecutivo se le han cercenado sus funciones y autoridad desde la constituyente del 49. Gastamos sumas monumentales, pero en las turbias aguas de la administración pública naufraga cualquier proyecto de desarrollo.

El PAC tiene una distorsión ética. Ve las “galletas”, lo chico, pero no lo grande. El país ha perdido la confianza en la democracia y no cree que los políticos tengan capacidad para encarar los retos del momento. Los “desafiliados” ganaron las elecciones y lo volverán a hacer en abril 6, porque no tiene sentido votar si después los gobiernos no cumplen sus promesas de campaña. Esta es la mayor transgresión ética que le podemos hacer a la democracia. Sin embargo, podemos darle una dimensión económica. El Estado nos cuesta la friolera del equivalente al 78% del PIB (según datos del presupuesto pública en CGR). Para tener un punto de referencia, el costo del Estado sueco era en el 2005 el equivalente al 56% del PIB, aunque parecen haber reducido aún más esa cifra. La diferencia es que Suecia tiene una infraestructura de primer mundo y servicios públicos de lujo. Nuestro Estado en cambio es la gran traba que detiene cualquier iniciativa de desarrollo, no da una infraestructura de quinto mundo y los servicios esenciales son caros y de mala calidad. Las pérdidas económicas son descomunales. Nuestras estimaciones de pérdidas por ineficiencia pública ronda los $7000 millones por año (con un 20% de pérdida por ineficiencia). Y esto es un enorme fraude político y económico. El déficit fiscal es cosa chica, pero en todo caso no puede haber reforma fiscal sin una reforma institucional de fondo. En el PAC hay fuertes corrientes neoestatistas que no favorecen una reforma del Estado.

Crecimiento es la clave para generar empleos e ingresos y por tanto para combatir la desigualdad y la pobreza. Por supuesto, se requiere una política pública capaz de quebrar ciertas tendencias, entre ellas nuestro inequitativo sistema tributario. Pero, en nuestro modelo, el crecimiento proviene de las llamadas aperturas, confrontadas por el neoestatismo, muy fuerte en el FA y, como ya dijéramos, en un sector el PAC. Una sensación de incertidumbre ya se cierne sobre la economía nacional, que ha afectado la situación cambiaria del país. También preocupan las posiciones en materia impositiva para la industria en zona franca, al margen de los acuerdos con la OMC, y la influencia que puedan tener en una administración de L. G. Solís, los sectores que quisieron descarriar el TLC después de que el país había tomado una decisión soberana con el referendo.

Otros ejemplos agregan incertidumbre. Hoy los costos de los servicios públicos (producto de la crisis del Estado) constituyen un riesgo para la competitividad. Ya varias empresas han salido del país (menos empleo e ingresos) y otras posiblemente lo hagan en años subsiguientes. El neoestatismo ha detenido, por más de 6 años, la reforma para aumentar la participación del sector privado en la generación eléctrica, a pesar de que hay evidencia objetiva que puede hacerlo a menor costo. Algunos tratan de ocultar su estatismo diciendo que protegen el patrimonio nacional. Sin embargo la evidencia objetiva apunta en dirección contraria. Las empresas del Estado se han mantenido sólidas con las aperturas en banca, comunicaciones y seguros, aunque, más importante, le vienen brindando un mejor servicio a los costarricenses. Y a menor costo. Es la misma posición que impide la explotación de la geotermia en parques nacionales, a pesar de que ello conllevaría restituir el pequeño daño ambiental producido.

La crítica del neoestatismo también parece atacar la preponderancia de las exportaciones. Hay una realidad que algunas actitudes proteccionistas no logran entender. A diferencia de países grandes, como Brasil, Colombia o Argentina, el nuestro no tiene un mercado interno del cual pueda depender la economía. La estrategia centrada en las exportaciones, no es una decisión casual dentro de una gama de opciones. Es la decisión correcta por la pequeñez de nuestro mercado, la misma que muchas naciones pequeñas han tenido que tomar (Taiwán, Singapur, Corea, etc.).  Cierto que tal vez podamos hacer más por el productor interno, pero no en menoscabo de la estrategia de las exportaciones y de los convenios comerciales que hemos asumido con éxito. La idea de revisar acuerdos, muy fuerte dentro del FA, no debe calar en un nuevo gobierno, porque crearía incertidumbre en la inversión extranjera y entre exportadores. Sin embargo, el riesgo existe entre quienes en algún momento tuvieron la confianza del candidato L. G. Solís.

Gobernabilidad. El PAC parece apoyar algunos mecanismos de consulta popular. Hay un hecho duro que es necesario reconocer: en democracia, el Gobierno debe decidir y la población debe obedecer. Podemos opinar y en Costa Rica lo hacemos en exceso, pero son el Gobierno y el Presidente los encargados de llevar al país por la senda de hechos concretos que mejoren su calidad de vida. Para eso los elegiremos el 6 de abril. Los mecanismos de consulta no pueden traducirse en factores de ingobernabilidad, como es posible en nuestra cultura participativa, reforzada por una creciente sensación de que al Gobierno se le tuerce el brazo paralizando el tráfico en las principales vías nacionales (democracia callejera). El PAC enfrenta el riesgo de que una posible ley de empleo público sea frustrada por la acción sindical o de que reformas más de fondo a la institucionalidad sean neutralizadas por manifestaciones populares. Este será posiblemente su más grande reto, porque de esas reformas va a depender la eficacia del Gobierno en los próximos 4 años.

Conclusión. El PAC tiene una buena oportunidad de convertirse en Gobierno por primera vez en su corta historia política y de traducir sus aspiraciones en beneficio de todos los costarricenses durante los 4 años comprendidos entre 2014-2018. La “acción ciudadana” puede ser su gran fortaleza o su mayor riesgo. Para evitarlo, necesita lidiar con dos factores: uno, la cultura del costarricense, inclinado por sustituir el análisis constructivo por la crítica exacerbada e interminable. Otro, ejecutar un plan de gobierno, en un entorno político de extrema polarización y atomización, especialmente legislativa. El éxito depende, en primer término, de la claridad y profundidad de las reformas que emprenda. Hacer del Estado un socio para el desarrollo y no el obstáculo que es hoy, implica entender que la reforma debe recomponer la autoridad del Ejecutivo y cambiar la cultura que ha hecho del control y la independencia, fines en sí mismos, en perjuicio de los resultados finales en el bienestar de los costarricenses. Y, en segundo término, de que la “acción ciudadana” no sea un mecanismo de ingobernabilidad, cuya responsabilidad tendrá que asumir el PAC al final de su gestión.

¿Qué pasará si gana el PLN? Eso lo veremos en el siguiente editorial.