Final de la gesta electoral: reflexiones

editorialLa campaña política ha concluido y antes que de que vayamos a emitir el voto, nos queda un breve espacio de reflexión. Bajo la emocionalidad de una campaña que busca impacto político se ocultan algunas realidades más o menos objetivas. Júzguelas usted:

¿Cuál crisis? El país no está en crisis parece decirnos un analista de peso. Y lo sustenta con datos: “En la actualidad, el costarricense que nace tiene una expectativa de vida de 78 años, contra los 57 que tenían los que nacieron en 1950; la pobreza del 21%, que hoy nos causa vergüenza porque no hemos podido reducirla desde 1994, en 1950, era superior al 50%. La actual tasa de analfabetismo del 3%, a mediados del siglo pasado, era del 21%; y que la cobertura de la seguridad social, que ahora es del 95%, en ese entonces era apenas del 8%. Otros índices importantes son, por ejemplo, el gasto social que, en el 2010, fue casi de un 20% del PIB, a diferencia del 8.6% de 1950; así como el 5.8% del PIB que se destinó a la educación en el 2010, a diferencia del 1.5% de aquella época”. Cierto, pasamos por un período de inflexión histórica, en que la globalización no somete a oportunidades y riesgos. Pero el país ha enfrentado retos similares con éxito, por ejemplo la transformación del Estado al Estado de Derecho de la década de 1940.

El miedo inverso: la amenaza del neoliberalismo. Es un elemento dominante del discurso de izquierda radical e incluso de centro izquierda. Le damos a usted, lector el argumento y por lo menos un enlace con mayor detalle del tema. Costa Rica tuvo un ritmo constante de progreso, que incluyó la famosa década del Consenso de Washington y de amplio dominio internacional de EE UU e Inglaterra bajo los 8 años de la administración Reagan y los casi 11 años de la Sra. M. Thatcher, respectivamente. En América Latina se acuñó la expresión la década perdida de 1980. Pero nosotros no adoptamos el Consenso de Washington, principal instrumento del modelo neoliberal, tomamos algunas ideas por adecuación al nuevo entorno global y aplicamos muestro modelo híbrido. Incluso analistas independientes extranjeros fueron sorprendidos por los éxitos de nuestro país, en contraste con el daño general a la región. Ver más detalle del tema AQUÍ.

El país no está en crisis. Nuestro Estado sí está en crisis: cierto que el Estado representa una parte esencial de nuestro desarrollo. Pero en el afán de hacer un Estado fuerte, hemos fallado y sólo hemos logrado un Estado esclerótico e ineficiente. Hay que revisar en su totalidad esa estructura onerosa y disfuncional para convertirla en un socio del desarrollo (ver aspectos esenciales de la reforma AQUÍ). Vuelva al segundo párrafo de este editorial y díganos si los indicadores mencionados hablan de un país en crisis. Cierto que hay lagunas, pero en su mayoría están relacionadas con crisis cíclicas de orden internacional y en las que el país sólo puede aplicar correctivos de impacto parcial.

¿Cuál crisis fiscal? Que el gasto público supere en el equivalente a un 6% del PIB nacional a los ingresos, no significa que exista una crisis fiscal. Si lo aceptáramos, estaríamos confundiendo la gordura con la hinchazón. De nuevo la crisis es del Estado que no funciona por problemas de organización, gestión y privilegios económicos. Sin correctivos en esos tres aspectos centrales, las reformas para aumentar los ingresos fiscales resultarán en un mayor costo de la ineficiencia. Y, además, incurrir en ese error es suicida cuando hoy nuestro Estado nos cuesta a todos el equivalente al 78% del PIB, cifra sustancialmente más alta que el costo del Estado de un país rico, Suecia, que ronda poco más del 60%. El faltante se resuelve con reformas esenciales y más inversión en infraestructura y otras áreas que eleven la capacidad competitiva del país y nos lleve a niveles crecimiento comparable con los de precrisis 2008-2009. Se agrega a ello que prácticamente toda reforma parte de racionalizar el Estado en forma integral.

Lo malo: frente a esta realidad, 13 partidos disputan la presidencia y varios más buscan representación legislativa de intereses regionales. La experiencia de la alianza que manejó el congreso en el período 2012-2013 fue un desastre bajo cualquier ángulo de análisis. Tendremos por primera vez un gobierno esencialmente parlamentario en un régimen republicano. Los retos para el Presidente Electo son enormes y requiere de una figura de gran nivel, que excepcionalmente se encuentra en los entornos políticos nacionales. Pero aun si lo consigue, los resultados serán menos que satisfactorios.

Lo bueno: que la mayoría de los candidatos han manifestado su idea de un gobierno de unidad nacional. La lógica es contundente: se enfrentan problemas de gran complejidad que están más allá de la capacidad de cualquier partido o gobierno, especialmente con un congreso atomizado que en el mejor de los casos representará un serio escollo para lograr la aprobación de proyectos esenciales para el desarrollo nacional. El concepto de unidad nacional debe traducirse en un proyecto de convergencia nacional construido en torno a las ideas centrales de cambio, ya definidas por grupos como los notables, Vía Costarricense y la Agenda Nacional, y con la participación de todas las fuerzas políticas y civiles. Además requiere la participación de liderazgos fuertes, políticos y civiles, para encausar la participación hacia las soluciones y no a los diagnósticos que llenan nuestros “anaqueles” físicos y digitales. La autenticidad y extensión de los espacios de participación definirán la posibilidad de un cambio acelerado que, en sus puntos críticos se resuelvan en el muy corto plazo (2014) y mediano plazo (2014-2018).

Las endemoniadas encuestas: los medios tienen la capacidad para confundirse a sí mismos y confundir a los demás. Los reportes periodísticos con frecuencia ocultan datos, posiblemente más por ignorancia que por intencionalidad oculta, aunque a veces por una combinación de ambas, por ejemplo cuando dan la preferencias en porcentajes sin explicar que el universo es el total del padrón electoral o los votos emitidos válidos. Más importante es ver las diferencias que hacen, en números absolutos el margen de error, que en algunos casos llegan o superan los 6 puntos porcentuales. Un punto porcentual relativo al padrón electoral son algo más de 40 mil votos. Es decir los 6 puntos porcentuales son algo más de 240 mil votos. En realidad la encuesta es un elemento útil, pero es relativo. Por ejemplo, según la última encuesta del 29 de enero de Cid Gallup, al PLN le faltarían 4.6 puntos porcentuales. Se refiere a los votos legítimos emitidos, que se estima en el 70% de padrón, de donde resulta que un punto porcentual ronda los 30 mil votos. Los 4,6 puntos requeridos para ganar en primera ronda son unos 138 mil votos, una tarea difícil en los tres o cuatro días faltante para las elecciones del 2 de febrero. La información sigue siendo útil: es altamente improbable, según la encuesta, que haya un ganador en primera ronda. Hay que tomar en cuenta otras reglas de juego aplicables a una segunda elección en abril con solo dos candidatos.

Al carajo las ideologías, más o menos: parece que el país sufre de desencanto ideológico y le cuesta encontrar identidad entre las 13 tendencia que aspiran a la candidatura presidencial. Entre los grupos dominantes es un poco más notorio. En el PLN persiste, un tanto silencioso por razones obvias, un volver a un pasado realmente socialdemócrata del país que fuimos, irrelevante para el país que somos, en un entorno global que exige ajustes. La realidad política ha ido reduciendo o callando la brecha. El ML le robó la bandera al PUSC, pero éste insistirá en una lucha infructuosa durante la primera ronda. El romance es aparente entre el FA, que ha crecido a costas del PAC, pero el PAC arrastra la resistencia de su fundador que enfrentó a los chavistas dentro de su propio Partido. Le será por tanto más difícil aceptar a los chavistas auténticos del FA. Todo lo cual sugiere un nuevo juego de reglas de reagrupamiento de afinidades entre dos candidatos, uno de los cuales tiene muy buenas posibilidades de ser el PLN y el otro lo sabremos después del 2 de febrero. Borrón y cuenta nueva. Y sí, las encuestas nos ayudarán a estimar tendencias, aunque no necesariamente nos dará el ganador.

Estas pueden ser reflexiones razonables de cara a las elecciones del día 2F ¿Cuáles son las suyas?