Cor-ticos, Polí-ticos

noticortosSi creyéramos en la retórica electoral, hasta aquí llegó la crisis responsable por un entorno social de crispación y frustración. Las promesas abundan, pero hay ausencia de contenidos ¿Qué se puede esperar de cara a las elecciones que se llevarán a cabo en pocos días? Veamos si podemos acercarnos a la realidad.

¿Los mismos de siempre? Es el estribillo que Villalta repite hasta el cansancio. Además, insiste en que no tienen cola que le majen, léase honestidad y transparencia. Sí, dice Araya, somos los mismos de siempre, los de los grandes cambios del país, el único en América Latina que lo hizo sin derramar sangre, en democracia. La Presidente del FA resalta la honestidad, a la vez que se muestra complaciente con la situación del candidato a diputado, Arguedas, quien tuvo una causa por violencia familiar y, además, le quiso sacar unos cuantos millones al ICE, lo que fue repudiado por una buena del sindicalismo de esa misma institución. El PAC sufre un desgaste interno en una situación similar de otro candidato a diputado violador de los principios éticos de la agrupación. La situación de los dos candidatos se conocía, incluso públicamente a través de denuncias de la prensa ¿Por qué ambos, el FA y el PAC, ignoraron reconocer esos hechos antes de que ambos candidatos a diputados fueran propuestos y ratificados por la asamblea de los respectivos partidos? ¿Comportamiento tradicional, los mismos de siempre?

¿Comunistas? El FA es heredero del partido comunista costarricense. Alegan que siguen la Escuela de Manuel Mora, cuya lucha social fue reconocida por el país al conferirle el honor de Benemérito de la Patria. Sin embargo, la obra social que se desarrolló en Costa Rica no es mérito de Mora, sino de un gran conjunto de costarricenses que lucharon por cambiar al país durante toda la primera mitad del siglo pasado. Además de los comunistas que con justicia se les ha reconocido su contribución patriótica, muchos no lo fueron. El sacerdote y general Volio es el más sobresaliente luchador por los derechos de las mayorías. L. D. Tinoco fue el bastión que dio origen a la UCR, pilar de nuestra educación; y Rodrigo Facio el que concretó el sueño. Las garantías sociales fueron obra de Calderón, Mora y Sanabria. Pero el que las amplió y ejecutó fue don Pepe, que dio origen a la Segunda República. Y hay otras figuras, como Dengo y González Flores, que hicieron grandes aportes. Sabemos lo que los mismos de siempre han hecho, pero no tenemos señales claras de lo que puedan hacer los políticos de nuevo cuño.

El gran villano no son los mismos de siempre que erraron en el pasado, ni los nuevos que lo harán en el futuro. Cierto que muchos políticos, del pasado y del presente, comparten su responsabilidad por la postración que castiga con severidad a los grupos más vulnerables y, también, por el chorizo instalado en nuestra compleja tramitología. El villano es el “sistema”, el mismo que le niega al ejecutivo capacidad para conducir y ejecutar; que se sustenta en una organización y gestión públicas ideadas para el control y que degrada los resultados; y en procedimientos judicializados, con igual orientación, diseñados para que las cosas no se hagan; o, el entorno laboral de privilegios, impunidad e improductividad. El villano, que actúa como causa principal de los problemas de toda la institucionalidad pública, es el Estado que nos dio importantes beneficios pasados, pero que está agotado en la realidad actual. La solución obvia es cambiarlo, respetando sus fortalezas que son muchas, y aunando las fuerzas políticas y civiles en torno a una meta nacional de renovación.

¿Lo posible? Sí no somos realistas, podemos profundizar la frustración y el enojo colectivo que invade nuestra conciencia colectiva. La obra de cualquier gobierno estará limitada por factores internos y externos. Los internos: un Estado oneroso, que absorbe los recursos que el país necesita para el desarrollo y que secuestra, por ineficiencia, todo proyecto de beneficio político, económico y social. Los externos: situación económica mundial que, si bien tiende a mejorar, no permitirá el nivel de crecimiento necesario para hacer una diferencia en empleo, ingresos y pobreza. Lo que sí podemos esperar es un buen gobierno que impida mayor deterioro social y que cree las bases para una recuperación futura. Para ello es esencial una reforma institucional de fondo que elimine los factores de improductividad y despilfarro público, a la vez que impulse la productividad y el crecimiento dentro de las limitaciones correspondientes. Sin la reforma, todo seguirá igual.

¿Las extremas y las preferencias electorales? Si pensamos para nosotros en el capitalismo de estado que se practica en Cuba o Venezuela, estamos perdidos; al igual que si la opción libertaria fuera la economía de mercado, por ejemplo, la que practicó Chile durante la dictadura de Pinochet, que dejó a más de la mitad de la población en pobreza. Ninguna de estas opciones forma parte de la realidad política nacional. Lo que el FA plantea está equivocado, no por comunista, sino por dos razones esenciales: su tendencia a demonizar el mercado y su preferencia por más Estado, cuando hoy su costo como proporción del PIB llega al 78%, sustancialmente más alto que el de Suecia, un país rico. Un mayor crecimiento del Estado llevará a un menor crecimiento económico, menos oportunidades de empleo e ingresos y mayor pobreza. Además, un gobierno del FA, sin cuadros y estructura para hacerlo, sería un caos generalizado. Por otra parte, el ML libertario tiende a una situación más moderada, asumiendo la bandera que alguna vez fue propiedad del PUSC. La campaña del miedo, por un lado con los de siempre y, por otro, con el mercado, no tiene sustento  alguno, pero constituyen riesgos para el país, esencialmente por la pérdida de oportunidades para salir de la crisis.

¿Un gobierno renovador y sin extremos? Es lo que propone el PLN, para no caer en el vacío. Lo de renovador, corrector de los errores del pasado, es posible. Pero solo si se dan dos condiciones: una, que el Gobierno se libere de las presiones de grupos de interés cercanos a la campaña de su candidato, entre ellos el sindicalismo público, de tal manera que los factores causales de la crisis institucional puedan ser corregidos; y, otra, que se reconozca la inviabilidad de una reforma estatal desde la perspectiva de una partido cualquiera, lo que implica impulsar un movimiento de convergencia nacional, para compartir los costos políticos de la reforma y facilitar las decisiones correspondientes. Crear ese movimiento no es tarea fácil, porque requiere de un liderazgo fuerte en un entorno político atomizado y difuso, en el que los intereses de grupo con frecuencia se imponen sobre los nacionales. Pero ese es el gran reto que encara el país.

¿Encontrarnos con nosotros mismos? La atomización y dispersión política es parte esencial de nuestros problemas. Buscar culpables en figuras fantasmales como el neoliberalismo o el comunismo es derrotista y favorece el statu quo. El sentido de frustración nacional podría ceder si las políticas dejan sus rigideces ideológicas y se centran en la solución de problemas. Hacerlo tendría un mayor impacto en integración e identidad nacional, tanto en el plano político como en el civil. Es el principal factor de unión del costarricense, temporalmente polarizados en las izquierdas, el centro, las derechas y los desafiliados del sistema político, que son mayoría. Triunfará el liderazgo que reconozca un cambio en esa dirección; o perderemos todos haciendo más de lo mismo.