Cor-ticos

noticortosLa política sigue siendo el platillo dominante, por más desencanto y abstención esperada. Hoy domingo arrancan los debates formales, patrocinados por el Tribunal Supremo de Elecciones. El autor de estas notas lo espera con interés, aunque el formato con la inclusión de candidatos que no tienen ninguna posibilidad real, les resta interés. Habrá que esperar para que los medios u organizaciones independientes patrocinen uno o más debates entre los tres contendientes que sí tienen posibilidades.

El miedo como recurso electoral. Las ventajas alcanzadas por el Frente Amplio (FA), que representa a corrientes de izquierda que históricamente no han alcanzado más del 3% del electorado activo, ha suscitado el mayor interés. El recurso del miedo parece asustar a diversos sectores. Lo emplea el FA, cuando utiliza la figura tremendista de que el país se nos cayó a pedazos y pide enterrar todo lo tradicional (los mismos de siempre), desechando así la rica conquista histórica de la democracia nacional, la única en América Latina que ha logrado avances en paz y democracia. Y también a sus rivales que advierten sobre los riesgos de políticas como las que se instalaron en Cuba y tiene a Venezuela postrada en el plano político, económico y social.

¿Cuáles son las diferencias reales? Es difícil puntualizarlas, excepto por dos corrientes claras, el aperturismo y el neoestatismo. Este último es bandera clara del FA, más evidente cuando se ataca a las fuerzas del mercado y las descalifica con severidad. El FA dependería de más Estado, aunque se cuida de no asustar a los costarricenses, cansados de organizaciones públicas que no funcionan y que representan una carga económica importante. La crisis fiscal y los multiplicadores del gasto son clara evidencia de ello. El aperturismo conforma la esencia del modelo que el país adoptó a partir del colapso del anterior modelo de sustitución de importaciones. Conlleva la tradición de las respuestas criollas, que sin acudir a las privatizaciones, han abierto el mercado para corregir las distorsiones de los monopolios públicos y favorecer la industria exportadora, como ha ocurrido con los mercados regulados de la banca nacional, las comunicaciones y los seguros. El PAC se encuentra en medio, con una combinación de posiciones neoestatistas y alguna aceptación de las aperturas, aunque fue el principal opositor del TLC.

Identidad ideológica: se ha perdido en el entorno político actual, pérdida evidente en el rechazo al proceso electoral por parte, se estima, de una 35% de los electores registrados y por algo cercano al 20% que no han podido definir sus preferencias entre 13 partidos inscritos. Cierto, hay izquierdas radicales, incluido el FA, y derecha extrema como el ML. Pero los votantes parecen poco inclinados a definirse por ideología y  privilegian la capacidad de los aspirantes a encarar con éxito los serios problemas que enfrenta el país. Sí es evidente un movimiento al centro, donde se supone, está concentrado el electorado. Villalta se esfuerza por ocultar sus simpatías chavistas, muy contundentes en el FA, mientras Guevara intenta mostrar una cara más social, aunque su preferencia por el mercado es evidente. La evidencia histórica no les ayuda: no hay experiencias socialistas de extrema izquierda exitosas, como lo evidencia el fracaso soviético y en nuestro medio las experiencias cubana y venezolana. O de mercado, como la chilena (laboratorio de los chicago boys) con Pinochet. Las democracias siguientes llevaron la pobreza a un mínimo aceptable y ha sido la menor de América Latina por varias décadas.

Neoliberalismo. En medio de la crisis y de la búsqueda de culpables, el neoliberalismo domina en mucho la retórica política. Curioso, porque en las décadas de 1980 y 1990 afectadas por las corrientes ultraliberales (impulsadas por Reagan en EE UU y Thatcher en Inglaterra), el país alcanzó notables logros, entre otros: crecimiento acelerado, alto nivel de empleo, crecimiento real de los salarios, mejoras de las coberturas de servicios esenciales, aumento de la equidad, reducción de la pobreza, etc. La realidad, demostrada por varios estudios serios, es que el país no transitó por el Consenso de Washington y el neoliberalismo no fue aplicado. Costa Rica, como generalmente lo hace, adoptó una posición intermedia y un modelo híbrido. Sí es una realidad que las conquistas han tenido algunos retrocesos temporales, producto de crisis cíclicas externas. Posiblemente los problemas que encara el país se originan en ello y en la crisis interna de nuestro Estado disfuncional y oneroso (ver indicadores cuantitativos de los progresos nacionales en las décadas de los 80 y 90 AQUÍ).

¿Cuánto cambio podemos esperar con el nuevo Gobierno? El país no puede evadir la responsabilidad de hacer una renovación extensa de ese Estado ineficiente y oneroso que tiene varado su desarrollo, lo que constituye una responsabilidad interna, posible si hay voluntad política. Su costo político es enorme, razón por la cual tendrá que decidirse con alguna forma de convergencia política/civil, donde también hay restricciones propias de un entorno atomizado e inconveniente para lograr acuerdos. En crecimiento y lucha contra la pobreza, las expectativas tienen que ser moderadas. La situación económica mundial no es favorable y el crecimiento a niveles del 4% no posibilitará mejoras sustanciales.