La política de miedo y la tergiversación de los hechos

editorialUn video, originado en el entorno universitario, rechaza todo lo tradicional y proclama, sin hacerlo explícito, lo nuevo: el Frente Amplio y su candidato Villalta. Es evidente que el país tiene problemas y que los partidos tradicionales tienen su cuota de culpa. Pero de ahí a una presentación catastrófica de la situación del país, hay una distancia que sólo se puede atribuir a ignorancia o perversidad oculta de quienes creen que hay que destruir el sistema para luego crear alguna utopía indefinida o, peor, que promueven, de nuevo sin ser explícitos, el desastre tipo Cuba o Venezuela como salvación de Costa Rica. Y la ventana de oportunidad se les presenta en el sentido nacional de desencanto y rechazo político, construido con un sólido aporte mediático.

No nos interesa entrar en discusiones conceptuales sobre la debilidad o intencionalidad de esa visión catastrófica. Sí desvirtuar la base de su fatalismo: Costa Rica en el fondo del precipicio. Y poner en objetiva perspectiva histórica, los logros enormes que el país ha alcanzado en décadas recientes, producto de la política tradicional.

Visión histórica: en la década de 1940 Costa Rica tenía menos de un millón de habitantes, en su mayoría jornaleros pobres, en alta vulnerabilidad por la inexistencia de las coberturas básicas: comunicaciones, electricidad, salud, educación, infraestructura sanitaria, vivienda, etc. La expectativa de vida media no llegaba a los 50 años. La iniciativa de un partido tradicional, en un trascendente acuerdo que juntó tres voluntades ideológicas antagónicas, Calderón, Mora y Sanabria, hizo posible la adopción de las garantías sociales. Fue un punto de inflexión, en el que el Estado, por primera vez, asume una posición contundente de participación directa en el desarrollo del país, rompiendo en ello con las corrientes liberales dominantes. Se agrega a este proceso otro visionario de nuestra política tradicional, José Figueres Ferrer, y surge la Segunda República y el nuevo país que se construye en las décadas de 1950, 1960 y 1970, más urbano, con las coberturas ausentes en la década previa (salud, educación, electricidad, etc.) y la aparición de una amplia clase media. Estos cambios en general son reconocidos como positivos por las grandes mayorías de la población, por más que algunas minorías nos quieran hacer pensar otra cosa. Digamos que el progreso logrado es una verdad evidente por sí misma, que no requiere respaldo objetivo.

Hacia fines de la década de 1970 y principios de la siguiente, el modelo de sustitución de importaciones se agota, por su carácter de economía cerrada, y es sustituido por otro basado en la apertura al comercio mundial y de la promoción del turismo. Queremos focalizar la atención del lector en dos aspectos: uno, que el argumento de quienes hoy tienen una visión catastrófica del país, aunque también en algunas grupos políticos tradicionales, según el cual a partir de la década de 1980 se impuso el neoliberalismo, es una mentira enorme y una falta de honestidad de quienes la acogen. El modelo de sustitución de importaciones ciertamente no funcionaba en el entorno global, como una realidad externa, aunque dejó notables beneficios en términos de una base industrial fuerte para funcionar con éxito en el nuevo modelo, dominado por las aperturas. La década de 1980 a nivel mundial estuvo bajo la influencia de los gobernantes liberales, Ronald Reagan en EE UU, y Margaret Thatcher en Inglaterra, y el llamado Consenso de Washington, que no se aplicó en Costa Rica. Hay estudios con una sólida base científica que sustenta este punto de vista, cuyo análisis no tiene el espacio requerido en este editorial. Pero es importante dejar claro que el progreso alcanzado a partir de la década de 1950 mantuvo su ritmo hasta fines del siglo XX y ha sido exitoso en lo que va del presente siglo. Sustento esta afirmación en los siguientes indicadores objetivos, algunos de ellos con una sólida base cuantitativa:

¤ Costa Rica se distingue en América Latina por sus niveles de desarrollo humano y por ser el único país que lo hizo en paz y democracia. Todos los demás países, sin excepción, tuvieron que luchar y derramar sangre para superar dictaduras o para alcanzar los derechos y niveles de bienestar similares a los nuestros. Muchos siguen en esa lucha.

¤ A diferencia de otros países, Costa Rica no perdió la década de los 80. Todo lo contrario, mantuvo si ritmo de desarrollo con lo demuestran los siguientes indicadores.

¤ Crecimiento: en 1982 el PIB había caído a $2.510 millones. En 1984 ya se había recuperado a $3.646 millones y en dos años más alcanzó la cifra de $4.377 millones. El coeficiente de inversiones de Costa Rica fue de 27,3%, superior al chileno de 23,3% y mucho más al de Colombia de 19,2%. La productividad del trabajo, que se había estancado durante la sustitución de importaciones, creció en los años 1985-1992 un 27%. En el período 1984-1994 el crecimiento promedio fue de 4,5%.

¤ Apertura económica, medida como la proporción de las exportaciones, la importaciones y el turismo en el PIB, ha alcanzado 72%. Las exportaciones no tradicionales constituían el 38,6% en 1982, 38,8% en 1986 y 59,4% en 1996.

¤ Emprendedurismo y productividad. Las aperturas fueron asimiladas con relativa facilidad, tal vez gracias a los beneficios del modelo de sustitución de importaciones, como lo describe un conocido autor: Se “Redujeron al mínimo sus líneas de productos y especializaron la producción, fabricaron nuevos bienes, ampliaron sus plantas, modificaron la organización de sus empresas, incorporaron nuevas tecnologías, capacitaron el personal y buscaron nuevos mercados” (E. Lizano).

¤ Distribución: El desempleo, alimentado por la crisis, llegó al 9% en 1982. En 1986 ya era del 6,2% y en 1994 de 4,2%. Hubo un desplazamiento de las actividades de menor productividad, como la agricultura, a las de mayor productividad, como los servicios y la agricultura de exportación no tradicional. Se redujo el número de familias pobres de 48,1% en 1982 a 24,6% en 1986 y a 15,8% en 1994. La pobreza rural de 1989 fue reducida en casi dos terceras partes.

¤ Salarios: se recuperaron a nivel de pre-crisis con un índice de 77,2% (base 100 en 1980), y de 103,6 en 1985. En 1993 ese índica alcanzó un 115,8. Los salarios reales aumentaron a una tasa más elevada que la del PIB per cápita; aumento del salario real de la mujer creció más rápido que el del hombre.

¤ Clase media: aumenta al pasar de 24,5% de las familias en 1987 a 29,1% en 1994. “El índice de la evolución del ingreso medio por deciles, muestra que para los tres deciles más bajos mejoró significativamente su ingreso, mientras que los deciles medios se mantuvieron relativamente estables, con incrementos del quinto al noveno decil…”

¤ Nivel de vida: la calidad de vida del costarricense mejoró en forma notoria, como lo confirman los indicadores de desarrollo humano, con claros avances entre 1980 y 1995. Aquí algunos: esperanza de vida al nacer pasó de 73,5 años 75,6; la mortalidad general de 4,1 a 4,2; de mortalidad infantil de 19,1 a 13,2; la de nacimientos con asistencia médica de 91,5% a 97,7%; la de población cubierta por régimen de invalidez y muerte de 75,7% a 86,4%; la de niños con desnutrición de 9 a 5,1; la de población con agua potable de 96,1% a 98,5%; la de años promedio de educación de 5,9 a 6,8; la de PEA con educación primaria de 11,2 a14,8.

¤ Crecimiento en los 13 años a partir del 2000. Los indicadores muestran avances en los primeros años de nuevo siglo, a pesar de altibajos producidos por factores externos. El crecimiento promedio de los 13 años se mantuvo en un 4%. En el 2006 fue de 7,9% y en el 2009, en plena crisis, tuvimos un crecimiento negativo de -0,7%. El desempleo se mantuvo en niveles bajos y la producción siguió creciendo. Gracias a una política pública bien diseñada, la pobreza se bajó por primera vez en nuestra historia al 16,5%. Costa Rica, según CEPAL, fue uno de los tres países que tuvieron el mayor gasto social de América Latina al año 2009, protegiendo así a los sectores más débiles de los severos efectos de la crisis.

¤ Algunos investigadores extranjeros también fueron sorprendidos por nuestros éxitos: “Lo que no es común es el record de la recuperación de Costa Rica’. ‘…lo que es sorprendente del caso Costa Rica es la rapidez durante la cual el nivel de pobreza volvió a su nivel de pre-crisis” dice uno de ellos (Morley) a la vez que otro afirma: “…Costa Rica parece ser el único país latinoamericano en asumir reformas sustanciales amistosas con el mercado sin sufrir grandes diferencias de ingresos…” (Berry).

El impacto de las crisis: los indicadores antes mencionados tienen sus variaciones en períodos de crisis, pero en la mayoría de los casos, la estructura social y económica que el país ha desarrollado a través del tiempo, ha hecho posible que el impacto humano sea menor que en otras latitudes. Por ejemplo, la pobreza se bajó al 16,5% en el 2007, pero la crisis la devolvió al entorno del 20%, donde hoy se encuentra. El crecimiento económico en los primeros años de la década de 1980 fue inferior al promedio, igual que ocurrió a principios del nuevo siglo y luego en 2007-2008 con la más dura recesión desde 1929. En el entorno global, cualquier país individualmente siente el impacto de situaciones que no están bajo su control. Pero el nuestro tiene una estructura social y económica que protege más a la población más de vulnerable, que otros países de Centro América o de América Latina.

Los grandes retos del país: Nuestra argumentación es que el país no ha caído al abismo, como pretenden algunos y como es evidente en el video que originó esta reacción. Tenemos un problema de pobreza, pero es importante destacar que no conocemos el peso del factor migración, porque si lo hiciéramos, es posible que el país podría ser el de mayor éxito en la contención de la pobreza en América Latina. Sin embargo, es así por un principio de solidaridad fuertemente arraigado, que incluso impide registrar la nacionalidad de beneficiarios en ciertos servicios ofrecidos por la seguridad social.

Tenemos otro problema, magnificado por distintos sesgos: la equidad, una de las mayores del continente. Es posiblemente el castigo por alguno de nuestros éxitos. El país ha logrado el sustancial beneficio de aumentar empleos de calidad, para quienes ya de por sí estaban bien: los que tienen una fuerte base de escolaridad y acceso a nuevas tecnologías y empleos mejor remunerados. Los sectores deprimidos se han mantenido fuera del modelo. No los hemos ignorado, gracias a programas como Avancemos y de la educación que se brinda en los colegios científicos, pero la intensidad del esfuerzo ha sido insuficiente para reducir el impacto en desigualdad. Los colegios científicos, creados por políticos tradicionales, ha puesto a muchos jóvenes de sectores pobres en los niveles competitivos más altos (por ejemplo notas casi perfectas de ingreso a la universidad), pero se hace necesario que el modelo tenga una cobertura mayor en sectores de alta depresión y pobreza, al igual que el programa Avancemos. Lamentablemente, los efectos serán de mediano y largo plazo.

Estatismo, la gran contradicción. Los sectores tremendistas conforman la tendencia neoestatista. Costa Rica tiene un Estado grande, pero ineficiente en extremo. Además, es una de las causas principales de que no tengamos recursos para invertir en la lucha contra la pobreza. De hecho, los privilegios públicos son una grotesca y enorme restricción a la solidaridad con quienes más necesitan. Pero el hecho es que hemos creado (ahora sí: con aporte de la política tradicional) un monstruo que nos sirve poco y cuyo costo, el equivalente al 78% del PIB, uno de los más altos del mundo (sustancialmente más alto que Suecia), es el mayor obstáculo para resolver la crisis fiscal y para movilizar recursos al combate de la pobreza. Su reforma debería ser la primera prioridad nacional, en aras de la justicia social y la equidad.

Conclusión: primero, no es correcto montarse sobre la falsa retórica de que estemos en el abismo. Tenemos una buena base institucional, social y económica, sobre la cual podemos construir. Los indicadores los confirman en forma objetiva y contundente, como se ha demostrado, no con planteamientos abstractos, con retórica excluyente y descalificativa como lo hace el video en referencia. El país debe rechazar la postura del fin de mundo, de que todo el pasado no sirve y que hay que enterrarlo junto con las figuras tradicionales, aunque con ello también se entierre la obra histórica que se construyó con la participación de ideologías tan disímiles como las que en los 40 propiciaron las garantías constitucionales, a partir de los 50 crearon una Segunda República en prosperidad, o lograron parar la masacre entre centroamericanos en los 80s. Y esa es la gran diferencia de la democracia auténtica: la capacidad para la inclusión y el respecto a la diversidad. Es muy posible que las coyunturas actuales demanden de nuevo una acción de convergencia nacional  para encarar los retos actuales. Seguro, nuevamente se hará en inclusión y con el aporte de todos, de las fuerzas tradicionales, de la población civil y de las corrientes chavistas que, aunque no comparten esos valores democráticos, serán llamadas a hacer sus aportes.