Si voto, ¿Por quién voto?

editorialEn estos días habrá un receso político electoral que les permitirá a los 14 candidatos valorar sus posiciones y la forma como se le presente al electorado. Será una buena oportunidad para que todos meditemos sobre la decisión que más le sirva al país. No es ningún secreto que el costarricense se encuentra hoy irritado en extremo porque las cosas no funcionan y no parecen moverse en ninguna dirección. En consecuencia, según encuestas, más del 50%  de los electores registrados en el padrón electoral se disocian del proceso político o tienen grandes dificultades para identificarse con cualquiera de los candidatos y partidos que han entrado en campaña. Al respecto aportamos algunas reflexiones.

Política y corrupción: la mayoría de los costarricenses dicen estar decepcionados de los políticos, a quienes relacionan con una corrupción generalizada. Sugerimos con mucho respecto que esta apreciación no responde a la actualidad. Primero, si bien ha habido situaciones de corrupción en los que estuvieron involucradas algunas figuras políticas prominentes, en general el sistema político o incluso el administrativo son relativamente honestos. Esto coincide con la reciente valoración de Transparencia Internacional, según la cual somos el tercer país más transparente de América Latina, detrás de Chile y Uruguay. Por supuesto, tenemos un problema, pero este reside en lo que hemos llamado la dictadura del procedimiento. Se da cada vez que el ciudadano acude a las oficinas públicas para atender algún importante asunto, y no encuentra respuesta a sus demandas. El servicio es malo, los tiempos de ejecución son lentos y con frecuencia las soluciones no se concretan. Si lo anterior es cierto, primero debemos liberar al político de nuestra equivocada apreciación y, segundo, contribuir a algún tipo de reforma de simplificación de procedimientos y mayor focalización en los resultados, más que en los controles mismos.

Negativa al voto: sugerimos también que el costarricense no está contra la democracia, que nos ha dado considerables niveles de bienestar en democracia. Todos los demás países tuvieron dictaduras y luchas fratricidas para alcanzar logros sociales comparables y muchos de ellos siguen postergados en sus aspiraciones ¿Qué opción tiene el votante? Lo que no debería de hacer es aislarse del proceso electoral, porque ese es un voto silencioso contra la democracia. En cambio debería pedir rendición de cuentas a los candidatos, todos los cuales sin excepción están ofreciendo reformas institucionales de fondo, para superar la vorágine normativa que nos ahoga y nos impide avanzar. Si los políticos no responden, la ciudadanía debería pensar que hay recursos que nuestra democracia pone a su disposición para conformar movimientos civiles que hagan la reforma que los políticos rehúyen hacer.

Burla del proceso electoral: también es cierto que la población es invitada a votar, pero los políticos, una vez que acceden al poder, se olvidan del compromiso adquirido y no ejecutan lo que ofrecieron. Cierto, los políticos tienen alguna culpa, porque han permitido que las cosas lleguen a la crisis donde hoy se encuentran. Pero la solución no pasa por el reclamo al gobierno de turno por algo a lo que todos los antecesores han contribuido. El incumplimiento se produce porque, desde la constituyente del 49, hemos cercenado la autoridad y las funciones del poder ejecutivo. Algunos fallos son obvios: la Sala IV, en actos de co-gobierno, paraliza algunas decisiones importantes, como ha pasado con las reformas fiscales. O la Asamblea Legislativa tarda años en aprobar proyectos, mientras expira el corto período de 4 años que el ejecutivo tiene para ejecutarlos.

El ciudadano no entiende con claridad que el ejecutivo solo tiene responsabilidad a medias en la administración de los recursos del gobierno central. Y eso es poco más de un tercio de la administración pública. El régimen de autonomía deja a las principales instituciones al margen de cualquier control y de una eficaz integración a la política pública. Que la voluntad ciudadana sea burlada es parte del “sistema” y requiere que la organización pública sea rediseñada para que los poderes, celosos de su independencia, coordinen todos ellos sus labores porque comparten el mismo objetivo: mantener un entorno de paz y respeto a la diversidad y promover por distintas vías el bienestar social. Y esto no se logra aislándose el proceso político, sino involucrándose más en él.

Pobreza e inequidad: es sin duda la principal fuente de irritación colectiva, pero el tema está mál enfocado o presentado con un discurso político hipócrita. Por una parte surge el fantasma del neoliberalismo, usado como si la expresión tuviera un contenido suficientemente poderoso para asustar al votante. No existe tal cosa. Los indicadores de los avances que el país realizó durante la llamada década perdida son contundentes. El país no se ajustó nunca al Consenso de Washington y siguió su curso normal, arrastrando componentes del modelo precedente (sustitución de importaciones) y algunos de las nuevas corrientes. El neoliberalismo empobreció a muchos países de América Latina, contrario a lo que ocurrió en el nuestro. Sin embargo, es cierto que en años recientes, la pobreza se estancó en el entorno del 20% ¿Por qué? La respuesta rápida es, por la crisis de los años 2008-2009. Pero hay otra información que ofrece más claridad sobre el tema.

Primero, la inequidad sigue subiendo en parte por las bondades del modelo que hemos adoptado. En efecto, hoy el mercado ofrece más empleos de calidad que en ningún otro momento de nuestra historia. Esto es positivo y contribuye al bienestar de la población, pero beneficia a quienes de por sí se encuentran por encima de la línea de pobreza, los que tienen más educación y por tanto mayor empleabilidad. El país necesita hacer algo al respecto, pero los resultados son lentos por la dificultad de reeducar a la población. Sin embargo debemos de decir que ya se hizo: durante la Administración 2006-2010 la pobreza cedió notablemente. En efecto, en el año 2007 la pobreza bajó a 16,7%, uno de los niveles más bajos de América Latina, excepto por Chile que tiene un índice en el entorno del 13%. Pero luego en el 2008 subió a 17,7% y en el 2009 a 18,5%. La pobreza extrema era en el 2006 5,3% y llegó a bajar al 3.3%. Además, por alguna razón, no hemos querido cuantificar el factor migración en la pobreza, de donde se podría concluir que el país ha sido más exitoso de lo que se le reconoce. En todo caso, el tema es complejo y seguirá siéndolo dependiendo de la política pública y del crecimiento económico que logre el país. Lo importante es reconocer el esfuerzo que se ha venido haciendo y la posibilidad de que se pueda intentar nuevamente, tal vez no con el éxito del período 2006-2010, simplemente porque el crecimiento será más lento en la poscrisis.

Hemos señalado 4 temas sobresalientes de la problemática nacional que son a su vez retos, de los cuales depende en gran medida el bienestar social, político y económico del país. En el pasado, otros compatriotas resolvieron problemas tal vez más complejos, como la eliminación del ejército, la paz centroamericana lograda con la oposición de las dos grandes potencias mundiales, la construcción de la 2da República, entre muchas otras. Debemos confiar en que, a pesar de los obstáculos que son importantes y muchos, esta generación de costarricenses estará a la altura de las circunstancias y nos llevarán por el camino del desarrollo. Desvincularse no ayuda y al hacerlo nos convertimos en parte del problema. Más positivo participar y ser parte de las soluciones.