Educación en pro del ambiente

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Llama la atención la cantidad de iniciativas que se han ido desarrollando en el mundo en pro de la conservación del ambiente y Costa Rica no es la excepción. Estas implican un cambio de mentalidad y un vuelco cultural significativo.

La propuesta de crear ciclovías, realidad exitosa hoy en Europa y Asia; los esfuerzos por proteger las especies marinas, las campañas de reciclaje de diferentes empresas, tanto públicas como privadas, son tan solo una pequeña muestra de lo que el país hace para contrarrestar los efectos del cambio climático. Se ha visto cómo en materia de sostenibilidad y reutilización la imaginación es el límite, ya que lo que se propone comprende un cambio en el estilo de vida de las personas que esté orientado a la sostenibilidad.

Se proponen así nuevas formas de agricultura, nuevas fuentes de energía y nuevos usos para esta, así como nuevas maneras de construir y de transportarse.

El pasado 17 de octubre se dio a conocer en Montreal, en ocasión del Día Mundial de la Bioenergía, el informe que detalla el impacto al ambiente por el uso de la madera para la generación de electricidad y calor a escala industrial, especialmente en Europa y América del Norte.

Se estima que en el Reino Unido se queman unas 82 millones de toneladas de madera, ocho veces la producción nacional total del país. Este es un ejemplo de un incremento desenfrenado de la deforestación y la destrucción de la biodiversidad.

Tal y como lo expresa la Unesco, en la persona de su directora general, Irina Bokova, “alcanzar los objetivos supone aplicar nuevos enfoques al agua potable y los océanos, a la tierra y al clima. Exige una nueva reflexión sobre el significado del progreso. Requiere nuevas fuentes de innovación que tengan raíces más hondas que los valores materiales o económicos. Se deben construir economías ecológicas sobre los cimientos de sociedades ecológicas”, agrega.

El reto es enorme y la educación resulta en este sentido indispensable.

Cabe retomar la Carta de Belgrado, redactada en octubre de 1975, donde se enumeran los Objetivos de la Educación Ambiental, dirigidos a ayudar a las personas y a los grupos sociales a que adquieran mayor sensibilidad y conciencia sobre el cuidado del ambiente, creando soluciones viables para el mantenimiento óptimo de este.

La importancia de la educación ambiental consiste en facilitarle al hombre la interpretación de los fenómenos naturales, así como los procesos dinámicos de cambio que

ocurren dentro de ellos y así concientizarlo para que contribuya a su preservación mediante un uso adecuado de estos. En Costa Rica, desde edades tempranas, en las aulas y en el hogar, se debe fomentar una responsabilidad crítica hacia el tema que lleve no solo a tomar conciencia de nuevas formas de vida, sino a ponerlas en práctica en la cotidianidad de cada ser humano. Las generaciones futuras merecen vivir en un mundo mejor.


“Es necesario comprender el grado de importancia que tiene la cultura ambiental para proteger y conservar el planeta, por lo tanto la educación debe ser en todos los niveles sociales, sin excepción de gente”.

 

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