Va de nuevo ¿Tendremos una reforma impositiva?

editorialUn artículo de prensa asegura que todos los candidatos presidenciales favorecen una reforma fiscal. El ML, sin embargo, se opone rotundamente al aumento de los impuestos. La Fragua publicó un editorial con un título similar, en el que se argumentaba, primero, que debe haber transparencia sobre el nivel de aporte tributario de los costarricenses en la actualidad. El Gobierno sugiere que ronda el 14%, mientras el CEPAL nos pone en tercer lugar como el país con más alta contribución impositiva, la cual supera el 20%. Segundo, nuestra argumentación es que más impuestos sin reforma institucional aumentarían los costos de ineficiencia y a larga el déficit fiscal. Pero hay nuevos argumentos en contra de una reforma impositiva.

Sin embargo, elaboremos un poco sobre el tema de la reforma institucional. Hemos estimado que el costo de la ineficiencia implica pérdidas económicas sustanciales que ronda los $4000 millones. Sin embargo, los indicios apuntan cada vez más fuerte hacia una cifra superior que puede alcanzar los $6000 millones. Por otra parte, el peso (costo) del Estado en nuestra economía ha llegado a niveles alarmantes. Según el presupuesto nacional (fuente: CGR) llega a 17.100.000 millones de colones, o unos 35.5 mil millones de dólares. Y, según estimaciones del Banco Central, el PIB para el presente año alcanzaría unos 44.2 mil millones de dólares. Es decir, el tamaño actual del Estado alcanza el 78% del PIB nacional. No solo esto es grave para el desarrollo, sino que las características de la administración pública se proyectan sobre la economía como un todo. Si tenemos un Estado ineficiente, también lo será nuestra economía, con un impacto sustancial en competitividad.

¿Tendremos una reforma impositiva? No parece viable. No creemos que existan las condiciones para ello, por más que los candidatos presidenciales parezcan favorecerla. Por una parte, el congreso no parece estar a la altura de un reto de tal magnitud y los argumentos de trabajar en torno al gasto volverán a surgir. Además tienen argumentos para ello, porque, si se ejecutaran los mecanismos existentes, habría suficientes recursos fiscales para paliar la crisis. Veamos algunas cifras: el control de la evasión del IVA produciría recursos adicionales equivalente a un 0,3% del PIB; y hay una documentación del 29% de evasión del mismo tributo, equivalente al 8,7% del PIB. Sólo estos dos elementos cubrirían en exceso el déficit fiscal.

Por otra parte, trabajar sobre el gasto tiene un costo político muy alto, que al parecer cada partido no quiere pagar y tampoco existe la voluntad política para alcanzar un acuerdo. A nivel de retórica todos parecen coincidir sobre la necesidad de una sustancial reforma institucional, no sólo por razones económicas, sino porque el Estado tiene trabada la carreta del desarrollo. Igulmente, todos los candidatos ofrecen acabar con la pobreza, pero en un sentido real no podrán hacerlo con los niveles de despilfarro público que, reiteramos, afecta a la economía en su totalidad y la competitividad. En suma, la solución del problema pasa por la calidad de la administración del sistema impositivo, que a su vez depende de la reforma institucional. El camino más fácil, pareciera, es mejorar los instrumentos de administración tributaria y no plantear en plena campaña algún proyecto que conlleva un aumento de impuestos.