El engaño mediático de reducir la deuda política.

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El deseo de una contienda electoral competitiva, equitativa y democrática en nuestro país, es un discurso completamente hipócrita.

La anti política ha calado tan fuerte en el imaginario nacional, que algunas de las fuerzas políticas minoritarias prefieren continuar en un inexplicable voto de pobreza, haciéndole el juego a los partidos mayoritarios y los medios de comunicación, para que estos sigan ganando a sus espaldas.

La prensa ha posicionado con tal éxito que el recibir dinero del Estado por parte de los partidos políticos es obsceno e inmoral, que algunos se lo han terminado creyendo y políticos ingenuos, temerosos del poder mediático, han terminado hasta proponiendo o respaldando su reducción.

Los medios de comunicación se han salido una vez más con la suya, concentrando todo el debate del financiamiento partidario en un “issue”, que aunque también podría acarrearles algunas pérdidas, es un mal menor si se compara con la propuesta de franjas electorales propuesta por el Tribunal Supremo de Elecciones —defendida tibiamente por los partidos minoritarios en el Congreso—, la cual por poco acaba con su negocio de vender pauta a las agrupaciones políticas por separado a precios elevadísimos en “prime time” u horario estelar.

Los partidos políticos minoritarios apenas si se percatan que han sido utilizados como peones en un juego de ajedrez por parte de poderosos grupos económicos con el afán de mantener el “status quo”, y que sus discursos en plenario aunque consistentes en un plano ético y de preocupación por la Hacienda Pública, solo los condena a una nueva derrota en las urnas. ¡Sin cacao difícilmente habrá chocolate!

La reducción de la deuda política carece de total sentido, sí lo que se desea es alcanzar el poder, objetivo que en teoría deberían de compartir todos los partidos políticos, por su misma naturaleza.

Todavía resulta aún más inexplicable que quienes más respalden este disparate, sean las fuerzas políticas que más resultarían perjudicadas con la reforma, ya que estas generalmente no cuentan con el respaldo de las siempre polémicas encuestas. Hoy mecanismo de medición de riesgo utilizado por los entes bancarios, para determinar con que agrupaciones es recomendable establecer contratos de fideicomiso, utilizando como garantía el derecho a la contribución estatal que incomprensiblemente algunos buscan reducir. ¡Viva la democracia de las encuestas!

Algunos olvidan que la razón histórica que originó en un inicio la adopción de la contribución estatal a los partidos políticos fue minimizar el impacto que tenía el financiamiento privado e intereses foráneos en las decisiones públicas, argumento con el cual el Tribunal Supremo de Elecciones combate con razón el sistema de certificados de cesión y la donación de personas jurídicas. Pero desacertadamente sataniza el poder y no el cómo, imposibilitando el debate, ya que recibir este tipo de donaciones no es algo negativo si se realizan de forma transparente, mediante adecuados mecanismos de control.

La solución no es eliminar o disminuir el financiamiento estatal, para que la piñata se haga de forma única o mayoritariamente con fondos privados, es democratizar, transparentar, con el mejoramiento de los controles internos y externos de fiscalización de nuestros partidos políticos.

Los costarricenses estamos a punto de ser víctimas de una reforma a todas luces populista y desesperada, que busca aprovechar la situación de desprestigio de los partidos políticos para revestirse de apoyo popular, producto de la ingenuidad de muchos de nuestros políticos y de la astucia de los medios de comunicación.

Tomado de:  http://www.danielcalvo.com/