No se deje confundir con la retórica política: dejemos las escusas y pongámonos a trabajar

editorialLa Fragua plantea en un editorial reciente (ver AQUÍ) la presencia de una serie de elementos distractores que limitan nuestra capacidad para focalizarnos y resolver los urgentes problemas del desarrollo. Uno de estos distractores es la discusión ideológica. Es importante, porque nos permite ordenar las ideas que en conjunto determinan nuestra posición frente a corrientes diversas de pensamiento. Pero, cuando se convierte en un recurso fácil para decorar el discurso político, sin sustento objetivo, el impacto que produce es la lentitud de las decisiones correctivas de factores que impiden llevar mayor bienestar a más población.

El punto que queremos destacar es que alcanzar el potencial de nuestros recursos, tecnología y otras capacidades, se encuentra en un enfoque por problemas. En efecto, si nos ahorramos el elemento emotivo, los adjetivos descalificantes y el cinismo político, será mayor la posibilidad de convergencias que favorezcan especialmente a los sectores más vulnerables. Hoy el país encara serios retos y serios riesgos. Los retos porque la globalización hizo su presencia hace unas pocas décadas, pero nunca intuimos que los cambios serían tan profundos. Ahora nos encontramos en una posición ambigua, porque reconocemos ese fenómeno de apertura como un hecho con el que debemos contar, pero su velocidad endiablada nos confunde en cuanto a su naturaleza e implicaciones. Una es clara y evidente: el mundo se volvió más competitivo y sacarán ventaja de ello quienes preparen mejor su recurso humano y desarrollen las tecnologías e infraestructuras críticas.

Es particularmente limitante un Estado que pesa mucho en la economía nacional, posiblemente con un costo relativo que supera el 44% del PIB. Forma parte de los procesos (tecnología suave) a través de los cuales se mueven vastos recursos, tanto públicos como privados. Asociado a la disfuncionalidad del Estado, nos encontramos con una infraestructura mediocre e insuficiente, a pesar de que tenemos, si se quiere en exceso, los recursos necesarios, en los fondos de reserva laboral y excedentes de algunas empresas estatales autónomas, que probablemente superan los $20 mil millones. Además, si no hay correctivos urgentes, es muy posible que nuestro país se encuentre, en cuestión de muy pocos años, donde hoy están España, Grecia y otros países europeos. Hemos hecho lo correcto, tal vez no con la intensidad y el volumen necesarios, en cuanto al desarrollo del recurso humano. Se han favorecido con ello amplios sectores laborales, pero de manera particular quienes estaban bien, porque tenían las condiciones de escolaridad que les permitió ingresar a un mercado laboral más sofisticado y mejor remunerado. Sin embargo, el efecto social ha sido la persistencia de la pobreza y el incremento de la inequidad, porque la condición educativa de los más vulnerables los dejó atrás. La pobreza no se reducirá a menos que nos focalicemos e invirtamos sustancialmente más en ese sector de la población. Y no lo podremos hacer, porque los costos sustanciales de ineficiencia pública han abierto un profundo hoyo en las finanzas y estamos en crisis fiscal. Lamentablemente, el camino a un desarrollo superior no será posible sin una profunda reforma institucional, cuyo costo político parece asustar a todos los actores relevantes.

Un artículo reciente del Sr. Carlos Sojo se refiere a este problema (ver AQUÍ), lo cual celebramos por la calidad y credibilidad del Analista. El título es atractivo: Rascar donde no pica, pero lo es más su contenido. Dice el Sr. Sojo: La causa principal de la pobreza en nuestras sociedades está en el origen de los ingresos. Con la excepción de quienes viven de las rentas, todos los demás generamos ingreso a partir del trabajo. El problema es que el acceso a las fuentes de empleo presenta una discriminación negativa…  Y si no hay trabajo, tampoco hay ingreso estable y suficiente. Se construye un círculo vicioso: las personas caen en la pobreza porque no acceden a empleos decentes y no logran tales empleos porque están en condición de pobreza”. Reiteramos, esto pasa por la reforma del Estado, porque es donde se pega cualquier iniciativa y porque drena los recursos necesarios para crear las condiciones para un crecimiento acelerado. Pero, por otra parte, también debemos entender que sin una inversión mayor de recursos en educación, la accesibilidad del pobre a empleo e ingresos que les permita vivir con dignidad, no será posible. Esto es lo concreto. Otros aspectos de la pobreza que adornan la retórica pre-electoral simplemente no ayudará a superar este urgente problema. De hecho puede ocultarlo o al menos postergar los correctivos.