El factor nica

editorialEl tico parece tener una especial capacidad para la evasión. Es capaz de inventar subterfugios para evadir la realidad y después creer en ellos. Colectivamente nos podemos involucrar en retóricas y diálogos interminables, evadiendo problemas y sus causas, que se acumulan pasando una creciente factura social a los más vulnerables. Este síndrome evasivo parece dominar nuestras relaciones con Nicaragua. Veamos algunos ejemplos.

El Presidente Ortega como fuente permanente de irritación. En realidad nuestras relaciones con Nicaragua han sido fuente de conflicto desde épocas anteriores a nuestra independencia. Ortega es más político, porque tiene una agenda hacia una dictadura en democracia. O seudo-democracia, en el mejor estilo del socialismo siglo XXI: empieza con el control de los poderes judicial y legislativo, sigue con la modificación de la constitución para acomodarla a un esquema de autoritarismo continuo y se completa con la imposición del modelo de planificación central, para dirigir al país por la ruta que le impone el líder. No habrá filtros, porque no hay diversidad, que permita introducir correctivos. Si hay errores, sólo se podrán detectar décadas después, como ocurrió en Cuba, con un enorme  costo social, económico y político. Este y los ejemplos de los países de la Europa del Este no importan, porque priva una agenda de corto plazo, cuyo objetivo es poder político y poder económico en las manos del líder, su familia y un selecto número de seguidores. Ortega llegó para quedarse y seguirá en el poder por muchos años, aun cuando en algún momento su esposa u otro personaje asuma el liderazgo formal. Nuestra política de relación con Nicaragua tendrá que tomar en cuenta este hecho.

La exaltación del nacionalismo es el eje principal de sus relaciones con Costa Rica. No es nada nuevo y ha sido usado por otros gobernantes en distintos momentos de la historia. Ortega no tiene otros instrumentos, porque su interés no es el bienestar general de los nicas. Según el Banco Mundial, los elementos estructurales del desarrollo nicaragüense le permitirán alcanzar niveles comparables con el actual nuestro, a fines de este siglo (7 décadas para ser preciso). Pero entonces, si Costa Rica utiliza su potencial de desarrollo, se habrá alejado nuevamente de Nicaragua, generando una brecha similar a la actual y tal vez también las reacciones que ahora suscita. Recordemos que hoy las principales fuentes de ingreso de Nicaragua son café, carne vacuna y minería, en ese orden. Todas generan fuentes de empleo de baja intensidad, mal pagado y principalmente estacional. Mientras la pobreza y el subdesarrollo persistan, el nacionalismo será el único medio capaz de ocultar la dura realidad.

La mayoría nicaragüense es nuestra enemiga. Sin pensamos que se trata de caprichos de un loco, estamos equivocados y podríamos ser víctimas de los errores de nuestra equivocada percepción. Hoy una importante mayoría de nicaragüenses apoya en forma decidida a Ortega. No es porque el pueblo nicaragüense sea ignorante o carente de nobleza, sino por la extensa maquinaria de comunicaciones que los regímenes autoritarios operan a su favor con recursos de toda la población. Al igual que en Costa Rica, la administración pública es un entorno prohibido a la actividad proselitista. Pero visite usted cualquier establecimiento público y verá el activismo neosandinista presente en una visible, en ricos colores, propaganda que invade los espacios físicos, mientras la actividad proselitista se lleva a cabo con la colaboración oficial y robando tiempo al servicio público. Este activismo, cofinanciado por la ayuda externa, en la medida que costea una parte importante de la planilla pública, está enlazado, con otras actividades importantes. En todas las comunidades hay células sandinistas que filtran información, de tal manera que el acceso a la burocracia pública está vedado a quien no se acomode al neosandinismo. En tales circunstancias, no es sorpresa encontrar los amplios niveles de apoyo a Ortega, aunque pueda ocultar alguna oposición silenciosa, producto de la presión de un mercado laboral escaso en oportunidades.

El factor nica en nuestra pobreza. Que más de un millón en nuestro país confrontan el flagelo de la pobreza, es comidilla política de cada día y de cada agrupación política. Sin embargo, no sabemos qué tan exitosos hemos sido en el combate a la pobreza, relativo a países que se consideran exitosos en la región, en particular Uruguay, Chile y Argentina. Las estadísticas oficiales nos dicen que hay cerca de 400 mil nicas y que conforman más del 70% de la inmigración. Sabemos también que los nicaragüenses inmigrantes son en su mayoría pobres, pero nos hemos negado a cuantificar su peso como proporción de la pobreza total. También sabemos que en materia migratoria hay considerable subregistro y que muchos en la zona fronteriza, ingresan al país para recibir servicios y regresan al suyo. En esencia, sabemos que en la pobreza de Costa Rica hay un importante factor nica pero, por el prurito de la solidaridad, no queremos cuantificarlo. Deberíamos de hacerlo para exponer la exportación de pobreza que genera el régimen nicaragüense y también para saber cómo podemos combatirla en nuestro territorio, considerando que hay factores externos sobre los cuales tenemos poco control; aunque, por cuestión de los valores que distinguen nuestra democracia, no debemos de abandonar el sentido solidario con el migrante nica.

¿Cuáles son las consecuencias de esta situación? Queremos enfatizar algunas ideas fundamentales. Primero, que la hostilidad oficial nicaragüense no es transitoria y que seguirá activa en el largo plazo. Segundo, que el Presidente Ortega también dominará, por infortunio, la política de nuestro vecino del norte en el mediano y largo plazo. Tercero, que bajo los métodos que emplea Ortega y sus colegas del SXXI, amplias mayorías lo apoyarán y tendrán un fuerte sentimiento xenofóbico contra los costarricenses. La política exterior en lo que corresponde a Nicaragua, tendrá que formularse bajo estas premisas.