El Banco de Alimentos, un aporte de la empresa privada

Costa Rica, a pesar de tener un índice alto de desarrollo humano, cuenta con unas 375 mil personas que viven bajo la línea de la pobreza, que en palabras llanas se traduce en que no tienen los recursos para alimentarse al menos tres veces al día.

Niños, adolescentes, adultos mayores, hombres y mujeres de diferentes edades, credos y zonas geográficas que sencillamente no tienen qué comer y viven con la amenaza de morir de desnutrición.

Para sorpresa de algunos que solo ven al sector privado como los neoliberales egoístas y depredadores que devoran todo lo que puedan a su alrededor en función de generar utilidades, es este el que sustenta todos los días a aproximadamente 15 mil personas, por medio del Banco de Alimentos, una asociación sin fines de lucro integrada por Walmart, Unilever, Florida Bebidas, Porter Novelli, DIPO, Demasa, Dos Pinos y Grupo Mutual.

Estas empresas aportan gratuitamente alimentos, productos de aseo e higiene y hasta calzado en buenas condiciones al Banco de Alimentos, para ser distribuidas en 140 organizaciones de bien social y así brindar unos 30 mil platos diarios de comida y otros recursos que les permitan a miles de personas llevar una vida digna sin tener que literalmente morir de hambre y coexistir en la inmundicia.

Como toda acción humanitaria, filantrópica, de ayuda al prójimo, caridad y solidaridad, el Banco de Alimentos cuenta con un centenar de voluntarios de las empresas patrocinadoras, que contribuyen en el desalmacenaje y distribución de los alimentos, logrando que solo 5 personas -increíble, pero cierto- sean los asalariados de la organización, que comenzó a operar con un capital semilla también provisto por las empresas colaboradoras.

Mientras en el mundo se desperdician 41 mil kilos de comida por segundo, existen en Costa Rica personas y empresas con responsabilidad social genuina, que sin ánimo de recibir premios y condecoraciones, aportan al desarrollo humano del país.

No hay duda de que vivimos en una sociedad capitalista, y algunos dirían que gracias a Dios, Smith, Locke, Keynes, Freedman, disfrutamos de un modelo socioeconómico que décadas tras décadas se ha humanizado y que derivado del usufructo de la propiedad privada sobre el capital como herramienta de producción, se ha podido construir un país más igualitario.

El Banco de Alimentos es un simple ejemplo de cómo las deformidades y debilidades de los sistemas socioeconómicos -ninguno de ellos perfectos e infalibles- pueden convivir en forma armoniosa, ayudando el más fuerte al débil, el poderoso al marginado y el rico al pobre, porque finalmente tener una mejor sociedad, más justa, equitativa e inclusiva depende de la grandeza y los valores de sus líderes.

En esta segunda década del siglo XXI, en la que diversos grupos instan a tener cautela con la peligrosa espiral de la mundialización capitalista y las políticas cada vez más liberales que han implicado degradaciones sociales e inequidades que afectan a todas las poblaciones, no queremos perder la esperanza en la capacidad del sector privado de aportar bienestar.

TOMADO DE: http://www.prensalibre.cr/l