Los políticos no planifican

editorialUn artículo del Lic. Francisco Morales H, relativo a la creación del INFOCOOP, ofrece un dato interesante. Nos dice don Chico: “Don Pepe habló del tema en campaña. Pero no en el Programa de Gobierno  por la sencilla razón de que nunca, en sus tres administraciones, Don Pepe hizo Programa de Gobierno. Don Pepe no creía en eso. Don Pepe creía en hacer las cosas. Gobernar, no administrar” ¿Por qué no creía don Pepe en la administración o pensaba que era una herramienta prescindible? La respuesta rápida es porque Don Pepe era un político, en toda la extensión del término.

Es posible que el sistema republicano nos haya jugado una mala pasada, al menos como se practica en América Latina. La política en un proceso sano, mediante el cual se forman liderazgos locales y nacionales, filtrados a través de procesos electorales, que los convierten en  gobernantes. Estos, por su parte, elaboran un compromiso político, que expresa su interpretación de las necesidades de la sociedad en su conjunto.  La democracia exige que el político siempre tenga en perspectiva el proceso electoral previo, que originó ese compromiso, y que funcione con la mira puesta en las siguientes elecciones, porque la opinión pública puede cambiar y con ello también los términos del compromiso adquirido. Expresiones como cálculo político y electorero, entre otras muchas, son con frecuencia satanizados, pero constituyen una parte esencial de la democracia.

La cuestión es cómo elegir buenos líderes, comprometidos no con su propio interés individual o de grupo, sino con el interés nacional. La queja popular en el entorno de crisis que hoy vivimos,  se centra en que los políticos no cumplen con sus compromisos sociales y porque el Estado, que hoy interviene en todo, es más obstaculizar que facilitador. El compromiso político tiene por lo menos dos dimensiones, Una, de corto plazo, es la respuesta a necesidades esenciales para el desarrollo del país, en torno a un conjunto limitado de prioridades. Hoy la prioridad No. 1, no es otra que el problema de ingobernabilidad que tiene al país postrado. Otra de largo aliento e igualmente importante, son las Políticas de Estado, que contribuyen a formar la imagen del país que somos o que queremos ser. El sentimiento de desconfianza que hoy invade al colectivo social, se alimenta de la incapacidad ejecutiva del Estado; y de la carencia de una identidad, conformada a partir de una imagen país que todos compartamos y de la que derivamos un sentimiento de seguridad en el futuro.

Es la política intuitiva, visionaria e imaginativa la que alimenta la formación de Políticas de Estado. Los planes sobran a este nivel.  El buen político es, esencialmente, un buen estratega. Es quien señala el camino para encarar, en el corto, mediano y largo plazo, los grandes retos que tenemos como sociedad. Es una función delicada y compleja, pero no en el sentido tecnológico o académico. Nuestros líderes de los años 40, supieron que la electricidad era un servicio esencial y que la empresa privada no lo proporcionaba a satisfacción y con sentido de equidad. Se tomó una decisión y se ejecutó: nacionalizar la electricidad y  buscar coberturas nacionales con el ICE. En la misma forma se tomaron grandes decisiones relativas a las coberturas de otros servicios esenciales, como agua, electricidad, educación y salud. La ejecución seguro necesitó buenas técnicas de administración (incluso la planificación), pero esto es harina de otro costal.

Estas cualidades del político se tienen y se desarrollan. Requiere cultura, sensibilidad y, sobre todo, contacto con el pueblo y con las instituciones públicas a través de las cuales se impulsan las iniciativas correspondientes ¿Por qué los políticos no nos dan políticas públicas que nos digan hacia dónde vamos y cuya ausencias nos llenan de angustia, desconfianza e inseguridad? Porque los políticos, en nuestro ordenamiento institucional, tienen esa responsabilidad, que incumplen, pero también la responsabilidad de administrar las organizaciones respectivas, que también incumplen. Tienen las competencias políticas, pero no las de carácter gerencial. Y, además, la motivación electoral, en este plano tecnocrático, tienen un impacto negativo en procesos, que se vuelven interminables; y en resultados que con frecuencia no se producen o llegan demasiado tarde y a costos que sangran las finanzas públicas.

Por otra parte, el Estado es disfuncional porque hemos creado instrumentos engorrosos y complejos, donde todo se pega, excepto cuando aparece la mordida para abrir portillos. Y esta es nuestra principal fuente de corrupción. Por otra parte, la CCSS, el ICE, el INS, el MOPT, el MEP, se encuentran entre las empresas más grandes y complejas de Centro América. Si quisiéramos quebrarlas, lo que debemos hacer es nombrar gerentes generales por períodos de 4 años o inferiores. Y eso es lo que hemos venido haciendo, como lo evidencia el hecho de que la mayoría de los ministros y presidentes ejecutivos nombrados en mayo del 2010 por la Administracion Chinchilla Miranda no se encuentran hoy en esos cargos.

Podemos hablar sobre el concepto empresarial, que hemos mencionado en otros editoriales. Pero ese no es el propósito de estas notas. El punto que nos interesa destacar es que estamos degradando la política. Es compleja y es importante. Y requiere de líderes que se forman en la escuela de la vida, interactuando con las comunidades y con la institucionalidad democrática. El político debería aplicar la totalidad de su tiempo, energía e inteligencia a desarrollar Políticas de Estado. No debería administrar los ministerios u organizaciones autónomas, primero, porque interfiere con su función política; y, segundo, porque carece de las competencias y motivación que le garantice el éxito. Poner a los políticos en calidad de administradores de sus respectivas instituciones es uno de nuestros grandes errores y mayores fracasos. Ambas funciones son complementarias, pero tienen requerimientos mutuamente excluyentes. El administrador no debe hacer política y el político no debe hacer administración. Zapatero a tus zapatos.