Egos versus partidos.

 

Escrito por:  Daniel Calvo.

Las reiteradas críticas del expresidente Oscar Arias y del excandidato presidencial Ottón Solís a sus respectivos partidos políticos tienen una misma explicación: su ego.

Pese a sus marcadas diferencias, estos connotados políticos comparten una idéntica visión de ellos dentro de sus agrupaciones: creerse sus dueños.

Estas figuras que cuentan con un respaldo popular mayor al de sus partidos, en una aparente lógica electoral de largo plazo, buscan desmarcarse del estado actual que atraviesan las agrupaciones a las que pertenecen y, por ende, actúan como críticos ácidos y sistemáticos de sus partidos.

Su actitud de boicot parece estar orientada a crear, vender, y exacerbar, una relación de dependencia de su partido hacia ellos, tal como si fueran los únicos redentores en este valle de lágrimas. Padecen de un complejo mesiánico latente, donde solo Dios podría hacerlos cambiar de criterio.

Esta concepción egocentrista de la política hace compresible sus actitudes donde si les va bien a sus partidos sin su ayuda, les chima y, si les va mal, es porque estas agrupaciones no solicitan, ni escuchan, su sagrada palabra. No comprenden que discrepar no significa desobediencia.

Es claro que tampoco es oportuno renegar ad portas de su experiencia y que el distanciamiento de ellos, cuando se carece de bases propias, es condenarse voluntariamente al ostracismo.

Empero, el personalismo en la política debe tener sus limites. Los partidos políticos deben alimentar su propia vida independiente de la voluntad de sus lideres, a quienes no debe ser pecado enfrentar ni mucho menos cuestionar.

Debemos aprender a desconfiar de la extrema “sinceridad”, el dogmatismo ético y los mea culpas de los caudillos, detrás de ellos se pueden ocultar los más variados fines, los cuales no necesariamente coinciden con el éxito de esos vehículos al poder que algunos llamamos partidos políticos.

Los sistemas políticos donde predominan los liderazgos personales o caudillistas, están más cerca de una dictadura que de una democracia.

Tomado de:  http://www.danielcalvo.com/