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noticortosDos temas resaltan las noticias de la semana: la Refinadora y las encuestas electorales:

Política: son pocos los cambios que revelan las encuestas. El partido más antiguo, recién cumplió 60 años, sigue siendo el preferido de la población. El candidato del PLN lidera las encuestas con un 26%, le sigue con menos de la mitad, un 12%, el PUSC y luego la candidata del PAC, con 5%, cifra que subiría a un 9% si Ottón Solís fuera el candidato. Más abajo quedan el ML y el FA con 2% y 3%, respectivamente. Solo un 30% de los votantes están decididos a acudir a las urnas electorales; un 17% votarían pero no tienen inclinación por ningún candidato; un 19% están ambivalentes; otro 19% son abstencionistas duros; 11% con baja probabilidad de votar y un 4% dicen que no votarán pero podrían hacerlo.

Un abstencionismo duro del 19% y un 47% de personas dispuestas a votar (un 17% no expresan su preferencia por un candidato), deja un 44% indecisos (no se han definido o podrían no votar del todo), muchos de los cuales posiblemente lo hagan en el día de las elecciones. Es posible que el patrón prevalente desde 1998, con una abstención ligeramente por encima del 30%, se mantenga. La evidencia sobre la necesidad de un cambio político (como parte de la reforma estatal) se refuerza si se revisa la tendencia anterior a 1994 y hasta 1962, cuando el abstencionismo se mantuvo en promedio por debajo del 20% (en 1953 fue de 33% y en 1958 de 35%).

La distinción entre tradicionalistas y renovadores parece perder fuerza, como lo hace patente el rechazo a los nuevos partidos que pueblan el atomizado entorno político. Ciertamente, el hecho de que un 19% se auto-excluyan del proceso electoral y que un 44% no se hayan definido (una buena parte de ellos votarán) clama por una reforma política, aunque el desencanto, seguro, se relaciona con la disfuncionalidad del Estado en su conjunto. Es también posible que los políticos estén ignorando un hecho importante: el país tiene suficientes diagnósticos y generalmente las propuestas programáticas son sólidas. Por tanto, podríamos concluir que el problema no es ideológico y tampoco por carencia de propuestas. Lo que falla en el país es la incapacidad ejecutiva para que las propuestas se traduzcan en beneficios concretos para la población (bienes y servicios). Por ello la población vuelve su vista al pasado (al tradicionalismo, de nuevo) cuando el bipartidismo le dio mayores beneficios y más gobernabilidad.

La Refinadora: los líderes de las distintas tendencias del PLN y el Gobierno liberacionista no se ponen de acuerdo. Tampoco nosotros. Un artículo de prensa destaca la posición del expresidente José María Figueres, en favor de una política nacional que conduzca al país hacia la eliminación de los combustibles fósiles; lo cual es consistente con la meta de ser un país carbono neutral para el año 2021.

La Fragua ha asumido una posición similar a la del expresidente Figueres en su editorial ¿Necesitamos una refinería?, y respalda su posición con un ejemplo práctico. La idea central de nuestro editorial consiste en explorar que pasaría si invirtiéramos los $1500 de la Refinadora (es probable el costo esté más cerca de los $2000 millones) en otras opciones que conlleva el uso de energía limpia. Existen estimaciones según las cuales una red ferroviaria eléctrica nacional para carga y otra para pasajeros en la Gran Area Metropolitana (de Paraíso a San Ramón), produciría economías que se estiman en un 50% de la actual factura petrolera. Pero para nuestros efectos, aceptemos que sólo economizaríamos el 30%, unos $600 millones por año. Por otra parte, un consorcio europeo estima el costo de rehabilitar el ferrocarril Caribe-Pacífico en $850 millones. Es decir, con los ahorros en carburantes, pagaríamos esa inversión en 1,4 años.

Otros inversionistas estiman el costo de la red ferroviaria para pasajeros del GAM, en $400 millones, que equivale a un 67% del ahorro anual en combustibles tóxicos antes mencionado. Es decir, en poco más de 2 años de ahorro se cubrirían ambos proyectos, uno para carga y otro para pasajeros. Si pensamos que la red ferroviaria para carga hacia las fronteras sur y norte podría tener un costo aproximado a unos $1200 millones (un 40% superior al costo de la restauración Caribe-Pacífico), se podría financiar con dos años adicionales de ahorros en combustibles fósiles. Y las economías se proyectarían a años futuros.

Por supuesto, son cifras gruesas posiblemente distantes de las reales que, por ejemplo, no incluye el costo de la energía eléctrica y tampoco los ingresos de los servicios ferroviarios. Pero ayudan a visualizar soluciones que tienen mucho sentido común y nos permiten valorar mejores opciones que tengan efectos combinados de dotarnos con una infraestructura moderna y además coherente con la meta de constituirnos en país carbono neutral.