¿Neoliberalismo: una realidad ideológica o un recurso retórico?

editorialSi queremos que el debate político sea constructivo y sensible a los requerimientos de una democracia sólida, es necesario darle la mayor precisión posible a los términos que usamos en el debate de la cosa pública. Siendo el término “neoliberalismo” usado por la que podríamos llamar el “ala izquierda” de los socialdemócratas, para confrontar la posición de sus correligionarios que favorecen la adecuación del modelo económico y social a las circunstancias del momento y al entorno global (Socialdemocracia remozada) y, por la izquierda radical, como descalificación genérica de toda posición contraria, consideramos oportunas algunas clarificaciones.

Es cierto que existió un liberalismo clásico y que el término “neoliberalismo” se asocia con el Consenso de Washington (CW), como una corriente, impulsada por el Presidente de Estados Unidos, Ronal Reagan (1981-1989) y la Primer Ministro de Inglaterra, Margaret Thatcher (1979-1990), quienes ejercieron una fuerte influencia en toda la década de 1980, a lo que se agrega la caída del Muro de Berlín en 1989. Ahora bien, ¿Qué tiene esto que ver con Costa Rica? La respuesta rápida es “mucho” y “muy poco”.

Esta afirmación debe ser calificada. Costa Rica, como muchos otros países, adopta el modelo de sustitución de importaciones (MSI). En los años de 1980-1982, una fuerte crisis sacudió al país. El MSI, un modelo que cerraba las fronteras a la competencia para estimular el crecimiento de la capacidad industrial local, no podía sobrevivir en el entorno global. En una profunda crisis, el país adopta el modelo de Liberalización Económica, que busca la apertura de la economía al mundo exterior. Durante la década de 1980 y un poco más, el país intenta aplicar ese modelo, apoyado por organismos internacionales que impulsaban el CW. El primer Programa de Ajuste Estructural, acompañado de un préstamo para impulsar el proceso de cambio (PAEI) es adoptado por la Administracion Monge Alvarez, seguidos por otros dos y un préstamo del BID en 1999, disque para realizar transformaciones pendientes al Estado que, igual que las anteriores, fracasaron en sus principales objetivos.

¿Qué pasó en realidad? Que el modelo LE nunca se aplicó en su totalidad y que el MSI tampoco fue desmantelado como se pretendía. Es decir, en Costa Rica nunca se aplicó un modelo neoliberal y tampoco se abandonó el modelo precedente, sino un híbrido particular a nuestras circunstancias y, sin duda, a las relaciones de los centros de poder. Por tanto no se le puede culpar al neoliberalismo, o a la versión de socialdemocracia que algunos atribuyen al modelo precedente, los éxitos o fracasos de los 80 y más allá. La situación no fue nada favorable para otros países de Latinoamérica, que se embarcaron por la vía del CW. El “shock” del cambio fue poderoso, como lo sugiere la expresión “década perdida”. Pero poner a Costa Rica al lado de la experiencia latinoamericana no es honesto, o revela desconocimiento del hecho de que el país nunca perdió su ritmo de progreso. Costa Rica no perdió una década. Esos niveles de progreso están respaldados por indicadores objetivos y cuantitativos, desarrollados por expertos e investigadores de la temática, entre los cuales se encuentran el INEC y el BM. Veamos algunas conclusiones e indicadores:

Producción nacional: en 1982 el PIB había caído a $2.510 millones. En 1984 ya se había recuperado a $3.646 millones y al final de la Administración Monge Alvarez a $4.377 millones. El coeficiente de inversiones de Costa Rica fue de 27,3%, superior al chileno de 23,3% y mucho más al de Colombia de 19,2%. La productividad del trabajo, que se había estancado durante la sustitución de importaciones, creció en los años 1985-1992 un 27%. En el período 1984-1994 el crecimiento promedio fue de 4,5%.

Apertura económica, “medida como la proporción de las exportaciones, la importaciones y el turismo en el PIB, ha alcanzado 72%”. Las exportaciones no tradicionales constituían el 38,6% en 1982, 38,8% en 1986 y 59,4% en 1996.

Reacción empresarial. Una manifestación de la capacidad de enfrentar el nuevo reto, se refleja en la diversificación de las exportaciones y en el aumento del turismo. Hubo un proceso fluido de adaptación del desmantelamiento del proteccionismo y del abandono del sesgo anti-exportador, con un proceso de reconversión empresarial, sin ayuda del Estado, “Redujeron al mínimo sus líneas de productos y especializaron la producción, fabricaron nuevos bienes, ampliaron sus plantas, modificaron la organización de sus empresas, incorporaron nuevas tecnologías, capacitaron el personal y buscaron nuevos mercados”.

Distribución: El desempleo había crecido en forma acelerada durante la crisis, llegando al 9%. En 1986 la tasa de desempleo abierto ya era del 6,2% y en 1994 de 4,2%. Hubo un desplazamiento de las actividades de menor productividad, como la agricultura, a las de mayor productividad, como los servicios y la agricultura de exportación no tradicional. Se redujo el número de familias pobres de 48,1% en 1982 a 24,6% en 1986 y a 15,8% en 1994. “la pobreza disminuyó en forma inequívoca no importa como las diferentes partes de la distribución sean valoradas (weighted) o donde se ponga la línea de pobreza… la pobreza rural de 1989 fue reducida en casi dos terceras partes… la reducción de la pobreza se produjo entre trabajadores agrícolas, el desempleado y los inactivos” (Samuel A. Morley, Poverty and Inequality in Latin America, 1995).

Salarios: Los salarios se recuperaron a nivel de pre-crisis con un índice de 77,2% (base 100 en 1980), ya habían superado lo perdido y ganado algo, con un índice de 103,6 en 1985. En 1993 ese índica alcanzó un 115,8. Algunas tendencias relacionadas: los salarios reales aumentaron a una tasa más elevada que la del PIB per cápita; crecimiento más acelerado en el sector privado que en el público; aumento del salario real de la mujer más rápido que el del hombre; agricultura, donde los salarios son menores, pierde importancia y la ganan los servicios.

Clase media: aumenta al pasar de 24,5% de las familias en 1987 a 29,1% en 1994. “El índice de la evolución del ingreso medio por deciles, muestra que para los tres deciles más bajos mejoró significativamente su ingreso, mientras que los deciles medios se mantuvieron relativamente estables, con incrementos del quinto al noveno decil…” (Vega Mylena, Carlos Castro y Ana Lucía Gutiérrez, Cambios en la Estructura de Clases de Costa Rica a partir de la década del ochenta (1987-1995).

Nivel de vida: las cifras en varios indicadores y, además, los indicadores de desarrollo humano revelan claros avances en la calidad de vida de los costarricenses entre 1980 y 1995. Mencionamos algunas: Esperanza de vida al nacer pasó de 73,5 años 75,6; la mortalidad general de 4,1 a 4,2; de mortalidad infantil de 19,1 a 13,2; la de nacimientos con asistencia médica de 91,5% a 97,7%; la de población cubierta por régimen de invalidez y muerte de 75,7% a 86,4%; la de niños con desnutrición de 9 a 5,1; la de población con agua potable de 96,1% a 98,5%; la de años promedio de educación de 5,9 a 6,8; la de PEA con educación primaria de 11,2 a14,8 (los últimos tres indicadores toman como año base 1985 por no disponibilidad de datos en 1980).

Si lo anterior es cierto, como creemos que lo es, la descalificación mediante el uso del término “neoliberal” no tiene sentido alguno y no aporta nada constructivo a las soluciones que hoy tenemos que buscar a nuestros problemas. Que exista una corriente neoliberal, no implica que el país haya transitado o transite por esa vía ideológica. Sí hubo cambios sustanciales, especialmente en aperturas, comercio exterior y turismo, ninguno de los cuales puede considerarse categorías ideológicas definidas, sino instrumentos para ciertos objetivos económicos y sociales. En nuestro caso, nos permitió mantener el ritmo de los progresos de años anteriores y cumplir metas trascendentes, que otros países fallaron en alcanzar. Una vez más, nuestro país se separó de la tendencia general y adoptó un camino propio, a pesar de las presiones del entorno y de los recursos asociados con los PAE para impulsar la aplicación del nuevo modelo.

Esta “desviación” sorprendió incluso a investigadores extranjeros, como lo plantea el Dr. Lizano, fuente de buena parte de la información anterior, en citas que consideramos oportuno agregar aquí: “Morley indica: ‘Lo que no es común es el record de la recuperación de Costa Rica’. ‘…lo que es sorprendente del caso Costa Rica es la rapidez durante la cual el nivel de pobreza volvió a su nivel de pre-crisis. Berry dice: “…Costa Rica parece ser el único país latinoamericano en asumir reformas sustanciales amistosas con el mercado sin sufrir grandes diferencias de ingresos…”. Por supuesto, el país sufre la persistencia de algunos problemas, especialmente la pobreza, pero eso se debe, posiblemente, más a fallas en el diseño y ejecución de la Política Pública y a la dispersión de recursos para atender nuestras prioridades.