¿Necesitamos una refinería?

editorialSomos un país que nos preciamos de algunos logros en materia ambiental y nos esforzamos porque esa imagen se fortalezca hacia afuera y se convierta en la “marca país” en el mundo del turismo, principal fuente individual de divisas. No obstante, con frecuencia nos olvidamos de nuestro propio discurso e incurrimos en comportamientos inconsistentes. Esta especie de síndrome parece ser propio de nuestra cultura, ya que lo encontramos en la población civil (hábitos contaminantes), tanto como en las instituciones públicas.

Política ambiental y Refinería. El Gobierno ha adoptado una política que nos lleve a ser un país carbono neutral para el año 2021, en el segundo centenario de su independencia. Ese compromiso nacional implica que deberíamos evitar las emisiones usando energía limpia. Pero, por otra parte, nos encontramos en el medio de un proceso de negociación con China, para que, de manera conjunta, construyamos refinería que iría a contrapelo con esa decisión política. La construcción de dicha refinería implica una inversión de $1500 millones, que debería pagarse en 15 años, alrededor del año 2028, que de alguna forma nos está comprometiendo con el uso de combustibles fósiles, más allá del bicentenario de nuestra independencia.

Sabemos que el petróleo seguirá siendo la principal fuente energética por varias décadas más. Sin embargo, antes de casarnos con la refinería (y el petróleo) y, además, adquirir una deuda muy sustancial que seguro seguirá creciendo, debemos preguntarnos si el país tiene otras opciones, consistentes con su política ambiental, en la cual deba invertir sus recursos más o menos escasos. La presencia del Presidente Obama nos hizo reflexionar sobre las posibilidades del gas natural que dará la independencia energética a EE UU para el año 2017 y que bajará sus costos como fuente de energía. De hecho le hemos pedido a los EE UU que nos consideren como uno de sus clientes futuros, con algún tipo de trato preferencial. Y esta es una decisión en la dirección correcta.

Deberíamos realizar las modificaciones a la Ley para que los recursos del sector privado también se orienten hacia un país carbono neutral. En agosto del 2012, el ICE licitó la generación de 140 MW, 100 eólicos y 40 MW hidroeléctricos. Las empresas ofertaron más del doble, 360 MW, 285 de fuente eólica. Ese excedente, por cierto con costos de producción más bajos, no se incorpora al potencial energético del país, porque el congreso ha sido incapaz de votar el proyecto de ley que ampliaría la participación del sector privado.

Varios políticos han propuesto el establecimiento de una red ferroviaria eléctrica nacional (RFEN), un proyecto que podría cambiar muchas cosas en este país, pero de manera particular el tráfico por las colapsadas vías tanto rurales como urbanas. Las grandes ciudades han llegado a extremos de congestión que son una fuente de irritación para quien tenga que conmutar. Peor, está causando un problema serio en nuestra calidad de vida y a nuestros hijos. Quienes trabajan, hombres y mujeres, invierten en promedio unas 8 horas diarias, en sus respectivas responsabilidades laborales y pasan 2 o 3 horas conmutando. Sin considerar que además tienen responsabilidades sociales, el tiempo simplemente no da para acompañar a sus hijos y compartir, en alguna medida, valores y educación. La familia, como la conocimos hace unas pocas décadas, simplemente hoy no existen, gracias a las dificultades del transporte. Y en nuestro país no podemos esperar en plazos razonables una solución al tráfico masivo. Pensando tal vez más en nuestras carreteras, que se destruyen rápidamente con ese tráfico incontrolado, algunos políticos han sugerido la construcción de la RFEN que comentamos luego.

Ferrocarriles y financiamiento. En realidad no sabemos si la inversión prevista ($1500 millones y aumentando) constituye una buena decisión para el país. Implica casarse con los combustibles fósiles, lo que corre en dirección opuesta a la meta de carbono neutral para el 2021. Entre el 2029-2030 habremos pagado la deuda que demanda la construcción de la refinería, pero de ahí en adelante se esperan beneficios adicionales (más contaminantes) por no sabemos cuántos años más. La pregunta que los costarricenses deberíamos hacernos, y elevarla a debate público, es si la alternativa de la RFEN, para transporte de carga por las principales rutas del país y de pasajeros para la GAM, es en realidad lo que el país necesita. Desde hace años se vienen realizando estudios técnicos, uno de los cuales presumiblemente serían entregados al Gobierno en enero 2013. Hay también alguna información de la cual podemos inferir costos.

Un reconocido político y exministro afirmaba en alguna reunión pública,  que podemos construir la RFEN, en el país para carga y en la GAM para transporte de pasajeros, lo cual produciría una economía del 50% de la factura petrolera, es decir, poco más de $1000 millones por año. Suponemos que la afirmación en referencia obedece a algún estudio realizado por expertos, pero, para ir a la segura, supongamos que ese ahorro sólo fuera del 30% de lo que hoy gastamos en combustibles fósiles, es decir, unos $600 millones.

Si pensamos, por otra parte, cuánto nos cuesta la RFEN, podríamos tomarla como el eje fundamental de una serie de inversiones combinadas que llevarían al país por un modelo compatible con su aspiración de carbono neutral para el 2021. Según información difundida en los medios de prensa, un consorcio de empresas europeas (España, Francia e Italia) ofreció rehabilitar el ferrocarril eléctrico de San José a Limón y de San José a Puntarenas, sin costo alguno para el país, pero con la concesión para que fuera explotado por ellos durante 30 años. El costo por ellos estimado: $850 millones. Es decir, este costo se cubriría con dos años de ahorros de la factura petrolera ($1200 millones) y nos quedarían un excedente de $350 millones por año.

También ha habido interés de inversionistas extranjeros para la construcción de una amplia y moderna red ferroviaria eléctrica para el GAM, donde reside el 54% de la población. El costo estimado de la inversión: $400 millones. Es decir, con el excedente de $350 antes mencionado casi cubrimos esta inversión (88%), y con un poco más de dos años de ahorros casi cubrimos ésta y la anterior inversion (red al pacífico y al Caribe).

¿Necesitamos una refinería? La respuesta tiene dos partes: primero, es importante complementar el compromiso retórico del carbono neutral, con acciones concretas y un compromiso firme de que, en efecto, reduciremos las emisiones en el corto período de 7 años que nos falta para llegar al 2021. Segundo, focalicémonos en una combinación de soluciones que nos lleven a esa meta. Debemos persistir en la necesidad de liberar la posibilidad de que el sector privado brinde una mayor contribución en energía limpia; hacer los ajustes legales para que el ICE pueda extraer energía geotérmica en parques nacionales, con la obligatoriedad de la restitución del daño ambiental causado; pero, sobre todo, deberíamos comprometernos con la solución de la RFEN, porque involucra enormes economías en combustibles fósiles y emisiones; una respuesta eficaz al serio problema del transporte de personas y carga; un alivio en el mantenimiento de carreteras; y, un aporte al bienestar de quienes hoy sufren la agresión del congestionamiento vial urbano. Y ahora le devolvemos la pregunta ¿Cree usted que necesitamos una refinería?