OCDE, Alianza del Pacífico y nuestra actitud frente al cambio

editorialVarios hechos sobresalientes de la Administración Chinchilla Miranda (ACM) se han producido en lo que va de este año. Primero, se logró la visita del Presidente de los EE UU, Barack Obama, considerado un éxito por tirios y troyanos. Este país es el principal cliente de nuestras exportaciones y además se perfila, en un quinquenio más, como el principal exportador de petróleo y gas del mundo, fuentes energéticas que, lamentablemente, seguirán siendo esenciales por algunas décadas. Luego vino la visita del Presidente de China, con una larga agenda de cooperación bilateral que posiblemente supera los 2000 millones de dólares. La presencia de ambos gobernantes tiene importancia para nuestro futuro en el corto, mediano y largo plazo; y en perspectiva económica y social. Implica ocupar, no obstante nuestra pequeñez física, un lugar en las relaciones que definen en muchos sentidos las reglas de juego del entorno global.

Vino luego nuestra presencia en la Alianza del Pacífico, conformada por México, Colombia, Perú y Chile, a la cual hemos sido aceptados si cumplimos con algunos requisitos. Este es un logro importante de la ACM y una ventaja esencial para nuestro país, cuyo modelo tiene como motor del crecimiento, las exportaciones. Dicha alianza concentra un tercio de la población de América Latina y el 50% de su comercio total. Además se relaciona con el Acuerdo Transpacífico (TPP) en la que participan EE UU y otros nueve países, para formar lo que llegaría a ser el mayor bloque comercial del mundo.

Y cerramos logrando una invitación para participar en el Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE. Esta es una iniciativa ambiciosa y nos permitirá medir nuestro potencial para articular la visión de lo que queremos como país y la capacidad real para alcanzarla. El nuestro fue un país de grandes decisiones, capaz de crear el Estado en un período relativamente corto y sin violencia, caso raro en el mundo; de imponer la educación primaria obligatoria y gratuita a mediados del siglo antepasado; de transformar una aldea pobre e insalubre en un país con altos niveles de desarrollo; de eliminar el ejército; de impulsar y lograr la paz en Centro América enfrentando a las mayores potencias del mundo; y de promover y lograr que los países del mundo adopten en la Asamblea General de las Naciones Unidas una resolución para control del comercio de armas. Hoy enfrentamos un nuevo reto, el ingreso a la OCDE, de cuya dimensión tal vez no estamos conscientes ¿Estaremos a la altura de este nuevo reto?

Primero, la OCDE no es una organización de países ricos. Sí lo es de países que se han impuesto serios y exigentes estándares en sus procesos de desarrollo. Lo que la ACM ha hecho con esta iniciativa es asumir por todos un compromiso que, francamente, no sabemos si podremos cumplir. Digámoslo de nuevo ¿Estaremos a la altura de nuestros antepasados, que sí pudieron tomar grandes decisiones? Los países de la OCDE demandan de sus empresas y de la política pública mucha responsabilidad ambiental; considera que los mercados y la inversión son vías de crecimiento, que deben acompañarse con altos niveles de educación, ajustes estructurales y políticas sociales equilibradas; exige intercambiar información sobre la lucha por la evasión fiscal; promueve cambios en los mercados laborales y opciones flexibles para los inmigrantes; requiere gobiernos que privilegien la transparencia; fomenta las estadísticas públicas como sustento a la toma de decisiones, entre muchos otros compromisos. En esencia, integrar la OCDE implica un compromiso de desarrollar una ambiciosa visión de desarrollo y la disciplina para alcanzarlo.

La visita de los presidentes de las dos más grandes potencias mundiales, EE UU y China, está acorde con estas otras dos iniciativas. Estas dependen de nuestra capacidad de consolidar una visión de desarrollo, ambiciosa, solidaria e inclusiva, que siempre hemos creído posible. También de superar evidentes actitudes propias de nuestra cultura, incoherentes con esa visión, en las que privan la desconfianza en nuestro potencial, la dispersión, o la crítica que no desemboca en decisión y acción. Esperemos que nuestra visión madure y prevalezca; y que los aspectos negativos, ya presentes en el entorno mediático, sean superadas a partir de una mejor comprensión de lo que está en juego.