No seamos parte de una cultura opresiva

Hace unos días se celebró el Día Nacional contra la Homofobia, Lesbofobia y Transfobia, para enlazar acciones que luchen contra la discriminación hacia las personas con orientación sexual diversa.

Es sorprendente ver cómo el mundo evoluciona algunas veces en reversa, especialmente cuando se discute el tema de la homosexualidad, olvidando que este no es un movimiento contemporáneo, ni parte de las culturas modernas, como síntoma de su descomposición moral, porque ha existido desde la antigua Grecia y Roma.

En la era de Platón no se concebía la orientación sexual como un estigma, pues lo importante era la conducta en apego a las normas sociales, entendiéndose como rango y no al sexo biológico.

En esta visión, la actividad homosexual y heterosexual se consideraba normal si se era ejercida por una persona socialmente superior con alguien socialmente inferior como mujeres, hombres jóvenes, extranjeros, prostitutas y esclavos.

La homosexualidad era tolerada y celebrada en las artes, el teatro y en las actividades culturales. Las obras literarias de aquella época, producidas por afamados filósofos, en sus poemas, grafitos y comentarios hacían mención a las predilecciones homosexuales de todo tipo de personajes, incluso de emperadores, ya que la satisfacción sexual del amo era considerada legítima, incluso en contra de los deseos de las personas.

Paulatinamente, y con la inclusión de preceptos religiosos, las actitudes hacia la homosexualidad fueron cambiando con los tiempos según el contexto histórico, oscilando desde la fuerte condena hasta una considerablemente y amplia aceptación.

Con esta breve reseña histórica lo que deseamos es que nuestro público lector conozca un poco acerca de la larga historia del comportamiento homosexual, que hoy en día tiene diversas reacciones, culturales y morales, pero merece una sola respuesta humana: tolerancia.

Es necesario respetar la orientación sexual como una extensión de los derechos civiles. Apoyar la imposición cultural de que solo existe una forma de vivir en el mundo: hombre, mujer y heterosexual, es algo excluyente, y como bien dijo la defensora de los Habitantes, Ofelia Taitelbaum, solo propicia el irrespeto hacia la población sexualmente diversa.

Así como respetamos las tradiciones morales y religiosas que han formado nuestra civilización y nuestras vidas, no se debería juzgar, criticar, condenar y excluir a aquellos que tienen una preferencia u orientación sexual “diferente” a la mayoría, limitando o desmereciendo las normas sociales esenciales para su desarrollo humano y el acceso a los derechos que toda persona heterosexual tiene.

La crítica moral del mundo homosexual está desbalanceada; es injusta, porque en la mayoría de los casos se vincula a conductas pervertidas, condenando su integridad como personas, sin ser capaces de entender que existen formas legítimas y honorables de amor, que no necesariamente es la del colectivo mayoritario.

No tenemos que apoyar a los gais, si no compartimos su estilo de vida u orientación sexual. Solo los instamos a no ser parte de una cultura opresiva.

 

Tomado de:  http://www.prensalibre.cr/lpl/comentarios/83094-no-seamos-parte-de-una-cultura-opresiva.html