Presidente Chinchilla y Libertad de Prensa

editorialDestacamos dos acontecimientos relacionados con el primero de mayo: el informe de labores de la Administración Chinchilla Miranda (ACM) y la presencia de la Directora de UNESCO Irina Bokova. Ya antes La Fragua se ha referido a un tercer acontecimiento, la visita del Presidente Obama (ver AQUÍ). En los dos que hoy destacamos se ocultan aspectos de nuestra realidad política y de la Región, que no podemos ignorar.

Primero, el informe de la Sra. Presidente Chinchilla destaca un hecho fundamental: la ACM se caracteriza por realizaciones, tan reales como importantes, que entran en conflicto directo con la valoración negativa que sistemáticamente recibe, según lo revelan las encuestas de opinión nacional y una regional, que la ubica en el último lugar entre presidentes de la Región. A ello se agrega otro hecho indiscutible: la prensa ignora el contenido de su informe y resalta una serie de aspectos formales, a pesar de que, para el país, el 1 de mayo tiene como especial significación la valoración de lo que hemos hecho el año anterior. No es este el lugar para una reseña de esos logros pero el informe de la Sra. Presidente tiene una larga lista de realizaciones sustentadas en indicadores objetivos que deberíamos destacar y, si procede, cuestionar con igual objetividad. En nuestra opinión, algunos elementos negativos de la ACM ocultan importantes logros suyos y del país, en contraste con el sentimiento general de desconfianza que priva en nuestras capacidades para progresar en lo social, económico y político.

Segundo, la presencia de la Directora de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, tiene, entre sus objetivos principales, brindar un reconocimiento al país por la solidez de la libertad de prensa, en momentos de crisis regional, caracterizada por asesinatos a periodistas y agresiones abiertas contra los medios informativos. Ese reconocimiento es importante para el país, pero pensamos que, en una perspectiva más amplia, dominan otros hechos negativos. No referimos particularmente a las agresiones a la libertad de pensamiento en general que hoy sufre Venezuela. Al respecto, focalicémonos en lo sustancial y no en sus instrumentos. La libertad de prensa es parte importante del entorno en el cual florece la diversidad de ideas, como característica principal del entorno en democracia. El gobierno venezolano mantiene su propia red de información, a la vez que agrede en forma sistemática e incluso física, a los pocos medios que mantienen algún grado de independencia. Cuando a los primeros representantes populares, los congresistas, se les niega el ejercicio de su función legislativa, se está atentando en forma directa contra lo sustancial. Cuando los poderes esenciales, incluso el Consejo Nacional Electoral, pierden su independencia y son sometidos a la voluntad de la ideología gobernante, nuevamente se atenta contra lo sustancial. Y cuando esto ocurre, se enfrenta una situación más seria porque, además de las agresiones específicas contra la libertad de prensa, hay una más profunda, estructural, de modelo, que persigue imponer una forma de pensamiento único, impuesta por una ideología autoritaria, respaldada por amenazas, agresiones y la presión de la fuerza bruta del ejército y de una milicia creada al efecto. Las circunstancias no pueden ser más desafortunadas para la libertad en general.

Y, tratándose de la principal Organización de Naciones Unidas para la Educación y la Cultura, es importante destacar otro elemento de este ataque estructural contra la libertad de pensamiento. La educación en Venezuela -como lo es en Cuba, que aporta no sólo la dirección sino también los maestros y profesores que la ejecutan- es utilizada por el “sistema” para construir, desde la escuela hasta la universidad, ciudadanos que soporten el pensamiento único de esa confusa filosofía chavista. Se trata de un instrumento, de más profundas ramificaciones que la libertad de prensa, contra la diversidad de ideas sin las cuales la democracia no prospera.

Además, deberíamos pronunciarnos e intentar cambiar el esquema según el cual los países son jerarquizados por sus índices de desarrollo humano, incluida la educación, en las circunstancias mencionadas y con prescindencia de la institucionalidad total de la cual dependen las libertades esenciales y los derechos humanos. Sin esta institucionalidad no es posible el desarrollo sostenido, como bien lo señalan con claridad los indicadores de desarrollo de Venezuela, después casi dos décadas de control absoluto sobre los recursos nacionales: crecimiento, acceso a bienes esenciales, empleo condicionado por el respaldo al régimen, ingresos fuertemente reducidos por las devaluaciones que buscan cubrir el despilfarro fiscal, agresión sindical e inflación galopante; pero, sobre todo, con el uso del chantaje de las elecciones amañadas para evitar su exclusión de las organizaciones de países democráticos.

En suma, el 1 de mayo nos induce a reflexionar sobre dos elementos positivos que conllevan otros dos negativos: la revelación de los logros del Gobierno que contrasta con el sentimiento negativo dominante; y el reconocimiento de la libertad de prensa en el país que, igualmente, contrasta con la cruda realidad que vive Venezuela y que hoy representa la peor agresión contras las libertades democráticas en la región.