Obama y la democracia

editorialUn editorial reciente de La Fragua se preguntaba si la democracia ha perdido respaldo popular y entre países de la región. Y lo hacía por el respaldo otorgado a Chaves -y en consecuencia a su modelo Socialismo Siglo XXI (SSXXI)- evidente por la presencia de una buena cantidad de presidentes de la región en su funeral, respaldo también reiterado luego a Maduro, a pesar de los notables cuestionamientos del proceso electoral del 14 de abril pasado.

Según la evidencia histórica, los regímenes de corte autoritario, como el chavista, son un fracaso anunciado. El sistema productivo de Venezuela ha sido destruido y tiene una dependencia de los bienes importados. La producción ha caído en forma alarmante, incluso la del petróleo. Uno de los países más ricos del mundo, arrastra un déficit del 18% del PIB. Tiene una aguda escasez de productos esenciales y la capacidad adquisitiva ha sido recortada en más de un 40% por devaluación. La infraestructura está en pleno deterioro y el financiamiento esperado en este rubro tiende a debilitarse porque los chinos han empezado a desconfiar en el futuro económico del país. En tales circunstancias, es posible que los subsidios que Chaves empleó para comprar el respaldo de varios países a sus esfuerzos hegemónicos no tengan mucho sustento.

Ya sabíamos que dichos modelos no tenían futuro, aunque los cubanos tuvieron que pagar un alto precio durante 50 años hasta que los hermanos Castro se enteraran de ello. Corea del Norte todavía no lo sabe y los países de la Europa del Este tuvieron que derramar sangre para deshacerse de la carga del socialismo no democrático.

Tampoco lo saben, o no es parte de su conciencia colectiva, los países de la región donde prevalece la ignorancia, o se han realizado notables avances en una escolaridad de corte ideológico, cuya meta principal es hacer ciudadanos que respalden el régimen autoritario; o en los países cuya población no ha logrado satisfacer sus necesidades básicas y, por tanto, las de carácter cívico no dejan de ser un producto suntuario prescindible. Fácil, la mitad de Centro América está en esta situación. Los niveles de pobreza golpean a más de la 50% de la población y las posibilidades que le ofrece la democracia se han extinguido en décadas de abandono social, clientelismo, corrupción e privilegio del interés privado sobre el de las mayorías. Ellas constituyen un amplio sector, con un alto nivel de sensibilidad por las causas populistas y, poca o ninguna, por otras fortalezas de la democracia.

Algo similar ocurre en el resto de la región, aunque mezclado con oportunismos políticos, mientras que, en el ALBA, los petrodólares de origen externo han alimentado una nueva clase de capitalistas/políticos, con una dialéctica populista. Por otra parte, es posible que las tendencias autoritarias en la región se debiliten por la muerte de Chaves. De hecho ya el ALBA estaba dando muestras de anemia, posiblemente producto de la compleja realidad, económica, social y política, creada por Chaves en Venezuela.

Sin embargo, las dolencias del SSXXI no son, a su vez, fortalezas de los regímenes democráticos de la región. Cierto, hay algunas democracias sólidas, como la nuestra pero, aún en estos casos, son evidentes ciertas tendencias de base chavista ¿Por qué? Porque las mayorías empobrecidas, ignorantes, desempleadas, enfermas, sólo apreciarán las ventajas de entornos libres y de respeto a los derechos humanos, cuando sus necesidades básicas hayan sido satisfechas. De otra manera, el populismo seguirán manteniendo su atractivo.

¿Qué hacer para lograr un nuevo impulso a nuestras democracias? No vemos inaccesibles las soluciones a los problemas que enfrentan, si tuviésemos claridad de nuestro norte, si se creara en el plano internacional cierto grado de consenso en torno a ello y, si por algún tiempo enfocamos voluntades y recursos en las acciones pertinentes. Jeffrey Sachs sugiere que la pobreza requiere ayuda para subir el primer escalón, y, agrega, que no se asienta en los países que han logrado desarrollar seis capitales: humano, empresarial, infraestructura, natural, institucional público e, intelectual (Capitulo 13, El Fin de la Pobreza). Una idea atractiva, fundamentada en 6 ejes de amplio impacto estratégico.

En todo caso, es necesario desarrollar y compartir la visión según la cual el desarrollo debe centrarse en el bienestar de las mayorías y, a partir de ello,  seleccionar los ejes que tengan el mayor impacto en el menor tiempo posible. Segundo, hemos construido un estado grande pero crecientemente débil e inoperante. Hay que rejuvenecerlo, con recurso humano fresco, competente y con disposición para incorporar nuevas tecnologías, esenciales si queremos privilegiar la productividad, elemento ético del cual dependen las coberturas y la equidad. Y hay que hacerlo con una gradualidad humanista, que no aumente la exclusión, la desocupación y la pobreza.

Tercero, no hay bienestar sin crecimiento. Nuestro país ha sido exitoso en este aspecto, como también lo han sido los países de América Latina y el Caribe. Sin embargo, en Costa Rica una proporción desmedida de recursos lo absorbe ese Estado grande al que hemos hecho referencia. Es posible, además, que el sistema impositivo no genere suficientes recursos para nuestras necesidades de crecimiento en beneficio de las mayorías. Sin embargo, sin reformas institucionales de fondo, los recursos fiscales seguirán alimentando la ineficiencia. En todo caso, el país tiene grandes necesidades en construcción y mantenimiento de infraestructura, pulso sensible del crecimiento y un problema frecuente en la región.

Cuarto, la inversión más productiva es la que se destina al desarrollo del recurso humano (RRHH). Sin embargo, no hemos aprendido a invertir en grande. Costa Rica tiene una inversión en RRHH considerada satisfactoria a nivel internacional (8% del PIB). Sin embargo, no es la requerida como un elemento impulsor del desarrollo y con capacidad para reducir o eliminar la pobreza. Es necesario niveles de inversión que podrían superar el 20% del PIB, porque implica cambiar en su totalidad el enfoque de la educación y reeducar tanto a los alumnos como a maestros y profesores. Sin embargo, este nivel de inversión no es posible con estructuras de recursos donde una buena parte se pierde por ineficiencia pública y otra en gastos suntuarios, como ejércitos y armamentos. Pero, al menos, los países deberían poner el tema en el tapete del desarrollo e impulsar la formación de Políticas de Estado de largo aliento.

En suma, la democracia debería ser la gran prioridad. Pero sólo podemos lograr un alto nivel de compromiso nacional y regional con ella si, además de sus beneficios políticos, logramos elevar los niveles de bienestar de la población. En las democracias disfuncionales hemos perdido terreno;  mientras, en países como el nuestro, la presencia de algunos elementos del populismo incrementa la ingobernabilidad y obstaculiza la lucha contra la pobreza. Revertir esas tendencias requiere, en el corto y mediano plazos, bajar los niveles de pobreza a un 10% o 13%. Una tarea difícil, no imposible, con una hoja de ruta apropiada y respaldo internacional. La visita de Obama ofrece una oportunidad en esta dirección ¿La aprovecharemos?