¿Vos también estás indignado? ¿Por qué?

editorialComo la mayoría de los ticos, comparto un sentimiento de irritación y frustración. Irritación porque las cosas no salen. Y frustración porque creo que algo podría andar mejor. Sin embargo el sentimiento es difuso, difícil de precisar. Podría ser el entorno de crisis que se inició en los años 2008-2009 y cuyas secuelas nos siguen golpeando con severidad. Podría ser el chorizo, pero para eso se requieren dos y, como todo tico, quisiera pensar que no soy parte del problema. O el sistema, pero sigue siendo algo impreciso que alimenta el comportamiento “anti”, del cual no quiero ser parte, porque reconozco su carácter destructivo.

Un país con 191 años de vida independiente, 64 años sin Ejército y una tradición civilista; con 143 años de educación pública gratuita y obligatoria, 94,9% de alfabetización y 70% en cobertura de educación secundaria; con 71 años de seguridad social y uno de los mejores sistemas de salud del mundo, a pesar de los problemas temporales; que ocupa el tercer lugar de América en expectativa de vida en niños de 1 a 5 años y la posición 31 en el ranquin mundial de expectativa de vida; que produce 80% de la energía a partir de fuentes renovables y tiene 99,3% de cobertura eléctrica; que tiene 25% del territorio nacional protegido, contiene 5% de la biodiversidad mundial y posee una de las 5 zonas azules del mundo (Nicoya); que produce el mejor café del mundo y ostenta la marca país número 25 del mundo, es sin duda un país del cual podemos estar orgullosos. Y lo mejor: un país con 4,5 millones de personas “pura vida”, entre los cuales hay individuos capaces de influir en la paz mundial, de eliminar el militarismo, de alcanzar las estrellas, de deleitar el espíritu con su pluma y su arte; ¿por qué no valoramos estos hechos” Esto, que nos lo recuerda las Dra. Eugenia Flores, exministra de Ciencia y Tecnología (ver AQUÍ), debería ser motivo de alegría… pero no me llega.

Se acerca el 11 de abril, fecha memorable para celebrar una parte distinguida del carácter de nuestros antepasados, seres sencillos, comprometidos, que respondieron a los retos del momento, como lo hubiéramos hecho nosotros bajo las mismas circunstancias. Sobra decir, que los aportes de los juanes (Juan Santamaría y Juanito Mora) y muchos otros compatriotas, fue fundamental para construir un sólido sentimiento nacional, esencial para el Estado costarricense, que recién estaba en formación, luego del abandono de la idea de una Federación Centroamericana, allá por el año 1838 ¿Sería apropiado tomar la ocasión para mostrar mi indignación? Me irrita la posibilidad de que la ocasión se tome para una nota de irrespeto, darle la espalda al Presidente de la República. Pienso ¿Cómo hemos llega a tales niveles de irrespeto? ¿Estamos abandonando los valores que nuestros padres nos transmitieron?

Mi confusión emana de las distintas manifestaciones de la indignación, muchas de la cuales son manipuladas por oportunistas que nos alejan de la solución de los problemas subyacentes, cualquiera sean estos. Disque somos los más felices del planeta, pero ello no alimenta una actitud positiva y constructiva en torno a las circunstancias que me rodean. Sí, claro, la gesta del 56 fue una lucha gloriosa contra los filibusteros y nuestros éxitos evitaron que cambiaran de una manera sustancial y negativa nuestra forma de vida en la región. Pero ¿puedo asimilar ese filibusterismo con el capital extranjero, como intentan hacer los sindicatos y algunos grupos de extrema izquierda? Si lo hiciera ¿No estaría manipulando y prostituyendo símbolos nacionales, como lo han hecho otros con Bolívar y Martí, para violentar valores y derechos civiles fundamentales? Además, me preocupan las manifestaciones de fuerza, porque sustituyen la razonabilidad y la civilidad que ha caracterizado a nuestra casi bicentenaria democracia. ¿Estamos dispuestos a renunciar a nuestra institucionalidad y a la negociación pacífica? ¿Se nos olvida que las diferencias siempre existirán porque, en diversidad de ideas y entornos, sólo podremos aproximar la verdad, nunca capturarla?

Sin embargo, estas cuestiones no ofrecen respuestas para calmar ese sentimiento de rebeldía que me molesta en mi interior. Sigo buscando y encuentro algunos puntos de aterrizaje. Pienso de nuevo en el 11 de abril y en la irritación de mis paisanos alajuelenses (San Ramón, San Carlos, Zarcero, Naranjo, Sarchí, Grecia…), por un proyecto para una nueva carretera que es ofensivo, desproporcional en sus costos y deja la situación de transporte esencialmente igual, en dos carriles, en los que el más lento de los vehículos determina la velocidad de los demás. Y alcanzo a precisar una causa de mi descontento: en el 2005 ese proyecto costaba $223 millones, hoy cuesta $523 millones ¿De quién es la culpa que todos tengamos que pagar $300 millones, porque el sistema, es decir, nuestro aparato estatal, requirió 8 años para llegar donde hoy nos encontramos? Y me hace recordar que, según un estudio del Banco Mundial, el país despilfarra $500 millones por año por malos procedimientos de adquisiciones públicas. Que JAPDEVA  reconoce tener un 35% más del personal que necesita, a un costo de miles de millones de colones que no puede quitarse de encima.  Que, según la CGR, RECOPE solo ejecuta el 47% de lo que se propone, por tanto tiene una capacidad ociosa de 53%. Que más de 40 mil estudiantes fantasmas nos cuestan más de ¢48 mil millones en sueldos fraudulentos, pero el sistema deja pocas posibilidades de corregir. Y que…

¿Será eso lo que está mal? ¿Será que hemos construido un monstruo, el sector público, que nadie controla y que con sus propios impulsos burocráticos neutraliza todo esfuerzo de desarrollo y de equidad? Estamos hablando de aproximadamente un 44% de nuestro producto interno bruto, de nuestra economía ¿Somos todos responsables por la creación de ese monstruo, con actitudes gremialistas, con nuestra dependencia extrema del Estado? ¿Por qué ahora la bronca con la Sra. Presidente? Pensemos: cómo afectaría nuestro estado emocional, si los miles y miles de costarricenses que requerimos a diario algún servicio público, se nos tratara con respeto y, más importante, proveyeran ese servicio en forma oportuna y a un costo razonable; si los miles de millones de dólares (entre $5 y 6mil millones hemos estimado) que se pierden anualmente en privilegios e ineficiencia, pudieran canalizarse a inversiones en nuestra deteriorada infraestructura; si con ello pudiéramos impulsar niveles de crecimiento sostenido por encima del 7%; si mejoráramos la educación, a niveles que hoy son inconcebibles; si todos los costarricenses pudiéramos conseguir empleo bien remunerado; y si con ello pudiéramos rescatar al 20% de los compatriotas que están en pobreza y al 15% adicional que están en vulnerabilidad. Qué tal si, además, me dejaran elegir a los diputados que hoy nos imponen los grupos de interés que dominan la política y que éstos aprobaran con celeridad los proyectos más relevantes para nuestro desarrollo.

No sé usted, pero creo que yo me sentiría mucho mejor, no estaría indignado y cuando alguien me preguntara ¿Cómo está usted? tendría mayor razón para contestar ¡Pura vida!