Escalada en Corea

Gloria Álvarez Desanti. Ph.D.

La  República Popular Democrática de Corea (RPDC) se ha caracterizado por las provocaciones y ataques contra la República de Corea durante los últimos sesenta años. Lo de hoy no es inédito. Sin embargo, también han existido intentos por mejorar las relaciones intercoreanas. Valga recordar que la división de la península se dio después de II Guerra Mundial, el Norte se asoció a la Unión Soviética y el Sur a los Estados Unidos de América.  Las diferencias políticas entre los dos territorios provocó la guerra en 1950. Se declaró un alto al fuego en 1953, pero no se ha firmado un tratado de paz. Esta situación prevalece hasta hoy día.

El Norte desarrolló una economía centralizada, que planifica, produce y distribuye las mercancías que produce la economía. Es notorio que la escasez de alimentos lo llevó a la dependencia de la ayuda internacional para alimentar a la población. En 1998 la ONU reportó que el 60% de los niños estaban desnutridos. Human Rights Watch reporta que produce solo 3 millones de toneladas de granos anuales, cuando según las estimaciones de la FAO, en 2006, necesitaba producir 6 millones de toneladas de grano para abastecer el consumo nacional. La reducción de la ayuda externa, particularmente de parte de la Unión Soviética, la pesada deuda externa (estimada en $ 397 miles de millones de dólares), la desviación del 20% PIB hacia los rubros de defensa y las fallas de la planificación centralizada con una industria pesada poco competitiva y obsoleta por falta de mantenimiento y modernización, no le han permitido crecer a la economía. Entre 2009-2011, se presentó una contracción de la economía de 0.2%. En contraste, en el Sur se desarrolló una democracia representativa con una economía de mercado. Es un país desarrollado, la treceava economía a nivel mundial. Desarrolló la infraestructura, la tecnología, la comunicación y los programas sociales, lo cual le ha permitido alcanzar un índice de desarrollo humano muy alto (0.909).

Pyongyang tiene un presupuesto militar de 2.000 a 10.000 millones de dólares y un ejército de 1.106.000 militares, tecnológicamente muy atrasado, aunque desarrolló misiles de largo alcance. Ahora bien, no se cree que haya desarrollado ojivas nucleares. Sin embargo, tiene misiles Musudan con los que podría atacar a la República de Corea, Guam, Hawai o Japón. De tal manera, que en efecto, Kim Jong-un tiene en sus manos la posibilidad de realizar un ataque. Cabe recordar que en 2010 el Norte hundió el buque de guerra surcoreano Cheonan y atacó la isla Yeonpyeong. Ante estos hechos, Corea del Sur respondió cancelando la ayuda humanitaria y la cooperación bilateral.

En febrero del 2013, a raíz de la tercera prueba nuclear por parte de RPDC, las tensiones en la región se agravaron. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó sanciones económica. La respuesta inmediata del Norte fue regresar al “estado de guerra” con Seúl.  Además movilizó un segundo misil de largo-mediano alcance.

La escalada continúa. Pyongyang anunció en días pasados que el gobierno no garantizará la seguridad de los funcionarios diplomáticos y de organismos internacionales después del 10 de abril. En consonancia, Japón inició su protocolo antimisil y el Ministro de Defensa de Corea del Sur, Kim Jang-soo, advirtió que  están preparados para cualquier ataque.

Algunos analistas consideran que las manifestaciones de RPDC tienen solo el fin de propiciar el diálogo para eliminar el bloqueo, las sanciones comerciales y obtener más ayuda externa, además de fortalecer la imagen de militar de Kim Jong-un entre sus compatriotas. Por otra parte, se sabe que un enfrentamiento militar con tal diferencia armamentista sería un suicidio para la RPDC. No obstante, debemos tener presente las palabras del Secretario británico de Relaciones Exteriores, Hague, “tenemos que estar preocupados por el peligro de que el régimen norcoreano cometa un error de cálculo”.

El apoyo incondicional de China hacia las políticas norcoreanas ha cambiado. Las palabras  del Presidente,  Xi Jinping  durante el Foro de Boao, revelan el cambio de Beijing: “Ningún  país tiene derecho de precipitar a una región e incluso al mundo entero al caos… debemos de garantizar la estabilidad en Asia”. A su vez, cabe recordar que China no tuvo éxito en persuadir a RPDC de no realizar su tercera prueba nuclear. Un dato interesante es que la figura de Kim Jong-un goza de gran impopularidad entre los jóvenes chinos en internet.

Esta crisis está afectando la economía de la península coreana. Los ataques anteriores del Norte no habían repercutido en la estabilidad de los mercados. Hoy día el más afectado es el parque industrial intercoreano de Kaesong (donde trabajan 851 surcoreanos y 53.000 norcoreanos en  123 pymes surcoreanas). Se reporta que varias empresas han tenido que suspender las actividades porque no se permite la entrada de trabajadores del Sur ni el transporte de materia prima. Cabe citar que algunos militares de RPDC no favorecieron el proyecto de Kaesong por considerarlo de economía de mercado. Se especula que se podrían expropiar las inversiones de los surcoreanos y se repartirán entre la élite del Norte. Todo esto afectará también, más en general, la confianza de los inversionistas en la recién electa presidenta Park Geun-hye de Corea del Sur, quién garantizó una atmósfera de cordialidad en las relaciones intercoreanas.

El deterioro de la economía  de la RPDC, se  agravará con las sanciones impuestas por la ONU. En este marco, lo que procedería es una negociación con Seúl y Washington con miras a levantar el bloqueo y obtener ayuda humanitaria para impedir el colapso del modo de producción socialista. No obstante, con base en la experiencia pasada, la única forma de negociación que conoce RPDC es la provocación, por lo que una posibilidad es que lo que estamos presenciando sea solo la apertura de dicha negociación. También es claro que el desarrollo de un conflicto armado en la región asiática no está en los intereses de China ni de Estados Unidos, por lo que la diplomacia, podría, en principio, evitarlo. No obstante, puede ser que Kim Jong-un se vea atrapado en su propia retórica y decida, que para consolidar su hegemonía, sea necesario enviar un misil. Esperemos que no se desarrolle este escenario, y aún si este se materializace, que el incidente no desemboque en un conflicto militar en gran escala.