ONU aprueba regulación del comercio de armas ¿Qué nos dice esta decisión sobre el carácter del costarricense?

editorialEs una decisión histórica, producto de una iniciativa nacional. Esta vez trasciende nuestras fronteras, pero confirma la capacidad de los costarricenses para encarar grandes retos y tomar decisiones trascendentes para el bienestar social. Y niega la validez del sentimiento de impotencia colectiva que algunos sectores promueven y la prensa magnifica, el sentimiento del “no se puede”.

El expresidente Oscar Arias Sánchez, consecuente con su visión de estadista que con alguna periodicidad se impone en nuestra historia, inició hacia el año 1997, en reunión que él promovió, con otros receptores del premio Nobel, la discusión de una ética sobre la transferencia de armas entre países. Varios aspectos la sustentan, pero se destacan su efecto destructivo, muchas veces sobre inocentes; su uso por gobernantes que irrespetan los derechos humanos; y la gran contradicción de gastar más de 70 mil millones de dólares, mientras millones sufren los efectos de la pobreza y la marginación. Hoy, siempre bajo la iniciativa costarricense, la Asamblea General de la ONU ha aprobado con 154 votos a favor y sólo tres en contra, el primer Tratado sobre el Comercio de Armas. Es sólo el principio, pero sus consecuencias en el mediano y largo plazos puede ser de gran trascendencia para el bienestar de las naciones del mundo.

¿Qué nos dice la iniciativa del Dr. Oscar Arias Sánchez sobre el carácter de los costarricenses? Nos dice lo que la historia patria documenta en forma objetiva: el costarricense tiene la capacidad para enfrentar grandes retos y alcanzar ambiciosos sueños. Muy contrario por cierto, al sentimiento de frustración y del “no se puede”, que hoy promueven algunos grupos de interés y magnifican los medios de prensa, dominantemente amarillista. El mismo Dr. Arias Sánchez fue el motor de la paz, frente a la violencia que desangraba a los centroamericanos hace sólo unas pocas décadas atrás. Y lo hizo enfrentando a la oposición nacional, a la fuerte influencia cubana en la Región y a las grandes potencias mundiales, EE UU y la Unión Soviética.

También hay gloria en el comportamiento de hombres preclaros como Dengo, Volio, González Flores, Mora, Sanabria, Facio, don Pepe, Calderón y muchos otros que lograron la convergencia en la diversidad para fijar las orientaciones que impulsaron el cambio en la década de 1940 y que crearon un “nuevo país”, más próspero y saludable a partir de la década de 1950. Atrás quedó el Estado pasivo, la pobreza generalizada y el vivir sin dignidad, producto de la ausencia condiciones sanitarias mínimas, de la pobreza y la ausencia de servicios esenciales para todos de electricidad, agua potable, salud, educación, comunicaciones, etc. Y coronamos ese período con la gran decisión que nos distinguirá por mucho tiempo: prescindir del nefasto ejército, inútil aunque decisivo en la estructura político-social de poder.

Otro momento brillante de nuestra historia lo aporta Don Tomás Guardia. Su obra la destaca Don Ricardo Fernández en los siguientes términos: “Después de la administración de Carrillo, ninguna ha sido de tanta trascendencia para Costa Rica como la del general Guardia, que transformó completamente el modo de ser del país. Su obra fue extensa y meritoria… Guardia hizo real y efectiva la estabilidad del presidente con la anulación de las oligarquías político-mercantiles, a merced de los cuyos intereses estuvo el poder público durante muchos años; abrió ancho campo a la vida económica del país, monopolizada asimismo por la oligarquía; imprimió al gobierno un carácter netamente democrático que ha conservado desde entonces; fomentó con actividad el progreso material, abolió la pena de muerte y desarrolló la instrucción popular, aumentando considerablemente el número de escuelas y colegios”.

Bien conocida es la gesta heroica mediante la cual nuestro Presidente Juanito Mora determinó la derrota de William Walker y condujo al país en años posteriores por la ruta de la prosperidad.

Dice el sociólogo Dr. Arnoldo Mora que “La proeza más grande que ha hecho Costa Rica en su historia es la etapa que va de 1821 a 1871: la formación y consolidación de nuestros Estado Nacional” que, además, no omite calificar de “milagro” costarricense, emulando la expresión “milagro griego”. Y agrega: “la hazaña histórica del pueblo costarricense de haber forjado el estado nacional en un tiempo breve históricamente (50 años) y por métodos eminentemente políticos, es decir, sin recurrir a la constitución de un ejército profesional y tras caóticos periodos de guerra civil, como sucedió en el resto de los países provenientes del antiguo Imperio Español. Trascienden en esta obra los Presidentes Carrillo, Mora y Guardia.

Los anteriores no son hechos aislados de nuestra historia, sino una cadena coherente de acontecimientos que han forjado un Estado sólido, sobresaliente en el contexto internacional. Y que dice mucho del carácter costarricense, la misma materia de que está formado el carácter colectivo del país. Bueno es recordarlo, porque debería alimentar un espíritu de esperanza, de confianza y de “sí se puede”, relativo a metas superiores de desarrollo. Oscar Arias no es un recuerdo lejano. Es en muchos sentidos un hombre diferente, el más reciente eslabón de una cadena de figuras históricas, cuya visión y determinación, ha favorecido grandes iniciativas para beneficio nacional, regional y, ahora, mundial; es, a su vez, un hombre sencillo y sensible, capaz de derramar unas lágrimas al ver colmado un sueño que creía lejano. De él, de figuras como las que hemos mencionado aquí, deberíamos tomar la sensibilidad para alimentar nuestras aspiraciones de solidaridad y el carácter para resolver los problemas que nuestro país enfrenta.