Los políticos buscan identidad, la gente desarrollo

editorial¿Cuál es el la orientación ideológica de los políticos? ¿Es compatible con el sentimiento popular? Sugerimos que hay dos tendencias principales, la socialdemócrata y la socialcristiana, cuyas posturas son cuando menos confusas, sino del todo disociadas de la realidad histórica y social del país.

Entre las principales fuerzas, el PLN es formalmente socialdemócrata (SD), aunque un ala critica recientes políticas propias y busca el retorno a sus raíces originales. El PAC parece ser orientación SD, contaminado por corrientes que a su interior han sido llamadas chavistas, y con una filosofía original centrada en una interpretación particular de la ética política (de la cual sale el término de las “galletas”) y la reforma administrativa, enturbiada también por claras tendencias “neoestatistas”. El PUSC tiene brotes esporádicos de socialcristianismo, más producto de personalidades individuales, que de un partido que se ha desplazado notablemente a la derecha.

Hoy es evidente un modelo caracterizado por las aperturas y las exportaciones como fuente principal de la economía nacional y el turismo que se ha convertido en una de las principales fuentes de divisas ¿Neoliberalismo? Es posible que haya mucho de pragmatismo y poco de ideológico en ello. Stiglitz, un economista que complace a los SD, dice lo siguiente:

“Globalización y Apertura comercial: Por qué la globalización –una fuerza que ha traído tanto beneficio- ha provocado tanta controversia? Abrirse al comercio internacional ha ayudado a crecer mucho más rápido a muchos países que de otra manera no lo hubieran logrado. El comercio internacional ayuda al desarrollo cuando las exportaciones impulsan el crecimiento económico. El crecimiento impulsado por las exportaciones fue la clave de la política industrial que enriqueció la mayor parte de Asia y mejoró la condición de millones de personas. Por la globalización mucha gente en el mundo ahora vive más y mejor que antes, con superior calidad de vida” (traducción libre del autor de estas notas, Los Descontentos de la Globalización, Joseph Stiglitz).

Así que uno se preguntaría ¿a cuáles raíces queremos volver? El país tuvo un renacer económico y social a partir de la década de 1950, en parte sustentado en las reformas de la década anterior donde se confundieron corrientes socialcristianos y socialdemócratas y en las que participaron personalidades de ambas orientaciones, pero también don Manuel Mora del Partido Vanguardia Popular, comunista. Partimos de ser un país aldeano, pobre, sin coberturas importantes de salud, educación, electricidad y agua potable, con una expectativa de vida al nacer inferior a 50 años y marco político liberal; y evolucionamos a un Estado fuerte, que asumía su responsabilidad por el bienestar social, que actuó con notable capacidad resolutiva en brindar coberturas amplias en educación, salud, electricidad y agua potable. La sustitución de importaciones produjo notables beneficios, pero el modelo se agotó con la globalización, que obligó al país a cambiar sus ejes principales.

Era la época del liberalismo económico, representado por el Consenso de Washington, con dos centros políticos de poderosa influencia, EE UU con el  Presidente Reagan que estuvo en el poder 8 años, y la Thacher en Inglaterra por un período mayor, a lo cual se agrega la caída del muro de Berlín (estructura mundial unipolar). Nuestro país acogió los Programas de Ajuste Estructural (PAEI, II y III y su pareja los préstamos SALI, II y III) ¿Cuánto cambió nuestro país con el nuevo modelo? Costa Rica no aplicó en su totalidad los PAE, aunque sí gastó los recursos de los SAL, como evidencia el hecho de que en 1999 la Administración Rodríguez recibió un préstamo del BID para reformas que no se habían cumplido.

Más importante los indicadores, señalan que la economía siguió su curso, al impulso que los costarricenses le dieron con tono criollo: durante la mayor parte de los siguientes dos décadas el país creció en promedio un 4.8%; el crecimiento de los servicios lo hizo en un 60%; la agricultura y la manufactura crecieron en un 4.5% y 4.6%, respectivamente; el turismo creció un 23% y supero al banano y al café en divisas; el empleo creció 4.7%, casi el doble de crecimiento poblacional; y, como dato especialmente importante, hasta 1993 el país fue capaz de reducir la pobreza a los niveles de mediados de los 80, gracias al rápido crecimiento.

Lo anterior sugiere que el discurso político de hoy, entre acusaciones de neoliberalismo y la búsqueda de las raíces verdaderas de la SD, simplemente no se sostienen. Tuvimos soluciones sólidas, tanto en lo social como en lo económico, durante las siguientes tres décadas posteriores a las reformas de la década de 1940. Tuvimos que cambiar ese modelo porque el mundo había cambiado con la globalización. No podíamos seguir con un modelo cerrado en un entorno abierto y optamos por un modelo teóricamente neoliberal que aplicamos con sabiduría criolla. Los indicadores revelan que el país siguió el curso normal de su desarrollo, del cual disfrutamos hoy y que nos ubica en posición de privilegio en el contexto mundial. Aún en el período de la crisis 2008-2009, logramos contener el impacto social y seguir creciendo a niveles satisfactorios en crisis y pos crisis.

La pregunta es ¿Qué nos falta hacer y cómo hacerlo? Nuestro mayor problema sigue siendo la pobreza y la vulnerabilidad. Es posible que se trate más de un problema de política pública que de modelos de desarrollo. Resulta notable que la Administración Arias Sánchez terminara su gestión con crecimiento importante en el gasto social y que hay podido reducir la pobreza en 3.5% puntos. Sin embargo tenemos un problema particular: nuestros esfuerzos se diluyen en un aparato público que en vez de facilitar, parece confabular contra el desarrollo en equidad que queremos y sabemos posible. Y además nos cuesta miles de millones de dólares que se pierden simplemente por ineficiencias. Liberar esos recursos y hacer que el aparato público se apegue en la dirección de las políticas de desarrollo parece ser la clave. Sin embargo, también debería cambiar el discurso político que anda desubicado con respecto a las necesidades del país y a las aspiraciones de la población.