Desarrollo de la zona fronteriza norte

editorialEn 1949 Pepe Figueres eliminó el ejército. En los años subsiguientes un nuevo país dejaría atrás la aldea que éramos, con medio millón de habitantes, la mayoría jornaleros en pobreza, sin coberturas de salud, educación, electricidad, agua potable y una expectativa de vida inferior a los 50 años. En la década de 1980 adoptamos formalmente un modelo liberal que no cumplimos en todos sus extremos y Costa Rica siguió su estilo propio de desarrollo. En esa misma década Oscar Arias enfrentó con éxito el reto de la paz centroamericana, sobre la oposición nacional y de las grandes potencias mundiales del momento (EE UU y la URSS). Es hora de que, con la misma valentía y decisión, emprendamos otro gran reto de nuestro tiempo: el desarrollo de nuestras zonas fronterizas.

Bienvenida por tanto la propuesta de la Administración Chinchilla Miranda (ACM) que tiende la mano a un grupo de compatriotas olvidados a lo largo de la frontera con Nicaragua, viviendo en las mismas condiciones que vivían sus antepasados en la década de 1950: pobres, sin acceso al agua potable, a la electricidad, a la salud, a la educación y al bienestar. Y que también habitan una de las zonas más ricas del país, cuyo potencial económico y turístico compensará generosamente la inversión de más de 140 mil millones de colones que costaría la obra por realizar antes de concluir el actual Gobierno.

Así que, por razones de solidaridad con nuestros compatriotas, por el interés económico de la zona y por razones estratégicas, debemos apoyar la iniciativa de la ACM. Las razones geopolíticas son igualmente importantes. Sin  ejército y sin infraestructura militar, es esencial al menos tener las posibilidades de movilizar alguna logística de emergencia en razón de un conflicto histórico que Nicaragua mantiene con nosotros. Además, es un conflicto viejo y perdurable. Nicaragua tiene muy altos niveles de pobreza y sus posibilidades de desarrollo enfrentan décadas de cambio que no parecen darse. Sus principales fuentes de ingreso dependen del café, la carne y la minería, todas generadoras inadecuadas de empleo y salarios. Frente a la incompetencia recurrente de sus gobiernos, el recurso favorito para ocultar sus fracasos es despertar el sentimiento nacionalista contra Costa Rica.

Y, a pesar de su pobreza, Nicaragua sí invierte cantidades sustanciales de recursos en su ejército, razón por la cual nuestro país tiene una importante desventaja, exacerbada por la lentitud de los mecanismos internacionales de resolución de conflictos. De modo que no tenemos respuesta inmediata a los abusos que Nicaragua sigue cometiendo en relación con ese pedazo de territorio nacional, Isla Calero, invadido por Nicaragua y a sus pretensiones en otros lugares del territorio nacional. En consecuencia necesitamos confrontarla, demostrando el poder del bienestar, fortaleciendo el sentimiento nacional de nuestros compatriotas en la zona y convirtiéndonos en un espejo más cercano para Nicaragua, que los impulse a adoptar políticas y programas para un mayor bienestar de su población. De ese  desarrollo, que es también interés nuestro, depende a la larga la posibilidad de una relación, caracterizada por la paz, el respeto mutuo y la colaboración bilateral, en sustitución de las absurdas fuentes de discordia que nos vienen separando por décadas.

Por ello queremos dejar constancia de nuestro apoyo a la decisión de la ACM, que promete un amplio programa de desarrollo y que incluye, entre muchas otras cosas, finalizar la Trocha; contratar para la zona 250 policías; y fortalecer la seguridad con muchos otros medios como vehículos de doble tracción y equipo electrónico de vigilancia; reforestación y mitigación de daños ambientales; electrificación; agua potable domiciliaria; y mucha capacitación para que la población pueda aprovechar las fuentes de empleo e ingresos que ese amplio programa de desarrollo generará.