Logros de la Administración Chinchilla Miranda

editorialEl legado de la Administración Chinchilla Miranda (ACM) posible no se rescate, en el corto plazo, a juzgar por las encuestas de popularidad; sin embargo hay obras importantes que la historia sí tendrá que reconocer.

Tampoco se escapará del juicio cíclico de ciertas izquierdas que, condicionadas por la teoría de la conspiración, se negarán a reconocer nuestro principal problema: un estado disfuncional, que enloda todo proyecto de desarrollo, que nos cuesta una buena parte del producto interno nacional (PIB) y cuyos privilegios nos ponen en la peligrosa ruta de los PIGS. O de quienes usan el mote de neoliberal cuando le faltan argumentos y objetividad para reconocer hechos evidentes.

¿Por qué esta línea de argumentación? Esencialmente porque los bajos niveles de popularidad que muestran las encuestas riñe con importantes obras y avances que hace nuestro país por iniciativa de la ACM. Partamos del crecimiento, fuente de empleo e ingresos de las grandes mayorías. Las exportaciones, motor de nuestro modelo de desarrollo, han alcanzado niveles que sobrepasan las expectativas de los más optimistas. Además, hemos sorteado el vendaval de la crisis con un daño comparativo menor que el de otros países. La economía vuelve a ser la prioridad No. 1, en parte porque hemos avanzado en materia de seguridad,  que hace un par de años era la principal preocupación de la población.

Podemos continuar con uno de los pilares del crecimiento: la infraestructura. La ACM dejará en proceso de ejecución obras que en conjunto implica varios billones (sí, miles de millones de dólares) para el futuro inmediato. Entre ellos se destaca el nuevo puerto de contenedores con un costo superior a los $1000 millones; la nueva refinería igual con similar cifra; la modernización del puerto de Limón y el nuevo puerto granelero de Puntarenas; la nueva carretera Guápiles-Limón, complemento esencial de los puertos; el aeropuerto de Liberia; la carretera a San Carlos; el tapón de Chilamate; la carretera Cañas-Liberia; $200 millones para infraestructura educativa, entre muchos otros proyectos. Si avanza el proyecto que se encuentra durmiendo el sueño de los justos en la Asamblea Legislativa, que abriría un poco la participación del sector privado, es posible que agreguemos por lo menos un $1000 millones más de inversiones anuales en energía limpia durante los siguientes 10 años.

Es lamentable La Trocha, tal vez el proyecto de mayor importancia social y política en varias décadas. Tiene enormes beneficios en materia de movilización y logística relativa a nuestros problemas con el vecino del norte. Pero también con un sector de costarricenses que vive en el olvido y en pobreza, aislados del resto de sus compatriotas, a pesar del potencial turístico y económico de la zona. Esperemos sin embargo, que el proyecto pueda ser retomado y tal vez terminado antes de mayo 2014.

Tenemos la fortuna de mantener un buen ministro de educación durante dos períodos. Nuestros hijos serán lo que son nuestras escuelas y colegios, porque los padres trabajan unos 40 horas por semana, conmutan unas 3 horas diarias y cumplen compromisos sociales que todos tenemos. El mercado se ha robado a nuestros padres, en detrimento de la educación que en el pasado recibíamos de ellos. Nuestra educación va en camino a su modernización y, aunque se trata de un proceso a mediano y largo plazo, hemos empezado y marchamos por el camino correcto en la dotación de valores, tanto como de ciencia y tecnología que nuestra juventud requiere para aspirar a empleos de calidad o para asumir sus propias empresas. Es bueno recordar que la educación guarda una estrecha relación con la superación de la pobreza.

La reforma institucional (propuesta de los notables) es una iniciativa de gran desprendimiento, porque no beneficia a la ACM, pero es esencial si queremos que futuros gobiernos puedan avanzar con mayor rapidez en proyectos de interés económico y social. Es además un problema acumulado que otras administraciones precedentes simplemente ignoraron. Las noticias que nos llegan de su discusión en el congreso sugieren que tal vez la mitad de las propuestas de los notables podrían convertirse pronto en leyes nacionales. El beneficio para el país es incalculable y también el mérito para la ACM que tuvo el coraje de tomar esa iniciativa, políticamente muy sensible.

Podríamos seguir listando una serie de proyectos, algunos con cifras no tan contundentes pero sí de gran importancia social, como las redes de cuido o programas de infraestructura comunal para sectores vulnerables y clase media baja. Pero el espacio no da para ello. Por supuesto, no podemos ignorar que más de 100 mil personas viven en pobreza, un problema pendiente y una deuda de la que somos solidariamente responsables. En la Administración anterior tuvimos la fortuna de bajarla en más de 3 puntos porcentuales, pero la  crisis se llevó esa conquista. Sin embargo, se demostró que con una política pública focalizada en el problema, es posible lograr impacto en el corto plazo. Además, hay que considerar que, a diferencia de otros países con los que nos comparan (Chile, Uruguay, etc.), nuestra tarea es particularmente difícil por el efecto migratorio o de pobreza importada. Este fenómeno, del cual no tenemos estadísticas, puede ser un factor importante, si se considera que residen con nosotros unos 500 mil nicaragüenses, casi un 12% de una población total de 4,3 millones.

La ACM enfrenta un problema de percepción, propio de nuestra cultura civil y mediática. Civil porque somos dados al escándalo y tenemos un fuerte adicción retórica que nos pierde en el medios y nos aleja de los fines; y mediática porque la alimenta un periodismo dado al escándalo y nada constructivo. La obra de la ACM es apreciable y, seguro, la historia no podrá negarla. Sería bueno reflexionar sobre ella y, sin perjuicio de la crítica constructiva, le demos a la presente administración el reconocimiento que merece.