La experiencia manda: los secundarios saben lo que es estar nominado

Los Ángeles (EFE).– La experiencia es un grado en las categorías de interpretaciones secundarias en la 85 edición de los Óscar ya que los diez artistas en liza saben lo que es estar nominado a la estatuilla dorada y siete de ellos han saboreado previamente las mieles del éxito.

Toda la incertidumbre que recae en el campo de mejor actor de reparto contrasta con la baza prácticamente segura de Anne Hathaway en la competición femenina, pero si hay algo que ha enseñado el “Tío Óscar” a lo largo de la historia es que sus caminos son inescrutables.

MEJOR ACTOR DE REPARTO

ALAN ARKIN, o cuando Hollywood se mira en el espejo.  Se trata de la cuarta nominación que consigue Arkin, en este caso por su papel de productor de Hollywood en “Argo”, un desternillante personaje repleto de frases sarcásticas que se asocia con un agente de la CIA para montar una compañía falsa que publicita el rodaje de una película en Irán.

Esa fue la forma en la que EE.UU. y Canadá llevaron a cabo el rocambolesco rescate en 1980 de seis funcionarios de la embajada estadounidense en Teherán durante la crisis de los rehenes, haciéndolos pasar por un equipo de rodaje canadiense de una cinta de ciencia ficción al estilo “Star Wars”.

Arkin logró su primera candidatura por su debut en el cine: “The Russians Are Coming, The Russians Are Coming” (1966), a la que siguieron nominaciones por “The Heart Is A Lonely Hunter” (1968) y “Little Miss Sunshine” (2006), título por el que se hizo con la victoria.

PHILIP SEYMOUR HOFFMAN, el domador de la bestia.   Cuarta nominación para Hoffman, que ganó el Óscar por “Capote” (2005) y siguieron reconocimientos por “Charlie Wilson’s War” (2007), “Doubt” (2008) y ahora con “The Master”, una cinta en la que su personaje de aura mesiánica posee prácticamente la misma importancia y similar tiempo en pantalla que Joaquin Phoenix, nominado como actor protagonista.

De hecho, el premio a la mejor interpretación masculina del Festival Internacional de Cine de Venecia fue entregado “ex aequo” a Phoenix y Hoffman, que encarna en el filme a Lancaster Dodd, el fundador de un culto religioso (recuerda a L. Ron Hubbard y la Cienciología) a comienzos de la década de 1950.

Hoffman posee probablemente el personaje más agradecido de entre los actores de reparto nominados: es el guía que ofrece respuestas y salvación a un excombatiente de la Segunda Guerra Mundial (Phoenix) que no encuentra paz ni estabilidad tras su regreso del campo de batalla.

TOMMY LEE JONES, un rostro que muestra un océano de sentimientos.   Es también la cuarta nominación para Jones, en este caso por su papel del congresista republicano Thaddeus Stevens en “Lincoln”, que juega un papel crucial en la aprobación de la enmienda para abolir la esclavitud durante los últimos días de vida del presidente estadounidense.

La presencia de Jones en la cinta siempre resulta poderosa y logra inyectar al papel una seriedad y un sentido del humor únicos mientras desecha las opiniones de los congresistas en contra de abolir la esclavitud. Su obsesión por alcanzar esa meta recuerda a la tozudez y perseverancia con la que Jones perseguía a Harrison Ford en “The Fugitive” (1993), cinta por la que ganó el Óscar.

El resto de sus candidaturas fueron por “JFK” (1991) e “In The Valley of Elah” (2006). Por su rol en “Lincoln” ha ganado el premio del Sindicato de Actores de EE.UU.

ROBERT DE NIRO, el regreso a la elite del Óscar 21 años después.   Uno de los mejores actores de la historia, de capa caída en los últimos años, regresa a la elite del Óscar dos décadas después y lo hace dando vida en “Silver Linings Playbook” a Pat, un tipo repleto de manías relacionadas con los partidos de fútbol americano de su equipo de toda la vida, los Philadelphia Eagles, que trata de mejorar la relación con su hijo, que sufre un trastorno bipolar.

Es la séptima candidatura para De Niro, ganador de la estatuilla dorada en dos ocasiones: “The Godfather Part II” (1974) y “Raging Bull” (1980). El resto de sus nominaciones llegaron por “Taxi Driver” (1976), “The Deer Hunter” (1978), “Awakenings” (1990) y “Cape Fear” (1991).

El actor muestra su lado más humano y sensible en “Silver Linings Playbook” al igual que lo hizo en títulos recientes pero poco vistos como “Everybody’s Fine” o “Being Flynn”, si bien esta vez el empuje de The Weinstein Company ha hecho que su actuación no pase inadvertida para los académicos.

CHRISTOPH WALTZ, o cómo explotar al máximo el efecto Tarantino.   A priori puede parecer uno de los favoritos para hacerse con el Óscar debido a su doble triunfo en los Globos de Oro y en los Bafta, sin contar que es el único actor de todo el reparto de “Django Unchained” en conseguir el reconocimiento de la Academia. Sin embargo, su reciente estatuilla dorada gracias “Inglorious Basterds” (2009), también de Quentin Tarantino, podría restarle opciones.

Waltz, que insufla a su personaje el sentido del humor marca de Tarantino, encarna en la película a un cazarrecompensas encargado de liberar al esclavo Django (Jamie Foxx) y de ayudarle a reencontrarse con su esposa, cuya libertad depende de la voluntad del tirano encarnado por Leonardo Di Caprio.

Es su segunda nominación y podría beneficiarse del hecho de que su personaje, que encierra las mejores frases de la cinta, lleva el peso de la película durante tres cuartas partes de la misma.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO

AMY ADAMS, una cara habitual en esta categoría.   Es su cuarta nominación en apenas siete años como mejor actriz de reparto, donde ha conseguido nominaciones por “Junebug” (2005), “Doubt” (2008) y “The Fighter” (2010). Ahora prueba fortuna de nuevo gracias a “The Master”, donde encarna a Peggy Dodd, la fiel esposa del líder espiritual al que da vida Hoffman y cuyos actos la revelan como la encargada de mover los hilos en la trama.

La actriz olvida la dulzura que caracterizaron interpretaciones suyas anteriores como “Enchanted”, “Catch Me If You Can” o “The Muppets” para sumergirse por completo en la psique de una férrea y dominante mujer que sugiere sus pensamientos con sutilidad y sin histrionismos.

Adams se encuentra en un gran momento profesional y tiene pendiente el estreno de “Man of Steel”, una de las películas más esperadas del año.

SALLY FIELD, en busca de su tercer Óscar.    Su relación con el Óscar es perfecta hasta ahora. Dos nominaciones y dos victorias: “Norma Rae” (1979) y “Places In The Heart” (1984). Ahora la actriz busca una tercera estatuilla dorada por “Lincoln”, cinta en la que encarna a Mary Todd Lincoln, la sufridora esposa del presidente estadounidense interpretado por Daniel Day-Lewis.

Su presencia en la categoría era una apuesta segura al haber sido reconocida por la crítica como una de las grandes bazas de la cinta de Steven Spielberg y el perfecto apoyo para el recital interpretativo de Day-Lewis. Además, ella misma ha asegurado que era un papel que “moría” por hacer, y no tuvo inconveniente en esperar una década hasta que la producción finalmente echó a andar.

Field, tras seis años alejada del cine, volvió a la gran pantalla el año pasado con “The Amazing Spider-Man”, de la que rueda ahora mismo su segunda parte como tía del protagonista, Peter Parker (Andrew Garfield).

ANNE HATHAWAY, la apuesta segura.    Si hay una apuesta segura en la 85 edición de los Óscar, es la de Anne Hathaway como mejor actriz de reparto por “Les Misérables”. Se trata de su segunda nominación tras la obtenida gracias a “Rachel Getting Married” (2008), y todo parece indicar que tras su triunfo en los Globos de Oro, los Bafta y el premio del Sindicato de Actores de EE.UU. (SAG), entre otros muchos, no se le escapará el galardón.

La película de Tom Hooper encierra un momento que pone la piel de gallina al espectador: la interpretación a viva voz y en plano fijo de “I Dreamed a Dream” a cargo de Fantine (Hathaway), que resulta desgarradora y vale un Óscar por sí misma.

Su papel es breve comparado con el de las demás aspirantes, pero Hathaway lo borda desde el corazón en este musical basado en la célebre obra de Víctor Hugo, todo un himno a los desposeídos que encaja firmemente en los tiempos actuales.

HELEN HUNT, el triunfo del cine independiente más arriesgado.    Es la segunda candidatura al Óscar para Hunt, que se alzó con la estatuilla dorada por “As Good As It Gets” (1997). Se trata de una actriz de pedigrí, como demuestran sus cuatro Emmy por la serie “Mad About You”, y esta nueva nominación pone a la intérprete en la primera línea de Hollywood aunque con una propuesta independiente y poco vista por el público: “The Sessions”.

El filme trata el drama de un adulto de 36 años que vive necesitado de un respirador artificial y desea perder la virginidad, algo con lo que le ayudará una mujer vulnerable que participa en terapias de sexo, un papel que permite a Hunt desnudarse física y emocionalmente en la pantalla.

Su candidatura arregla en parte el olvido de la Academia con su compañero de reparto John Hawkes, un fijo en todas las quinielas previas. En marzo, Hunt estrenará “Decoding Annie Parker”, una cinta sobre los esfuerzos de una mujer por encontrar una cura contra el cáncer.

JACKI WEAVER, la dificultad de plasmar la normalidad.     Segunda nominación para la actriz australiana tras aspirar al Óscar por “Animal Kingdom” (2010). En “Silver Linings Playbook” es la matriarca de una familia completamente disfuncional, y la única que está en completo control de sus actos, algo que supuso la actriz supuso un reto porque debía plasmar la normalidad, naturalidad y preocupaciones de una persona cualquiera.

En aquella cinta por la que fue candidata encarnaba a una madre muy diferente, en apariencia dulce e inocente, capaz de ignorar a propósito las actividades delictivas de sus hijos. En “Silver Linings Playbook”, sin embargo, muestra el silencioso sufrimiento de una madre incapaz de calmar la hiperactividad de su hijo y a la que solo le queda la opción de darle el cariño que necesita.

Posiblemente sea la nominación más sorprendente de la presente edición en las categorías interpretativas, aunque el director del filme, David O. Russell, ha destacado de ella que su personaje es “el corazón y el alma” de la cinta. Parece una interpretación hecha sin esfuerzo. No hay un solo gesto forzado. Es su principal mérito.