¿Quieren un mejor sistema de salud?

La clave está en modificaciones estratégicas a los modelos de atención y gestión social que requiere la CCSS

El título de este editorial emula el de un artículo reciente publicado por el Sr. Niels Ketehöln, profesor del INCAE. Entre otras cosas dice que “Los principales problemas de los sistemas de salud de la región no están relacionados con la ciencia médica, sino con las prácticas gerenciales de los hospitales y de las instituciones de la salud”.  Luego nos da una serie de ejemplos válidos de mala gestión que influyen, entre otros, en la problemática de distribución de camas hospitalarias y de abastecimiento de insumos críticos, entre ellos los medicamentos (La Nación, 01/02/2013).

Tiene razón el Profesor Ketehöln, pero sólo parcialmente. Es cierto que ciertas técnicas de gerencia convencional, muy ligadas al enfoque de negocios, son esenciales para resolver los problemas de la CCSS. Pero hay cosas propias de la gestión de organizaciones sociales, que difieren en forma sustancial con respecto a las organizaciones de mercado. Lamentablemente, hay poco aporte en definir las características de la gerencia cuando los fines son sociales y los procesos se dan en contextos de una variada participación social e inter-institucional, que modifican las relaciones más simples de rentabilidad y eficiencia.

Reitero: tiene razón el profesor Ketehöln en los ejemplos que proporciona, especialmente si vemos al hospital aislado de su contexto. Pero las organizaciones públicas (OP), un tipo particular de organización social, en virtud de la naturaleza de sus objetivos, funcionan estrictamente como redes de prestación de servicios. Aunque no podemos aquí ahondar en detalles, sí es importante caracterizar esta particularidad de la organización pública. Primero, la OP tiene como objetivo principal la cobertura universal y coberturas específicas por razones de riesgo. De ahí se deriva su principal indicador, determinante de su excelencia social: la equidad. Y esto marca una diferencia sustantiva con la organización de mercado, donde la eficiencia constituye, por razones lógicas, el principal indicador de excelencia.

Segundo, la cobertura universal o específica por factores de riesgo, es el producto de los hospitales, pero en conjunto con los aportes de centenares de establecimientos y programas adicionales. Al aporte de un hospital debe sumarse a los de otros hospitales de distinto nivel, ubicados en distintas partes del país y también de centenares de unidades de atención, cerrada o ambulatoria, dispersas por toda la geografía nacional. Un requisito tecnológico de esta circunstancia, es que los procesos, los recursos y los resultados (producción) en cada componente de la red, deben poder agregarse, para valorar sus aportes individuales pero, más importante, los logros que en conjunto permitan conocer si el país está cumpliendo con sus metas de cobertura, universales y específicas.

Esta circunstancia tiene una serie de consecuencias pero, por razones de brevedad, planteamos una de particular trascendencia: el principal problema de la administración hospitalaria en nuestro país y en muchos otros, es el equilibrio del modelo de prestación de servicios con especial referencia a dos componentes críticos: el clínico o de atención de la enfermedad que tiene como eje principal el hospital; y el social de preservación de la salud que funciona más en torno a estilos de vida saludables y prevención de la enfermedad, a través de pequeñas organizaciones y programas locales con una fuerte articulación comunitaria.

Por supuesto, es cierto que tecnologías como las que sugiere el Profesor Ketehöhn, tienen un impacto importante en la gestión de los hospitales y de otras organizaciones sanitarias. Pero el desequilibrio general -por cierto el que se ha producido en Costa Rica- ocurre porque el modelo es predominantemente clínico, más costoso y con beneficios sociales inferiores; en contraposición a un modelo más equilibrado, sustentado en la conservación de la salud, cuyos costos son infinitamente más bajos y sus beneficios mucho más altos. Sin ese equilibrio fundamental, de poco servirían las mejoras de los subsistemas específicos, porque la problemática hospitalaria requiere la racionalización y la contención de la desordenada, a menudo injustificada, demanda de servicios.

Hacemos estos comentarios sin la menor intención de desvirtuar los aportes del  Profesor Ketehöhn, que son válidos y relevantes. Sí queremos llamar la atención sobre las particularidades de lo que podríamos llamar “gestión social” y de elementos que actúan como causa fundamental de los desequilibrios que aquejan a la CCSS. No nos referimos en esta ocasión al modelo de gestión pública, cubierto en varios artículos y editoriales de La Fragua (ver AQUÍ).