Periodismo, Corporativismo y Libertad de Prensa

Que La Nación (LN) haya guardado un relativo silencio en relación con la denuncia por supuesta defraudación fiscal por más de 1900 millones de colones, hecha por la Dirección General de Tributación contra ese medio, genera dudas sobre la independencia de cuerpo periodístico con respecto a sus propietarios. Las dudas se incrementan, si lo comparamos con el amplio despliegue de la presunción de manejo inapropiado de donaciones taiwanesas que habrían sido desviadas a la Fundación Arias para la Paz. Las publicaciones en este caso cubrieron visibles titulares de la portada y varias páginas interiores. Los desmentidos, bastante contundentes, fueron a dar a un pequeño espacio en una página interior y a la página 15, visitada por una minoría de lectores. Es posible que esas presunciones hayan sido uno de los factores importantes que decidió el retiro de un precandidato del PLN y la elección virtual del otro que se mantenía en campaña. Por otra parte, se reconoce la acuciosidad de La Nación en la denuncia de actos de corrupción o simple exposición de situaciones de ineficiencia pública cuyos elevados costos todos  pagamos.

El origen de la supuesta defraudación fiscal por parte del consorcio LN es, cuando menos, curioso. LN decide vender unas rotativas que le son esenciales para su propio funcionamiento,  a una firma extranjera, pero éstas no salen del país. En segunda instancia, la misma firma las vende a una tercera persona jurídica, por un monto muy superior. Y esta tercera termina arrendándoselas a sus dueños originales, LN por $80 mil.

El tema adquiere mayor relevancia cuando se discute, con amplia exposición mediática, la llamada Ley mordaza, que no es otra cosa la libertad de prensa, uno de los principios fundamentales de la vida en democracia. La contrapartida de la libertad de prensa es el derecho ciudadano a la información, a través del cual adquiere el conocimiento sobre acontecimientos políticos, económicos, culturales, sociales o de cualquier otra naturaleza, propios de la vida en sociedad. Se trata de una delicada relación entre periodismo y sociedad, cuya fundación principal es un indeclinable compromiso periodístico con la verdad y la objetividad. La libertad de prensa no debe ni puede proteger a los propietarios cuando estos utilizan los medios para avanzar sus propios intereses particulares, en clara violación de la independencia profesional periodística. No es el momento para discutir la Ley Mordaza, pero sí es evidente que la legislación que sustenta la libertad de prensa debe promover el periodismo profesional independiente y rechazar el juego corporativo de los propietarios de los medios a favor de intereses particulares.