El discurso de Obama: ¿Anuncio de una nueva era? ¿Cuál es su viabilidad política?

El discurso inaugural del segundo período de gobierno de Obama ha llevado optimismo al progresismo mundial y la sensación de que una nueva era, más acorde con las realidades del momento, asoma en los Estados Unidos de Norteamérica. La expectativa puede explicarse si se recuerda que Ronald Reagan, abanderado de la derecha, planteó la idea de un desarrollo impulsado principalmente por la idea de la libertad. De que era el individuo la fuerza que podría llevar a esa nación hacia el logro del sueño americano, de la búsqueda de la felicidad.

Obama hace una lectura distinta de los principios fundacionales de la república. Nos dice que la nación se integra bajo del principio de que todos los hombres han sido creados iguales, con derechos inalienables de vida, libertad y la búsqueda de la felicidad, los cuales en entiende son evidentes por sí mismos. Pero agrega que no es evidente que esos derechos se traduzcan en realidad por sí mimos. Deben ser asegurados por todos (together) con la garantía de un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Y agrega dos conceptos de gran actualidad: uno, que cuando la realidad cambia, también debemos cambiar nosotros; y, dos, que “juntos” hemos descubierto que el mercado sólo funciona cuando las reglas de juego aseguran la competencia y la transparencia (fair play). En suma, Obama nos recuerda que en sociedad hay un vasto campo de actividad esencial para el desarrollo y el bienestar, donde el individuo cuenta, pero no es viable sin un esfuerzo colectivo.

Cuánto de esto implica un cambio en el pensamiento de Obama es cuestión que dejamos a los analistas profesionales. El expresidente Clinton nos recordaba con frecuencia, que la política es el arte de lo posible. Algo pasó durante los anteriores cuatro años, que generó la ficción de un movimiento a la derecha extrema por parte sociedad norteamericana, en el cual el partido Republicano fue secuestrado por el llamado Tea Party. Las elecciones que llevaron a Obama a un segundo período fueron muy claras. Los temas progresistas más sensibles, como los derechos de la población gay y de los inmigrantes, tenían un amplio respaldo de los norteamericanos. Incluso algunos estados ya han avanzado en la dirección que anuncia el presidente Obama. Es decir, la realidad ha cambiado y también ha cambiado el pensamiento norteamericano.

¿Cuáles son algunos de los temas sensitivos y cuáles las posibilidades de éxito de Obama? Uno de ellos es la igualdad de derechos de la población homosexual. Y ya en este campo se anuncian propuestas apoyadas tanto por demócratas como por republicanos. Igual ocurre con una legislación que proteja a los inmigrantes y les ofrezca oportunidades para legalizar su situación migratoria.

Otros temas guardan relación con la institucionalidad y la función de gobierno. Obama ha dicho que “juntos” deben procurar el bienestar de sectores que por circunstancias fuera de su control, han quedado en vulnerabilidad social. Ya existe un nuevo sistema de salud que busca la cobertura de unos 30 millones de norteamericanos, desafiliados principalmente por razones económicas. Por otra parte, Obama resiste recortes presupuestales que debiliten el sistema de educación pública, lo que haría más difícil el acceso al empleo de muchos jóvenes provenientes de minorías.

Más visible es la lucha contra el precipicio fiscal. Los republicanos parecen haber cedido en sus posiciones, con dos acuerdos, uno para diferir la discusión por dos meses y otro que la lleva a mayo del presente año. El acuerdo consiste en levantar el techo de endeudamiento, de tal manera que el gobierno pueda cumplir con sus obligaciones de deuda, lo cual sería un hecho inédito y ampliamente perjudicial para la economía mundial. Asociado a ello, está pendiente la aprobación del presupuesto nacional, por  difíciles negociaciones sobre recortes que seguro Obama hará, pero que difieren en forma sustancial con las pretensiones de los republicanos. Subyace en estos acuerdos y negociaciones el factor ideológico del keynesianismo (fomento a la economía), y el fiscalismo que defiende la derecha (reducción del déficit, lo que puede implicar una reducción de la capacidad social de consumo y por tanto restarle recursos a una economía en crisis).

La viabilidad del cambio que promueve Obama no está asegurada. Es visible en las posturas de poderos grupos de oposición, que además cuentan con amplios recursos para una campaña mediática que puede ser eficaz. Como un factor positivo se encuentra el síndrome del Partido Idiota, según expresión de algún prominente republicano. Es decir, el partido que abriga temas que no tienen el respaldo de las mayorías y que, por tanto, tampoco puede atraer fuerza electoral no republicana. Esto es pertinente porque los republicanos son minoría electoral y no pueden llegar al poder sin apoyo, especialmente independiente. Por ahora, temas recientes de negociación con el congreso (techo de deuda, déficit fiscal, proyecto sobre migración, control de armas, etc.) parecen favorecer a Obama.

Obama parte de una posición fuerte, derivada de su triunfo electoral y del respaldo mayoritario a los temas más sensitivos. Sin embargo, la historia demuestra que el respaldo de la ciudadanía norteamericana se puede diluir con suma facilidad, por comportamientos en cualquier sector de la política que la población considere negativo para el interés nacional. Factores externos pueden ser importantes en producir ese efecto, por ejemplo, la incertidumbre del problema con Irán. En todo caso, el progresismo mundial se encuentra del lado de Obama y espera que su visión se traduzca en realidades en los próximos cuatro años.