¿Un nuevo entorno político?

Los analistas y políticos se han precipitado en anunciar un cambio radical en el entorno nacional o incluso un punto de inflexión en las estructuras de poder que han dominado el panorama político en décadas recientes. Pongamos la situación en contexto: el país pasó de una situación de pobreza generalizada en el ocaso de la primera mitad del siglo pasado, a una de crecientes oportunidades, bienestar ingresos que hoy vivimos. Fue un cambio rotundo del estado social de bienestar, liderado por el PLN, por más que otras fuerzas participaron en la revolución, cuyas raíces se echaron a andar en décadas precedentes. Sólo a título de ejemplo, la seguridad social impulsada por la Administración Calderón Guardia, solo logró algo cercano a una cobertura universal de servicios de salud varias décadas después, cuando se integraron la CCSS y el Ministerio de Salud. Algo similar ocurrió con la educación y el agua potable. Una distinción importante es que el trabajo agrícola, que involucraba a la casi totalidad de los costarricenses, conforma hoy un pequeña minoría de la fuerza laboral, dominada abrumadoramente por el trabajador del sector servicios.

El fenómeno actual más visible es el entorno global, caracterizado por las “aperturas”, por una endiablada velocidad de cambio y competitividad agresiva. Las dos administraciones Arias Sánchez han tenido que encarar, con gran visión, la adecuación de nuestro modelo a las nuevas realidades. Lo cual ha producido, como es natural, posiciones diversas entre los costarricenses, al tener que revisar los instrumentos con los cuales nuestro desarrollo da respuesta a nuevos retos.

Las falacias también han hecho su aparición, muy evidentes en la retórica política. Por una parte, están los que se autodenominan los defensores del patrimonio nacional, frente a las amenazas del capital foráneo. Ellos conforman el neo-estatismo de nuevo cuño, que defiende a ultranza los monopolios estatales. En la acera de enfrente se ubican los “aperturistas”, que entienden que el sector enfermo de nuestro Estado es precisamente el aparato público, que nos cuestas miles de millones de dólares por año, arrastra profundas ineficiencias y constituye en muchos sentidos nuestro principal obstáculo hacia un desarrollo en equidad y solidaridad. Los primeros los califican de “neo-liberales”.

La retórica, como ocurre siempre en el campo político, busca ubicar a la opinión pública de un lado o de otro, independientemente de los méritos para ello. Hoy parece haber un consenso sobre la disfuncionalidad de las instituciones públicas. La evidencia objetiva se encuentra en el reconocimiento de las distintas fuerzas políticas a la urgencia de una “reforma institucional” y en el hecho de que hoy contamos con unas 4 o 5 propuestas de cambio. Es posible que ambas posiciones tengan debilidades conceptuales y prácticas. Por una parte los neo-estatistas rehúsan reconocer que las aperturas han mejorado nuestra institucionalidad y, más importante, han favorecido a las mayorías, principal meta del Estado Social de Derecho. Por otra, el país sigue con un modelo de mercado con notables regulaciones por parte del Estado, a lo que se agrega una economía nacional en la cual el aparato estatal conforma no menos de un 44% del PIB. Tales condiciones niegan la presencia de un Estado neo-liberal.

La retórica que ya aparece en el “nuevo” entorno, proponen una idea simplista: la desaparición del Arismo en las estructuras políticas. Nos parece un grave error. El Arismo representa el lado positivo del carácter costarricense: tuvo la visión para ver más allá del cortoplacismo político; enfrentó las decisiones que esa visión determinó, no las que parecían tener más respaldo popular, logrando la paz centroamericana contra poderosos intereses nacionales e internacionales y adoptando el TLC contra una fuerte corriente ideológica que hoy se encuentra debilitada; le dio a nuestro pequeño país una presencia digna en el contexto internacional; demostró su compromiso socialdemócrata, expresado con hechos prácticos, como el programa avancemos, las pensiones no contributivas, el fortalecimiento de la educación, principal escalón para salir de la pobreza, y el escudo protector de los sectores vulnerables a los riesgos de la crisis económica en la que seguimos insertos. Si queremos encontrar un indicador objetivo de lo que aquí afirmamos, basta consultar una fuente independiente: CEPAL destaca, como balance general, el carácter social de la última administración Arias Sánchez, el gasto social que prácticamente se dobló entre el 2006 y el 2010.

Se equivocan quienes relacionan el Arismo con circunstancias transitorias de nuestra vida política. Los ajustes realizados conforman una nueva forma de respuesta, bajo los mismos principios de favorecer al mayor número de costarricenses, que seguirá caracterizando el país que somos y seremos por décadas futuras. Ello sin perjuicio de cambios adicionales, de orden endógeno y exógeno, que una sociedad dinámica requiere asumir.