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Se opaca la estrella de Cristina Kirchner“, destaca un titular del Tiempo de Bogotá (30/11/12). Los problemas estructurales que encara el país son los mismos que cuando explotó la crisis en el 2001. Desde entonces, el PIB ha crecido un 694%, pero los índices de pobreza y marginación son alarmantes, apenas disimulados por la manipulación de las cifras oficiales (Instituto de Estadísticas), entre ellas la inflación y el gasto público, que se disparan en 334% y 1220%, respectivamente. Los saqueos en 6 ciudades argentinas han dejado cuatro muertos, un centenar de heridos y 500 personas detenidas. Pero Cristina no dialoga, evade a los grupos opositores y se apoya en el mensaje público, disque para evadir a los grupos de interés especial. La mayor fortaleza politica de Cristina es la ausencia de una alternativa opositora, mientras las encuestas reflejan que 8 de cada 10 argentinos desaprueban su gestión (ver AQUI).

El precipicio fiscal es la expresión de los serios efectos económicos derivados del fuerte déficit fiscal de los EE UU, de no tomarse medidas correctivas al cerrar el año 2012. El trasfondo es fuertemente ideológico, de parte de los republicanos, secuestrados por el extremismo del “Tea Party”, opuestos a que los ricos paguen más impuestos y a favor de recortes del gasto público que impactaría negativamente sobre los programas sociales. El Senado ha aprobado un principio de acuerdo, mientras se espera para el 1 de enero 2013 el voto favorable de la cámara baja. Un principio de acuerdo no garantiza de triunfo de ninguna de las partes, pero al menos el acuerdo les permitirá seguir negociando otro más estable en los próximos dos meses. Entre los temas más espinosos: que los recortes no afecten el plan de salud de Obama y otros programas sociales; la suspensión de los recortes de impuestos a los más ricos, aprobados durante la anterior gestión Bush; y que la clase media no pague más impuestos, como una forma de mantener el estímulo al consumo. Al margen de estos y otros temas concretos, la crisis fiscal afectará en muchas formas tanto el sistema impositivo como el gasto público. Lo que ocurra en EE UU y en general con los principales socios comerciales de Costa Rica tendrá un efecto importante en nuestra propia economía. El mayor riesgo del precipicio fiscal es que la economía norteamericana entre en recesión (ver AQUI)

Conflicto entre ideología y práctica socialdemócrata. Viene ocurriendo en la política del ex-guerrillero y ahora Alcalde Gustavo Petro de Bogotá, calificado en lo conceptual de atrevido y progresista, y en sus actuaciones, de incompetente e incapaz de encontrar los medios tecnocráticos apropiados a los retos que enfrenta. Buenas ideas vienen siendo sacrificadas por una notable incapacidad de gestión pública del propio Petro y también de su capacidad para rodearse de colaboradores que, más allá de su orientación ideológica, puedan administrar con eficacia/eficiencia proyectos como la disposición de basura y la administración de agua potable, cedidos al sector privado. Las ideas de Petro, que lo proyectaban incluso por una posibilidad electoral nacional, han sido arrastradas por una crisis que llenó a Bogotá de basura, producto de impericia y falta de preparación, que ha irritado a los bogotanos, ya involucrados en un referendo para revocar su nombramiento. Buenas ideas han quedado enterradas bajo la basura de la ineficiencia. Destacamos esta noticia porque en Costa Rica también notamos importantes incoherencias entre un discurso de equidad y solidaridad y un Estado abrumado por la ineficiencia, hoy principal obstáculo al desarrollo que aspiramos. La relación entre equidad y eficiencia debe ser cada día más fuerte si queremos consistencia progresista.

La salud de Chávez constituye el principal misterio del entorno político latinoamericano. La cuestión es saber cuál es su verdadero estado y su capacidad para asumir la presidencia por un nuevo período el 10 de enero. Y la dificultad de encontrar respuestas apropiadas por la ausencia de informes médicos, sustituidos por informes políticos, con frecuencia contradictorios en sus mismas fuentes oficiales. Por otra parte, comienzan a surgir dudas sobre la aplicabilidad de las disposiciones constitucionales que requieren nuevas elecciones si el presidente electo no está en condiciones físicas de asumir el poder. Nada nuevo, por otra parte, para un régimen que ha movido la institucionalidad a su conveniencia. Y que, en el mejor estilo de los regímenes dictatoriales, sustentan el poder con un fuerte respaldo de un ejército al servicio del gobierno y no del Estado, incluso con un fuerte control externo.