Cor-ticos

¿Defensores de la CCSS? Cuestionable. La manifestación fue organizada disque a favor de la Caja y más específicamente contra los ajustes presupuestales que viene haciendo para corregir su difícil situación financiera. Resultó,  sin embargo, más una manifestación política, que juntó bochincheros profesionales, algunos con antecedentes delictivos, políticos y personas que viven de la exposición mediática. Seguro que había personas con auténtico compromiso con la CCSS, que comparte la mayoría de los compatriotas cuyos derechos de circulación fueron violentados. Compartimos con el lector nuestras reflexiones sobre este penoso incidente.  

Legitimidad del objetivo de la manifestación: ¿Qué dicen buscar con la manifestación y cuáles son los hechos reales? La CCSS sigue enfrentando problemas y requiere cambios estructurales en su organización y funcionamiento. Dos factores principales originan su crisis: los modelos de prestación de servicios y de gestión, por una parte, y los privilegios laborales, por otra. Es notable que la Caja, si en un año cualquiera decidiera no aumentar salarios, la planilla seguiría subiendo e implicaría un costo adicional de unos ¢30 mil millones para cubrir esos privilegios. La manifestación no se hizo con el propósito de llamar la atención sobre los problemas fundamentales de la Caja, aunque sin duda los recortes del presupuesto afectan su capacidad para seguir manteniendo los privilegios laborales. Ahí está el verdadero objetivo de la manifestación y, de mantener esa situación, los costarricenses no pueden esperar calidad y oportunidad de los servicios de salud.

Obstaculización del cumplimiento de la Ley: la actuación de los diputados no guarda relación con el interés público, tuvieron un comportamiento que ofende la dignidad del primer poder de la república, por cierto bastante deteriorado en la opinión pública, y riñe con nuestro estado de derecho. El diputado Villalba hace lo de siempre: aparece siempre que haya exposición mediática, porque es la única forma de alcanzar algún “reconocimiento” popular. Manifestaciones, huelgas y movimientos sociales le proporcionan esa oportunidad. Algo similar ocurre con el diputado Claudio Monge, presunto precandidatos presidencial del ala izquierda del PAC. La diputada Carmen Granados corona el ridículo, al hacerse levantar (literalmente) por los manifestantes sobre la tapa del motor de un vehículo patrullero, tomándolo como tribuna para vociferar ofensas a la Fuerza Pública y críticas al gobierno. La diputada Granados ha sido eficaz en agregar un golpe más a la Asamblea Legislativa, que la población considera una de las peores instituciones de nuestro sistema democrático.

Dónde queda la ética: para nadie es secreto que uno de los problemas de mayor credibilidad pública de nuestra institucionalidad es el chorizo. Sobra evidencia para pensar que en el comportamiento de los diputados hay corrupción política, originada en su presencia en una manifestación, en la cual se confronta a la autoridad legítima (fuerza pública), que tuvo que emplear mecanismos contundentes después de pedir que algunos manifestantes, posiblemente lo más radicales, permitieran que otros costarricenses ejercieran el derecho de tránsito por la avenida segunda. Precisamente costarricenses asegurados, que esperan reformas que mejoren la calidad del servicio que reciben. El espectáculo que ofreció la diputada Carmen Granados se ubica en ese contexto, pero agrega una agresión a la dignidad del primer poder de la república; y el diputado Monge incurrió en agresión física con una mujer policía que cumplía con sus responsabilidades. Y todos los diputados participantes, participaron en hechos lamentables, en apoyo al pueblo, es decir, los manifestantes, pero no los miles de costarricenses que transitan en la hora pico por la avenida segunda.

¿Miente la diputada Granados? Explica doña Carmen que sintió la presión de la policía a su espalda y buscó protección subiéndose a la patrulla. Un video de amplia difusión sugiere que la diputada miente. Muestra un diálogo amistoso y gestos, según los cuales la decisión de subirse al vehículo puede haber sido un acto provocativo decidido o acordado con la diputada. Las imágenes son muy claras y ha hecho que la propia diputada entre en contradicciones.

Una manifestación civil y civilizada: hay un sector que busca escándalos extremos para dañar la institucionalidad. Está conformado por personas que creen que hay que destruir al sistema, ese de respeto a la institucionalidad, el diálogo y la armonía que los costarricenses favorecemos. Para ese sector, provocar la violencia es un medio legítimo y consistente con sus intereses. En democracia hay vías para las manifestaciones legítimas y civilizadas. Consiste en un proceso simple, que parte de una autorización formal del órgano competente; de optar por medios que no incluyan violar el derecho de circulación de los ciudadanos, especialmente compartiendo una vía amplia con la avenida segunda; e incluso, solicitando la protección de la fuerza pública para que sea exitosa y pacífica. De nuevo, hay una explicación lógica para que ciertos grupos no prefieran hacerlo en orden y respeto a la institucionalidad y sin violentar el derecho de otros costarricenses. Pero difícil de entender que los representantes legislativos no la promuevan y defiendan.

¿Quién podrá salvarnos de los salvadores? De nuevo, la corrupción política es en el imaginario público, fuente de negativismo y desconfianza en la capacidad de la institucionalidad pública para encarar los retos del desarrollo. Intereses mezquinos intentan dirigir esa crítica para que se refleje negativamente sobre el poder ejecutivo y el partido en gobierno. Tres partidos, que buscan alianzas con otros, tuvieron en los diputados antes mencionados, presencia en los disturbios del 8 de octubre ¿Tomarán alguna medida para determinar la posible violación de sus códigos éticos? ¿Permitirán que comportamientos deplorables de sus diputados minen aún más la confianza de los costarricenses en una Asamblea Legislativa?