Leo Chacón y los problemas que encara el país

Un editorial de La Fragua pregunta: ¿Será posible ver con optimismo el futuro del país? Si la pregunta fuera dirigida a Leo Chacón, tendríamos una respuesta positiva.

Leo Chacón experimentó una caída en el triatlón olímpico, Londres 2012, sufrió serias heridas, pero se paró, se montó en su deteriorada bicicleta y completó la competencia, aunque tuvo que salir en silla de ruedas. Un acto de valentía y coraje que recibió el reconocimiento mundial. No sé si Leo es un buen atleta porque es un ser humano especial, o lo inverso. Pero escuchándolo en un programa radial, me hace pensar que tiene la actitud y el carácter que nuestro país necesita para salir adelante en la coyuntura actual.

Dice que la vida lo ha compensado y se siente agradecido con los costarricenses que lo han apoyado. Bueno, yo lo diría al revés: gracias Leo por darnos una muestra del carácter que nos falta para, como país, enfrentar decisiones importantes que afectan el bienestar de miles de costarricenses. Dice, además, haber tenido grandes satisfacciones y también algunos momentos difíciles, pero añade de inmediato que esos momentos ofrecen oportunidades para mostrar de qué estamos hechos. Los problemas los enfrenta como retos que le ofrece la vida para seguir creciendo.

Como Leo, Costa Rica es un país de carácter que, al menos en el pasado, ha dado muestras de capacidad para tomar grandes decisiones. Nuestro Estado se conformó en un período inusualmente rápido gracias a la visión de varios de nuestros antepasados, con una actuación notable de Braulio Carrillo. Enfrentamos una amenaza externa bajo el liderazgo de Juanito Mora, quien además llevó al país por el sendero de una apertura importante y del crecimiento económico. Luego otro gobernante, Tomás Guardia encaró la construcción del ferrocarril, nos dio las bases del sistema educativo y las fundaciones de la democracia que se fue construyendo a partir de entonces. En la década de 1940 pusimos los cimientos de la sociedad que hoy somos y tomamos la histórica decisión de prescribir el ejército. Finalmente, con Centro América desangrándose en una guerra fratricida, nació en Costa Rica la iniciativa de paz, que se concretó con la oposición de las dos grandes potencias mundiales: EE UU y la Unión Soviética. Al país se le distinguió, en la figura de su presidente, con el Premio Nobel.

Hoy nuestro país se mueve entre el reconocimiento mundial por sus niveles de desarrollo humano, logrados con limitaciones de recursos; y un sentimiento de que se nos ha ido esa capacidad que tuvieron nuestros antepasados para tomar grandes decisiones históricas. Quizás es un sentimiento que embarga a muchos costarricenses, cautivos en sus propios lamentos y en las críticas exacerbadas al culpable, que siempre es otro. No a Leo. Si el carácter de Leo fuera el carácter de nuestra sociedad, los problemas podrían ser enfrentados con determinación y confianza en nuestra capacidad para resolverlos. Escucharlo esta mañana en un programa radial, es motivo de inspiración, energía y determinación para encarar cualquier reto. Es lo que necesitamos para alcanzar más logros y crear una sociedad que, dentro de las limitaciones de recursos, elimine el problema de exclusión que afecta a una quinta parte de nuestra población.

Quizás sigamos el ejemplo de Leo. Parece que la sensación de crisis llegó a su límite y, tal vez, que el país se prepara para asumir de nuevo la visión y el carácter de sus antepasados, que personifica Leo. Dos iniciativas parecen facilitar la difícil tarea que tiene el país. Por una parte, el expresidente José María Figueres ha planteado los elementos sobresalientes de su proyecto Vía Costarricense. Por otra parte, otro grupo de ciudadanos presentó el estudio, en el que se han invertido unos dos años, Agenda Nacional, que hace lo propio, aunque agrega componentes para asegurar un proceso de difusión nacional y participación civil y política. Dos precandidatos del PLN han hecho un esfuerzo similar, coordinando estudios que lleven al país a un nivel de desarrollo superior que todos sabemos posible. Por supuesto, nos falta actuar y llegar más allá de los diagnósticos. Eso será posible si dejamos atrás la queja improductiva y la búsqueda de culpables, para focalizarnos con optimismo en poner nuestro mejor esfuerzo en la transformación por la que hoy clama el país. Después de todo Leo es un tico más ¿Por qué no podemos ser como él?