Costa Rica: ¿será posible ver con optimismo el futuro del país?

Nuestro país se destaca, en el concierto de las naciones del mundo, porque hemos alcanzado niveles de desarrollo humano que muchos, con más recursos que nosotros, no han logrado. En contraste, en el imaginario colectivo tico parece prevalecer la idea de que el país se nos cae a pedazos ¿Es real esta imagen? ¿Podríamos plantear otra, de la cual todos nos sintamos orgullosos? Hacerlo puede ser importante, no por una actitud de conformismo, sino porque necesitamos partir de una actitud positiva y confiar en que tenemos la capacidad como país para enfrentar retos, no importa cuán complejos y difíciles sean.

Igual que hemos hecho antes, recordemos que nuestro país cambió a partir de la década de 1950, cuando éramos una sociedad agraria, de poco más de medio millón de habitantes, todos pobres, sin educación, sin salud y sin oportunidades más que las que ofrecían las escasas actividades agrícolas relacionadas con el café. Hoy somos una sociedad con una amplia clase media, predominantemente de servicios, con una fuerte tendencia a la profesionalización del empleo bien pagado. Ningún país en la región ha tenido esta evolución.

Mientras la región en que estamos insertos, tiene niveles de pobreza que superan más del 50% de su población, Costa Rica se ha mantenido en niveles cercanos al 20%. Cierto, no hemos podido superar ese indicador pero, bajo las condiciones de crisis que se arrastran desde el 2008, no deja de ser positivo. El empleo también se ha mantenido a niveles razonables por esas condiciones de crisis. Como énfasis de nuestra situación de privilegio, tomemos solo un ejemplo: en un país vecino la economía la dominan tres fuentes de producción: el café, la carne vacuna y la minería. El primero solo proporciona trabajo estacionario mal remunerado; el segundo tiene poca intensidad de mano de obra; y el tercero, igual que el primero, genera labores al mínimo de la escala de salarios.

Además, en nuestro caso, las condiciones de pobreza tienen sus redes protectoras. Por ejemplo, andamos cerca de una cobertura universal en educación, salud, electricidad, agua potable y otros servicios de alta prioridad. Entre ellos merece destacar el problema No. 1, según los electores que acudieron a las urnas en el 2010, de la inseguridad. Costa Rica es hoy uno de los países más seguros del continente y los indicadores correspondientes siguen bajando.

En nuestro país, las fuentes de empleo e ingresos provienen de industrias o incluso agroindustrias de alta tecnología. La inversión extranjera sigue a muy buen nivel y ya superó los $1000 millones para el primer semestre. Las expectativas de crecimiento, con más empleo, son favorables en empresas como IBM Infosys, EPC Ingeniería, entre otras. Y hay expectativas para nuevas empresas que seguirán alimentando el crecimiento económico nacional.

Nuestras políticas han sido especialmente diseñadas para proteger a los sectores sociales. Hoy hay unos 280 mil estudiantes favorecidos por el programa avancemos, que reciben subsidios para mantenerse estudiando y tener oportunidades que sus padres no tuvieron. Esos subsidios también han fortalecido la economía familiar con ingresos que de otra manera no tendrían. Es notable observar que en el 2006 el gasto social per cápita era de unos $700 y para el 2010 llegó a $1200.

La economía costarricense se encuentra saludable. Posiblemente llegue a un crecimiento del 5%, uno de los más altos del continente. La crisis sigue impactando en la economía mundial, lo que implica que el país tendrá que ser más agresivo en infraestructura. Y lo está haciendo. En los próximos años despegarán inversiones que se contabilizarán en los billones de dólares, mucho de ella en la región Caribe, más afectada por la pobreza que el resto del país. Por otra parte, nuestra fortaleza, el comercio exterior, sigue creciendo y diversificándose.

En editorial anterior anotábamos que el sector turismo da señales de salir de la crisis. El 86% de los empresarios manifiestan su satisfacción y las expectativas son de crecimiento importantes, que el Banco Mundial destaca entre las más altas del continente.

Hay también un crecimiento importante en los ingresos fiscales, impulsados entre otras razones, por una reducción de la evasión. Las noticias destacan que 8 centros educativos pagaron ¢784 millones más en impuestos, mientras que 7 equipos de fútbol agregaron ¢115,5 millones.

Tenemos grandes fortalezas. También problemas importantes que nos privan de un nivele de bienestar superior. Somos un país estudioso de nuestros problemas. El Gobierno ha llamado a una comisión de notables para elaborar un proyecto de reforma institucional. Un aspirante a precandidato presidencial ha juntado a unos 10 expertos para preparar proyectos de reforma que nos ayuden a superar la ingobernabilidad. Otro ha desarrollado un “Proyecto País”, que será presentado en los próximos días. Hoy mismo otra agrupación presentará la “Agenda País”. Tenemos además en el El Estado de La Nación el mejor estudio de nuestra problemática en todo el continente. Con estos aportes, el país no debería tener problema en preparar la ruta del desarrollo para un par de décadas. No creo que muchos países puedan decir lo mismo.

Más importante, parece existir un buen grado de consenso sobre los principales retos que encara el país y en las principales medidas correctivas que habrá que realizar en los próximos años, que abarca a la población civil, la academia, los líderes políticos más destacados y los principales analistas de la situación nacional. De alguna manera falta lograr una voluntad conjunta de actuación y es de esperar que ella se de en los próximos meses. Desde nuestra perspectiva, hay razones para optimismo y para pensar que el país está preparado para asumir nuevas reformas que nos permitan competir en el entorno global y superar los problemas que nos aquejan, de manera particular, la pobreza que sigue afectando a una parte importante de nuestros compatriotas.